Justo Navarro: "Decir que una novela es comercial es emitir un juicio moral, no estético"

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Justo Navarro presenta Petit Paris, una novela negra en la que el autor de Granada recupera al detective Polo

 

 

 

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

 

“Cuando el lunes 22 de marzo de 1943 el comisario Polo llegó a París, el hombre que buscaba llevaba muerto siete días. Lo encontraron deshecho, arrollado por un tren en la gare d’Austerlitz, en las vías que van al suroeste de Francia, hacia la frontera con España, y no era ya el individuo de la foto que enseñaba Polo: había cambiado de nombre y de nacionalidad”. Así comienza Petit Paris, la nueva novela de Justo Navarro, y así llega a París el comisario Polo, al que los lectores del escritor de Granada ya conocieron hace algunos años en Gran Granada. Ahora Polo tiene 20 años menos -Gran Granada se desarrollaba en la ciudad andaluza en 1963- y todavía no lleva las gruesas gafas de pasta cuyas lentes engrandecen sus ojos recién operados de cataratas; llega a un París sumido bajo la guerra para investigar el robo de cuatro lingotes de oro, una investigación que, como dice el propio Navarro, no tiene una verdadera solución final, porque, tanto en la realidad como en la literatura, “las cosas no son tal y como nos dicen que son”. Polo lo sabe bien, sabe bien que la idea que se tiene de lo acontecido no difiere “en lo sustancial de la forma que le atribuimos a una mancha en la pared, que siempre tiene algo de arbitrario: según pasan las horas, el mismo individuo ve distintas cosas en la misma mancha, y la silueta de un camello de pronto se convierte en una catedral con dos torres”.

Petit Paris es una novela negra, el autor no solo la define como tal, sino que reivindica el género, sí, el género en mayúsculas, porque, apunta Navarro, si bien hay quien define lo negro como un subgénero menor, “hay que recordar que la novela negra puede ser buena o mala como lo pueden ser todas”. Sin embargo, también es cierto que Petit Paris escapa de los esquematismos del género, pues, si bien se inscribe en él, lo trasciende. “Escribir es como improvisar en el piano, es como soñar: cuando nos acostamos, no sabemos qué soñaremos y, de esta misma manera, cuando comienzo a escribir, no sé hacia dónde iré”, confiesa Navarro, subrayando que la escritura solo puede entenderse como improvisación, como tanteo y, por tanto, nunca como fiel adecuación a un esquema previo del que no se puede salir. Es precisamente esta concepción de la escritura lo que lleva a Navarro a trascender el género negro. Lo señalaba muy apropiadamente Ernesto Ayala-Dip en 2015 cuando definía Gran Granada como una novela “mucho más que policiaca”. En aquella reseña, el crítico sostenía que Navarro había escrito “una novela soberbia. Por encima del género que la sostiene”. En gran medida, estas palabras se pueden aplicar a Petit Paris, una novela que, una vez más, está por encima del género que la sostiene y lo está precisamente porque lo trasciende, porque el escritor, si bien partiendo de ese molde que todo género estrictamente codificado impone, no se acomoda en él, sino que busca darle la vuelta tanto a nivel de estructura, de trama como de tono narrativo. “Hay algo de divertimento, de parodia en esta novela” confiesa Navarro, subrayando así que en esa imitación burlesca del género hay, ante todo, un alejamiento del mismo, es decir, una transformación de los códigos.

Prueba principal de que Petit Paris es algo más que una novela negra es su trama, donde la investigación es solo una de las patas. En efecto, bien podríamos decir que está a medio camino entre la novela de espías y la novela política, puesto que aquello que investiga Navarro en la París de 1943 es la connivencia de esos “happy few” representados por el poder policial/ejército, por el poder político y por la prensa. La irónica cita inicial del Enrique V de Shakespeare, “nosotros, unos pocos, los pocos fieles, una banda de hermanos”, pone el acento sobre esa “banda de hermanos” representada por la policía española presente en la Francia ocupada, por la Gestapo y por la prensa, a través de la cual se narraba la guerra a partir de las versiones oficiales, es decir, a partir de lo que dictaba la propaganda. “Para escribir la novela, pasé mucho tiempo en la hemeroteca leyendo el periódico de Granada de aquel año y a través de Gallica consulté Le Matin, Le petit parisien y un periódico alemán que se publicaba en París y me di cuenta que los cuatro periódicos contaban de la misma manera la guerra, tenían el mismo informante”, comenta Navarro, que en su novela describe a los periodistas como agentes del estado, “algo que seguimos viendo en la actualidad”, y observa el trabajo de propaganda que se hacía desde el París ocupado para narrar un relato que todos contaban. En ese París, con apenas coches, sin apenas suministros y con la población recluida en sus casas, solo unos “happy few” vivían bien y esos “happy few” eran los que estaban en torno al poder, que gravitaban en torno a las fuerzas de ocupación. En Petit Paris, Navarro se adentra en la Gestapo y narra el papel colaboracionista de la policía española, una policía totalmente corrupta y es que en periodo de guerra las mentiras, las corrupciones, los engaños formaban parte de la dinámica habitual.

En sus largos años como escritor, Navarro ha ejercido también de crítico, siendo un lector atento del género negro, al que reivindica como género que permite “poner una lupa sobre la realidad, permite ver aquellos aspectos de la realidad que de otra manera pasan desapercibidas”. Si la novela negra le permite al autor detenerse en determinados aspectos más oscuros de la realidad, el hecho de acudir al pasado como espacio y tiempo en el que ambientar la novela le ofrece “perspectiva y distancia, me permite comprender mejor el presente”. Y esta comprensión de la realidad, remata Navarro, es posible, ante todo, gracias a la imaginación, “que no es una escafranda a través de la cual escapar de la realidad”, sino una manera de “explorarla”. Asimismo, el autor se muestra particularmente crítico con los prejuicios que existen en torno a la novela negra, unos prejuicios que afectan directamente a su recepción: “una novela no es mala por ser comercial, además toda novela es comercial en cuanto es escrita para que sea leída y, por tanto, para que sea comprada en las librerías. Decir que algo es comercial es emitir un juicio moral, no estético y lo que debe hacer el crítico es decir cuáles son los valores que posee el libro que reseña y qué se va a encontrar el lector en su lectura”, concluye Navarro, que presenta Petit Paris en Barcelona justo el día en que en Andalucía hay cambio de gobierno: “aunque me critiquen, no me importa decirlo: VOX es un brazo del PP”, comenta el escritor, que asiste con espanto a la toma de posesión de Juanma Moreno y al giro a la derecha de las últimas elecciones.