El Premio Nadal recae en manos del argentino Guillermo Martínez

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Guillermo Martínez gana el Premio Nadal 2019 con "Los crímenes de Alicia"

 

 

 

 

Texto: REDACCIÓN

Si bien en el año del Metoo más de uno apuntaba su dedo hacia alguna autora de la casa y si bien el pseudónimo de Ariel Crombet llevaba a pensar que el posible ganador del Nadal, que este año cumple 75 años, podía ser Rubén Abella que, hace justo diez años, en 2009 quedaba finalista del Nadal con El libro del amor esquivo, novela que presentó precisamente con el pseudónimo de Ariel Crombet, las apuestas y las posibles sospechas han vuelto a fallar: el Premio Nadal recayó en manos de Guillermo Martínez y el Premio Josep Pla en las del periodista Marc Artigau.

Argentino, nacido en Bahía Blanca, Buenos Aires, en 1962, Guillermo Martínez es muy conocido entre el gran público por su novela los Crímenes de Oxford, que fue llevada al cine en 2008 por Alex de la Iglesia, quien contó con Eliah Wood, Leonor Watling y John Hurt como protagonistas. Sin embargo, más allá del éxito de esta novela, no hay que olvidar que la obra literaria de Martínez se define tanto por la ficción como por el ensayismo, género dentro del cual hay que destacar textos de indudable interés como La razón literaria, Borges y la matemática y La fórmula de la inmortalidad, donde se incluía el ensayo “Un ejercicio de esgrima” en el que contestaba a la lectura que Damián Tabarovski realizaba del campo literario argentino en Literatura de izquierdas. Matemático de formación – se doctoró en Buenos Aires en Lógica y curso su postdoctorado en Oxford- Martínez ha tenido siempre muy presente los números en sus investigaciones literarias, desde su estudio sobre la presencia de las matemáticas en Borges hasta el libro de divulgación Gödel para todos, pero también en su narrativa. Prueba de ello es la novela Los crímenes de Oxford, donde teoremas y conjeturas matemáticas son las claves para resolver el asesinato de la casera del protagonista, Martín, que llega a Oxford para que el prestigioso matemático Arthur Seldom le dirija la tesis, y, en gran medida, prueba de ello es Los crímenes de Alicia, segunda parte de Los crímenes de Oxford.

Como ya sucediera en el 2000 con Lorenzo Silva, que consiguió el Premio Nadal con El alquimista impaciente, la segunda entrega de las peripecias de los guardia civiles Virginia Chamorro y Rubén Bevilacqua, Martínez gana el Nadal también con una continuación. Si bien es tan difícil creer ahora como lo era en el 2000 en la inocencia del jurado -¿nadie al leer el manuscrito se dio cuenta que los manuscritos estaban protagonizados por personajes de una novela que, oh vaya curiosidad, ya había publicado la propia editorial Destino?- y si bien una no puede dejar de pensar que, a lo mejor, todo esto del pseudónimo es un paripé de cara a la galería, la cuestión última es que estamos delante de un premio dotado en 18000 que, como se ha más que demostrado en los últimos años, suele recaer en autores de la casa y, más en concreto, en autores de holgadas ventas. De la misma manera que no se juega con la comida, tampoco se juega con el dinero y, sin lugar a dudas, premiar la continuación de Los crímenes de Oxford es apostar sobre seguro en vistas a convertir la nueva novela de Martínez en uno de los títulos más vendidos del año y, quién sabe, en una posible nueva adaptación cinematográfica. Basta un breve tanteo entre editores, agentes y escritores para saber que pocas cosas reportan más dinero y más ventas que una película o, mejor aún, una serie.

En Los crímenes de Alicia nos volvemos a encontrar Arthur Seldom que, de la mano de un estudiante, investiga una serie de asesinatos basados en Alicia en el país de las maravillas, novela sobre la que Martínez siempre se mostró particularmente interesado, como queda patente en “Aventuras de una niña bajo tierra”, un ensayo dedicado a la figura de Lewis Carroll en ocasión de la publicación de lógica sin pena que Martínez publicó en La fórmula de la inmortalidad y en su blog . Pero, a pesar de estar doblemente publicado, ¡quién iba a sospechar que detrás de Los crímenes de Alicia estaba Martínez! Seguramente nadie del jurado ni de la editorial conocía el texto como tampoco nadie, absolutamente nadie, había leído –¡ni visto la película!- Los crímenes de Oxford para reconocer a Seldom. ¡No pensemos mal!

Volvamos a Carroll, casi mejor: Alicia en el país de las maravillas, como deja constancia el propio Martínez en su ensayo, es una novela extremadamente compleja desde un punto de vista matemática: “De acuerdo con su diario íntimo, Dodgson [el verdadero nombre de Lewis Carroll era Charles Lutwidge Dodgson] puso grandes ilusiones en su teoría de la lógica simbólica y tuvo un magnífico concepto de sus pequeños inventos: reglas mnemotécnicas para logaritmos de números primos, un juego de crocket aritmético, un sustituto para la goma, una forma de controlar el tráfico de carruajes por Covent Garden, un aparato para tomar notas en la oscuridad, un velocímetro para triciclos”, apunta el escritor argentino acerca de Lewis Carroll, que, como el propio Martínez, era un matemático, “un tradicionalista, opuesto a los nuevos desarrollos en esta disciplina”, en palabras del divulgador Keith Devli, un hombre que se dedicó al estudio de la lógica y que se interesó por las matemáticas recreativas y por la teoría del silogismo.

El ganador del premio Josep Pla ha sido Marc Artigau, poeta y dramaturgo nacido en 1984 que, tras estudiar en el Institut de Teatre de Barcelona, destacó como dramaturgo en 2008 con la publicación de Ushuaïa, obra teatral con la que ganó el Premi Ciutat de Sagunt, que, además, volvería a ganar un año después con Les sense ànima. Además de Ushuaïa, son más las obras de Artigau que han sido llevadas a escena: T’estimem Tant, Grace o A una nena nua llepa-li la pell llepa-li la pell a una nena nuA, obra que dirigió el propio Artigau en el Teatre Lliure de Barcelona. Junto al teatro, la poesía y la narrativa han sido los otros géneros que han definido la trayectoria artística de Artigau. Autor de un libro de relatos, Els contes d’el Club de la Mitjanit, y de una novela juvenil, Els perseguidors de paraules, Artigau ha publicado cinco poemarios -el último, Desterrats en 2012- y ha escrito junto a Jordi Basté, con quien además colabora en la radio, dos novelas policiacas con un mismo protagonista, el investigador privado Albert Martínez. Si en Un home Cau nos narran la investigación de Albert Martínez para esclarecer la desaparición de un hombre perteneciente a la alta burguesía de Barcelona, en Els coloms de la Boqueria, los dos autores siguen los pasos de Martínez en su investigación en torno a la misteriosa muerte de una mujer en el mercado de la Boquería de Barcelona. Ahora, apenas un año después de publicar con Basté su última novela, Artigau gana el Premio Nadal con La vigília, una novela con tintes autobiográficos en el que se narra la historia de un joven que tiene una sección sobre cuentos y libros en la radio -Artigau no solo colabora con Basté, sino que tuvo en El món de Rac 1 una sección dedicada a los libros- y que dedica gran parte de su tiempo a cuidar a su hermano, imposibilitado tras un grave accidente de coche. Un día, una mujer mayor le encarga escribir su biografía, propuesta que el joven acepta con curiosidad por saber el motivo de dicho encargo, que, como descubrirá a lo largo de la escritura del libro, nada tiene de casual ni de inocente.