“Nos queda mucho para llegar a la igualdad entre hombres y mujeres” Javier Urra

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Entrevistamos a Javier Urra, autor de Pensar, sentir, hacer. Una vida plena (ed. Arpa)

 

 

 

Texto: REDACCIÓN

 

Psicólogo, Javier Urra es uno de los nombres de referencia en los temas vinculados a la infancia y a la adolescencia, así como dentro de la psicología jurídica. Fue psicólogo forense en la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia y en los Juzgados de Menores de Madrid. De 1996 a 2001 fue el Defensor del menor de la comunidad de Madrid. Ahora, tras muchos títulos publicados, presenta Pensar, sentir, hacer. Una vida plena (ed. Arpa), un libro de reflexiones, compendio de su larga trayectoria.

Escribe en su libro: “en la escuela de la vida, la responsabilidad es del alumno”.

Bueno, la responsabilidad es siempre compartida. Cuando tenemos un niño, un hijo o un alumno, los adultos tenemos una visión del futuro muy a largo plazo y, por tanto, tenemos que estructurar los criterios, tenemos que educar, enseñar cuales son los riesgos… Y esto lo tenemos que hacer los padres, pero también los profesores. Ahora bien, lo que quiero decir con la frase es que, al final, el niño lleva su vida en sus propios brazos y, por tanto, es necesario darle desde el inicio un grado de autonomía y un grado de libertad.

¿Esta libertad implica también una asunción de responsabilidades y de deberes?

Claro, evidentemente. Dejar solo a un niño en casa durante un rato o decirle que vaya a comprar el pan es una forma de darle autonomía y también de darle una responsabilidad. Lo que planteo en el libro es que las cosas no solo hay que hablarlas, sino también realizarlas. En este sentido hay que tener presente la psicología cognitiva del niño y su maduración para que crezca, para que adquiera más deberes, para que su capacidad de socializar sea cada vez mayor y, sobre todo, para que sea capaz de vivir consigo mismo, que no es nada fácil.

Habla de dar responsabilidades a los niños, sin embargo, ¿no se está sobreprotegiendo a los niños? Pienso, por ejemplo, en todos aquellos padres que no dudan en defender a sus hijos frente a los profesores.

Sin duda. Yo creo que hay varios factores. Ahora mismo, los hijos son muy deseados. Antes se tenían los hijos con cierto azar, en parte, por los fallos en las medidas anticonceptivas, y, sobre todo, se tenían más hijos. Ahora, se tienen pocos hijos, la media es de 1,14 hijos por persona, y, por tanto, se convierten en un tesoro, se les cuida, se les mima. En este sentido, se les quiere equivocadamente, se busca que sean completamente felices y esto no es del todo posible. El ser humano tiene una composición de ansiedad y de angustia, es consciente de que va a morir y de que va a ver morir a la gente que más quiere. Por tanto, el ser humano, por sus propias aspiraciones, tiene una felicidad con baches, con dudas. Hay actualmente una clara sobreprotección y esto es algo que estamos señalando mucha gente y de ahí que subraye la importancia de que a los niños se les lleve a ver a la abuela que tiene alzhéimer, que se les lleve a un hospital para que vea que ahí hay niños enfermos, que se le lleve a recorrer toda la ciudad, no solo los barrios más acomodados, sino también aquellos donde hay miseria… Todo esto hace que el niño aprenda cuál es la realidad en la que se mueve, una realidad que no es ni Disney ni es un parque temático. Todo esto, sin embargo, no quiere decir quitarle al niño ni la esperanza, ni la ilusión, ni el optimismo.

Por el contrario, en los años setenta, imperó entre ciertas escuelas educativas la idea de los “niños felices” y de una educación en la que no se debía prohibir nada.

Sí, era una tendencia fruto, seguramente, del 68. Mi buena amiga María Jesús Álava escribió hace algunos años un libro que llevaba por título El no también ayuda a crecer y tenía razón en su planteamiento. No creo que haya que educar en el “no”, pero de vez en cuando es necesario decir “no”. Los niños para educarse correctamente necesitan límites y normas, necesitan saber lo que se puede hacer y que no y a través de estos “noes” van madurando.

