Los sueños del mal

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David Pérez Vega escribe sobre Las estrellas de Carlos Maleno

 

 

 

Texto: DAVID PÉREZ VEGA

 

En junio de 2015, no mucho antes de que fuese a aparecer mi novela Los insignes en la editorial Sloper, leí La rosa ilimitada, segundo libro que Carlos Maleno (Almería, 1977) publicaba en esta editorial mallorquina dirigida por el escritor Román PiñaEntonces, en 2015, escribí una reseña sobre La rosa ilimitada en la que comenté que me parecía que Maleno, en la escritura de esta novela, dejaba ver en demasía su admiración por Roberto Bolaño («Una novela corta muy bolañesca sobre la soledad, la violencia, los sueños y la literatura. Una novela poética y misteriosa, de estructura muy trabajada.», escribí hace tres años). Entonces, también me atreví a insinuar que Carlos Maleno ganaría como autor si en vez de homenajear tan claramente a su maestro tratara de buscar una voz propia. Pues bien, en 2018 Maleno ha publicado Las estrellas, una novela que me ha recordado mucho más a La rosa ilimitada que a Roberto Bolaño, una novela mucho más madura y perfecta que la anterior. En marzo de 2018, Román Piña me hizo llegar a casa Las estrellas. Ya he comentado muchas veces que tengo un problema de ambivalencia afectiva hacia los libros que me envían a casa los editores sin que yo se los solicite. En este caso sabía que, más tarde o más temprano, me acercaría a la nueva novela de Carlos Maleno. Ha sido a finales de 2018 cuando he decidido tomar este libro de mis estanterías, que he leído en un intenso fin de semana.

Las estrellas se divide en cuatro partes y un epílogo. Cada una de estas partes está dividida en capítulos relativamente cortos (hay 38 en total). La primera parte se titula Los fotógrafos y en ella el narrador nos habla de la relación de amistad entre tres fotógrafos profesionales que suelen viajar a países con conflictos bélicos para realizar sus arriesgados reportajes. El narrador nos habla principalmente del joven Jordi Carrera, habitante de Barcelona y de vida solitaria, sobre todo desde que murió su madre y él no quiso volver a relacionarse con su padre maltratador y su hermano que parecía justificarle. Jordi encontrará una nueva familia en sus amigos fotógrafos, Joao y Kevin. En La rosa ilimitada los dos protagonistas principales eran editores y los siento vinculados a los fotógrafos de Las estrellas; Maleno sitúa a los personajes de ambas novelas muy cerca de la desesperación y los rostros oscuros del mal. Diría –porque sé de dónde viene la escritura de Maleno– que la influencia de Roberto Bolaño sigue presente en su nuevo libro, pero de un modo mucho menos evidente. En los tres años que han trascurrido entre las dos obras, Maleno ha madurado mucho y la prosa de Las estrellas es misteriosa y poética, y avanza, página tras página, de un modo seguro e implacable, mientras se adentra en territorios cada vez más oscuros. Los elementos en común con su anterior obra son palpables: nos encontramos aquí con muchos personajes que lloran y otros que los escuchan o los ven llorar en situaciones desesperadas. Sobre todo se habla aquí, de un modo insinuante y ominoso del terror en Sudán, que han contemplado Joao y Kevin, y que este último no parece haber superado.

En la segunda parte, Las niñas, el solitario Jordi conocerá a la también solitaria Emma, una joven aún más perdida y desesperada que él mismo. El personaje de Emma guarda más de un parecido con Paula Boccia, la protagonista femenina de La rosa ilimitada. Jordi y Emma iniciarán una complicada relación, pues será ahora cuando el lector descubra que Jordi era homosexual y que nunca se había acostado con una mujer. Emma es una mujer frágil, con problemas de anorexia y salud mental. Carlos Maleno, haciéndose un guiño a sí mismo, hará que Jordi y Emma se conozcan gracias al libro La posibilidad de una isla del escritor francés Michel Houellebecq, otro de sus autores favoritos. Durante todas las partes de la novela se recurre a la imagen de «las estrellas» en el cielo como a la de una presencia ominosa y que marca una amenaza sobre las cabezas de los protagonistas. «El cielo negro estaba tan lleno de estrellas como los muslos de la prostituta.» (pág. 47); «Mientras mi pareja me llevaba al hospital, no podía pensar en otra cosa, sólo en mi propio dolor y en las estrellas.» (pág. 70-71).

Como en La rosa ilimitada, Maleno hace uso de los sueños en Las estrellas como material narrativo, un material que llega a ser importante en la trama. La presencia del mal en el libro es tan grande que acaba siendo otro de sus protagonistas: guerras, hambre, mutilaciones, prostitución, dolor, locura, soledad, pederastia, violaciones… De hecho, hay momentos en los que Maleno parece abandonar el realismo y se adentra en rutas expresionistas para describir –mediante alusiones o misterios– la presencia del mal. Me ha gustado y llamado mucho la atención un detalle: en algunas de las fotografías que toman los tres amigos (Jordi, Joao o Kevin) parecen materializarse elementos fantásticos, como manchas oscuras sobre sus propias imágenes o vibraciones y ruidos imposibles.

Cuando reseñé La rosa ilimitada comenté que, al acabarla, me había llamado la atención que la estructura estaba más trabajada de lo que había supuesto en un principio. Me gustaría destacar de Las estrellas su gran trabajo con la estructura. Si bien la novela comienza con una tercera persona aséptica, al llegar a la segunda parte la voz narrativa realiza pequeñas intervenciones: «Volvamos ahora, por un momento, al Club París.», leemos en la página 99, y también ha empezado a adelantarle al lector cuál va a ser, en parte, el destino de alguno de sus personajes. En el epílogo, el narrador se hará por entero presente y tomará presencia narrativa. Me ha parecido éste un detalle muy logrado. A partir de la segunda parte, el abanico de personajes y subtramas se abre. Empecé la novela el viernes y el sábado había finalizado la segunda parte. No quiero contar más detalles del argumento, pero tras la segunda parte (ha sido el domingo cuando he finalizado el libro) me encontraba sorprendido y con ganas de retomar la lectura, porque los acontecimientos narrados hacían que como lector me encontrase desconcertado. No sabía hacia dónde iba a llevar su novela Carlos Maleno, no sabía si iba a conseguir cerrarla con coherencia; aunque, por lo que llevaba leído, intuía que sí, como así ha sido.

Recuerdo que hace un año o dos, Carlos Maleno comentó en Facebook sus lecturas del escritor guatemalteco Rodrigo Rey Rosa. Fotografió las portadas de algunos de sus libros y escribió en un estado: «un modo diferente de narrar». Me he acordado de estas palabras según acababa Las estrellas, porque, ahora mismo, según escribo un rato después de acabar el libro, estoy considerando la idea de que Rey Rosa se haya convertido en una beneficiosa influencia creativa para Maleno, ya que el guatemalteco también escribe novelas cortas, con capítulos cortos, que se pueden subdividir en varias tramas y cuyos desenlaces suelen ser desconcertantes e inesperados. Como ya he apuntado antes, Carlos Maleno ha dado en Las estrellas un gran salto cualitativo en relación a La rosa ilimitada, su anterior novela. Es el universo creativo de Maleno un mundo de sordidez, dolor, soledad y violencia, narrado con firmeza, misterio y mucha belleza, una belleza desolada y desconcertante. Acabo de realizar una búsqueda en google y no me encuentro con reseñas de Las estrellas, lo que me sorprende porque es una novela que se merece encontrar muchos lectores y que se hable de ella. Me ha parecido una conseguida y talentosa novela corta.