Otra cosa en la que usted hace hincapié es en la necesidad de que los niños aprendan a hacer frente al dolor y, por tanto, en la necesidad de que los adultos no escondan el dolor a los más pequeños.

Yo a los niños no les escondería que la vida termina en la muerte. La muerte es parte de la vida y hay que decírselo y ocultárselo solo provoca que los niños desconozcan una realidad que, sin embargo, está ahí, existe. El llevar a un niño a un hospital y decirle que allí hay niños malitos, niños que sufren e, incluso, niños que no podrán sobrevivir es educativo. De esta manera, nuestro hijo desarrollará la capacidad de la compasión y, al mismo tiempo, aprenderá que en la vida hay cosas muy serias. El niño tomará consciencia de lo irrelevante que puede ser desear un par de zapatillas o cualquier otra cosa, porque la vida es otra cosa.

Usted, asimismo, subraya la importancia de la cultura, sobre todo de la lectura y de la escritura, en la formación de un niño y lo hace en un país donde, desgraciadamente, los índices de lectura son muy bajos.

Por esto mismo hago hincapié en este aspecto. En España hay un 40% de personas que no leen nada; luego, evidentemente, hay gente que lee mucho, algo que pude comprobar en la Feria del Libro de Madrid. Era impresionante la cantidad de gente que había. La gente que lee suele leer mucho de la misma manera que la agente aficionada a los museos o al teatro acude muy a menudo a ver exposiciones u obras teatrales. El pensamiento y el lenguaje van unidos y, por tanto, leer es esencial y, además, leer te faculta para escribir.

¿La motivación cultural de los niños depende, en gran medida, del contexto socio-económico al que pertenecen?

Depende del contexto, sin duda, pero yo no haría hincapié en la cuestión económica, sino en la puramente cultural y en el hecho de que a una parte de la sociedad no le llega la cultura. Si un padre no tiene interés por la cultura y lo que le interesa es estar en el bar y poco más tenemos un problema. En situaciones así, el único puente cultural sería la escuela, que puede despertar un interés y una ilusión en chicos que vienen de ambientes con poca motivación. La escuela, en la medida de sus capacidades, hace que no importe la proveniencia para que un niño se interese por la lectura o la escritura. En este sentido, hay niños con mucha sensibilidad artística que vienen de ambientes culturalmente pobres, pero ciertamente es mucho mejor que sean los padres los primeros que, aunque a ellos no les interese, acerquen la cultura a sus hijos.

De la misma manera que la inmersión cultural no tiene que ver solamente una cuestión económica, las problemáticas en los adolescentes que usted ha tratado en la fiscalía -pequeña delincuencia, violencia, drogadicción- ¿son también transversales? Es decir, ¿afectan por igual a distintos grupos sociales?

Sí, estas problemáticas de las que hablas no tienen únicamente que ver con factores económicos; al contrario. Ante todo, porque el ser humano es capaz de dar la vida por alguien que no conocer, es capaz de donar un órgano, es capaz de lanzarse al mar y salvar la vida de alguien que no conoce, pero también es capaz de ser profundamente racista, de generar situaciones de mucho riesgo o de hacer el más absoluto. Por tanto, el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor y, en ocasiones, una misma persona sola puede ser por sí misma capaz de lo mejor y de lo peor. Todo lo que es empatía, todo lo que es ponerse en el lugar del otro viene de los lóbulos frontales, que el ser humano ha desarrollado, en realidad, desde relativamente poco. Con esto, lo que quiero decir es que el ser humano es un ser en evolución, es un ser que nace con un temperamento que es inamovible, con un carácter que se va conformando con las circunstancias y con una personalidad que, más o menos, se puede modificar. Dicho esto, encuentra, en ocasiones, atajos al sufrimiento en el alcohol y en las drogas. Todos somos susceptibles de ello.

Sin embargo, habrá ambientes más proclives y pienso también en las altas esferas, donde el consumo de drogas es más que habitual.

Evidentemente hay ambientes proclives. El campo de Gibraltar, donde el paro es altísimo y donde es muy fácil comerciar con droga proveniente de Marruecos, droga con la que ganas 6 veces más que un profesional, es sin duda un ambiente que fomenta más determinadas conductas. Sin embargo, los problemas de consumo, de juego o de violencia vinculada a estos dos elementos son socialmente transversales.

Cuando en Barcelona un grupo de adolescentes quemaron viva a una indigente en un cajero se hizo mucho hincapié en el hecho de que los chicos venían de “buenas” familias, de una situación acomodada. Era como si el hecho de venir de una familia “bien” implicara que no se podían cometer actos tan salvajes como el cometido por estos jóvenes.

Yo creo que esta idea ha cambiado mucho y ya no se piensa que este tipo de actos sean ajenos a los jóvenes de una clase media. Recuerdo el caso del que me hablas, pero ahora no sé cómo se dio esa noticia, pero sí puedo decirte que desde que entré en la fiscalía hace treinta años las cosas han cambiado: hace treinta años se determinaban y se marcaban los barrios problemáticos de la ciudad, donde se producían determinados actos de violencia que no se producían en otros lugares. Hoy, sin embargo, ya no es así ni tampoco se plantea de esta manera. Hoy te encuentras con hijos de familias acomodadas, adolescentes que, en teoría, lo tienen todo en cuanto a economía y a nivel cultural, pero que fallan en valores, virtudes; es decir, fallan en aspectos esenciales para la formación de toda persona. Son chavales que tienen una distancia muy afectiva de la sociedad y, entonces, como es el caso que comentabas, llegan a describir como una broma algo que termina en un asesinato. Esto es debido a que rebajan la dignidad y la calidad humana de una persona que no pertenece a su mundo y que ellos consideran parte de una “suciedad”, como puede ser el caso de un mendigo. Por esto, aquellos chicos, la insultaron, la denigraron y finalmente le prendieron fueron.

En este sentido, la formación en las supuestamente mejores escuelas y la cultura no ha servido para nada.

No, el nivel cultural no ha servido a nada. Algo ha fallado en la formación y en la educación de esos chicos. En un contexto completamente opuesto encontramos a los miembros de la manada, que viene de un ambiente muy pobre educativa y culturalmente.

Ahora que habla de la Manada, usted sostiene que el machismo es un problema estructural y que todavía hoy no se educa igual a los niños y a las niñas. Con este tipo de educación, ¿fomentamos inconscientemente ese machismo que, en muchos casos, se traduce en violencia de género?

Yo no sé hasta qué punto es del todo inconsciente. España es un país que avanza bien dentro del marco mundial. Yo creo que los cambios están siendo rápidos en favor de la igualdad. En Francia tuvieron una revolución que acabó con las oligarquías, en Estados Unidos tuvieron una revolución en Estados Unidos que acabó con la segregación de los negros y ahora estamos viviendo una revolución de la mujer y creo que, a día de hoy, la igualdad es un camino de no retorno. Ahora bien, ¿se educa igual a los niños que a las niñas? Yo creo que no. A los niños se les educa en el “todo para ti” y a las niñas se las educa en el “todo para el otro” y ese otro puede ser el padre, el marido o el hijo. ¿Hay cuestiones biológicas? No se pueden negar cosas innegables, pero la clave está en la educación y todavía nos queda mucho para llegar a una igualdad plena y para combatir un machismo que, irremediablemente, existe.

Un machismo que está rebrotando entre los adolescentes.

Esto es un problema que sé definir, pero no sé explicar. Tenemos muchas chicas que son muy machistas, que quieren al “molote”, al chulo, que si un chico les pide una foto desnuda se la dan sin ser conscientes de los peligros que supone en divulgar una imagen en la red… Además, de todo esto, en las relaciones jóvenes suele haber muchos celos. Esto hace que el pronóstico no sea nada bueno.

 

¿Qué explicación se puede dar para entender este rebrote?

Las redes sociales influyen, sin duda, mucho, pero como también influyen otras cosas. En la educación de los niños y adolescentes, es esencial trabajar la valoración del ser humano; es imprescindible educar en un concepto sano del amor, en unos valores morales y éticos… Yo tengo un centro con 108 profesionales que trabajan con 96 chicos con problemas y hemos visto que un 40% de los chicos que tenemos han sido acosados escolarmente, posteriormente, se han vuelto agresivos contra sus padres, sobre todo contra sus madres. Es decir, el niño que es víctima de acoso se vuelve con el tiempo violento con su madre y, muy posiblemente, termine ejerciendo violencia de género contra su pareja. Nosotros llevamos siete años con este centro y cada chico está con nosotros a lo largo de un año, en el cual podemos ver determinadas conductas que, de otra manera, soy muy difíciles de observar.

¿Es factible la rehabilitación de estos chicos?

Depende de los casos, pero lo cierto es que es un proceso muy lento y muy duro.

Usted afirma que, en determinados casos de psicopatía, la sociedad debe aceptar que la única opción es la condena perpetua revisable. ¿Dónde queda entonces la función de reinserción de la cárcel?

He puesto en marcha una tertulia en el Café Gijón que se llama Justicia y utopía y hace cosa de un mes llevé a la tertulia a una de las grandes expertas en prisiones con más de 36 años de experiencia. A lo largo de la tertulia, estuvimos hablando de que, evidentemente, la cárcel está hecha para rehabilitar, pero, llegados a un punto, afrontamos el tema de los psicópatas y, más en concreto, de los violadores multireincidentes. Y la ponente reconoció que hay algunos violadores multireincidentes con los cuales no se sabe qué hacer, porque ni la psiquiatría ni la psicología pueden hacer nada, pues son personas que no son porosas a ningún tipo de ayuda. Por tanto, ¿qué hacemos en estos casos? Hay mucha gente que está en contra de convertir la cárcel en lugar donde encerrar a las personas de por vida. Bien, pero entonces hay que buscar lugares con medidas de seguridad, puesto que estas personas no se van a rehabilitar y, por tanto, tampoco puedes salir a la calle, porque son un peligro para los demás. ¿Esto es algo difícil de explicar? Para mí es muy fácil.

Es una manera de aceptar la prisión permanente revisable, aunque se le llame de otro modo

Bueno, cuando vinieron los misioneros con el ébola, se les puso en un hospital y no se les dejaba salir. ¿El motivo? Porque transmitían esa enfermad y era peligroso para el resto de la población. ¿Habían cometido un delito? No, pero no podían salir por bien de la salud pública. Por el bien de esta misma salud pública, hay gente que requiere de una prisión permanente revisable, de lo contrario la sociedad será testigo de los daños que vayan a ocasionar.

Entonces, a raíz de esto, ¿qué le ha parecido la puesta en libertad de la Manada?

Yo entiendo perfectamente la justicia, porque trabajo, vivo y conozco la justicia de toda la vida y me parece que el ministro Catalá se equivocó hablando del poder judicial tal y como lo hizo. Sé que los jueces han tenido que medir, pensar y estudiar las pruebas antes de dictaminar la sentencia, que para ellos es lo suficientemente dura. Se las han dado 9 años de cárcel; algunos dicen que es muy poco; es opinable. El problema no es este, el problema es que la sociedad y los medios de comunicación ya habían juzgado. Mientras que en la sentencia un juez hizo un voto particular, en la puesta en libertad, han sido dos jueces que han creído que debían salir a la calle, dos jueces de los cuales una es mujer. De todas formas, este caso va a ir a una instancia superior. La justicia tiene que juzgar con las leyes que tiene y, si creemos que las leyes no se ajustan a la opinión social, tenemos que modificarlas con buen criterio, pero me daría pánico que se cambiaran guiándose por el impulso de la gente, eso sería muy peligroso. Dicho esto, otra cosa es mi opinión personal como ciudadano, como padre o como abuelo.

Lo urgente sería cambiar la legislación para que el abuso sexual sea entendido como violación.

Pero, aparte de esto, luego hay que demostrar las cosas en los juicios. Hay que probar los hechos, sino in dubio pro reo.