Insólitas: reivindicando las escritoras de lo fantástico

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Páginas de Espuma publica Insólitas, una antología que reúne narradoras de lo fantástico en Latinoamérica y España

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

Teresa López Pellisa y Ricard Ruiz Garzón reúnen en Insólitas a autoras españolas e hispanoamericanas del género de lo fantástico, de la ciencia ficción y de lo maravilloso. López Pellisa y Ruiz Garzón siguen, en cierta manera, los pasos de Cristina Jurado y Leticia Lara que, en 2012, reunieron en Alucinadas una serie de relatos de ciencia ficción escritos por autoras españolas, pero dan un paso más allá, en cuanto a través de Insólitas proponen un diálogo entre distintas tradiciones literarias y distintas generaciones. En Insólitas no solo dialogan entre sí escritoras de diferentes edades, sino que se reúnen diversasmanifestaciones de lo popularmente denominado “fantásticos” así como 27 autoras provenientes cada una de un país de habla hispana diferente.

El título Insólitas, alude tanto a pluralidad de concepciones y subgéneros dentro de “lo fantástico” así como a la figura de las escritoras del género fantástico dentro del campo literario.

Teresa López Pellisa- Buscábamos una palabra que fuera polisemántica y que nos permitiera abordar diferentes aspectos relacionados con la temática y con el género del libro. De ahí el término insólitas: estas autoras son insólitas en cuanto trabajan y se mueven en el espacio de lo insólito, un espacio entendido desde una perspectiva amplia, en cuanto en la antología no solo hay relatos fantásticos, sino también relatos de lo maravilloso y de ciencia ficción. Hubiera quedado muy raro poner como título “narradoras de lo no mimético”. Además, como tú comentas, el adjetivo “insólitas” no solo describe su obra, sino también a ellas como escritoras y es que todas las autoras aquí reunidas son insólitas por diferentes motivos, empezando por la excepcionalidad de sus relatos, de su obra y de su trayectoria. Casi todas son autoras premiadas y reconocidas en sus campos literarios, en sus tradiciones y en sus lenguas y cuando digo esto no me refiero solo a las autoras de más edad. Las más jóvenes tienen todas ellas obra publicada, empezando por Laura Fernández y terminando por la escritora colombiana Laura Rodríguez Leiva, que ganó el premio Mirabilia con el retrato que aquí publicamos, Sangre correr. Asimismo, son insólitas en cuanto no todas ellas son conocidas por el lector de aquí; en Hispanoamérica conocen determinadas autoras que aquí desconocemos y viceversa, pues no siempre la distribución, incluso dentro del propio continente hispanoamericano, permite que todas las autoras lleguen a todos los países.

Ricard Ruiz Garzón- Desde un punto de vista académico, se entiende lo fantástico como el género donde hay un quiebre de la realidad, pero luego está la ciencia ficción y lo maravilloso. En la calle, sin embargo, el lector y los libreros suelen hablar directamente de lo fantástico como el todo, si bien, desde un punto de vista estrictamente crítico, no se puede hablar al mismo tiempo de lo fantástico como del todo y la parte. Dentro de este cacao de términos, “insólito” era un término que nos permitía hablar de todas las literaturas no miméticas y no realistas, es decir, de todas aquellas literaturas que van más allá de la clásica concepción de “realidad”. Además, lo insólito alude también a lo inesperado, a lo recién descubierto e, incluso, a lo subversivo. Todavía hoy defender determinadas posturas feministas o LGTBI sigue siendo subversivo y subversivo es y quiere ser también esta antología.

Al respecto, hay que mencionar que la tradición de lo fantástico en las letras hispanoamericanas tiene un peso y un reconocimiento desde el punto de vista canónico y académico que carece en las letras españolas.

TLP- Efectivamente. En España se escribe literatura fantástica y de ciencia-ficción desde el principio de los tiempos y de manera ininterrumpida, pero, como señalas, ni en el canon, ni en la crítica ni en las editoriales más conocidas se ha visto reflejado. Afortunadamente, esta situación ha ido cambiando con el paso del tiempo, sobre todo a partir del siglo XXI, seguramente como resultado del punto de inflexión que fueron los años ochenta, durante los cuales, como sostienen David Roas y Ana Casas, se produjo una naturalización de lo fantástico, gracias, en parte, al boom latinoamericano y a la llegada a España de todos aquellos escritores. En países como Argentina, por ejemplo, lo fantástico desde casi siempre ha formado parte del canon, pues, mientras en los años treinta, ahí, encontramos autores como Borges o Silvina Ocampo, aquí vemos la dominación del realismo. Y, cuidado, hablo de Argentina, no de todos los países latinoamericanos; en países como Perú o Cuba, por ejemplo, el realismo siempre ha tenido mucha importancia y mucho peso dentro de sus propios cánones. Lo que quiero decir con esto es que Latinoamérica es muy heterogénea, la tradición del Cono Sur no tiene nada que ver con la tradición de otros tantos países.

Aquí Cristina Fernández Cubas representó un punto de inflexión tanto para el relato como para el género de lo fantástico, aunque se puede decir que los noventa fueron los años decisivos, sobre todo, de la ciencia ficción de la mano de Elia Barceló.

TLP- Sí, son dos nombres clave. En los años ochenta hay una normalización del género en cuanto se empieza a reconocer a distintas autoras que se interesan por lo fantásticos, empezando por Mercè Rodoreda, siguiendo por Cristina Fernández Cubas y terminado por Cristina Peri Rossi, que viene de Uruguay y tiene relatos fantásticos, relatos de lo maravilloso y relatos de ciencia-ficción. En los noventa es cuando empieza a consolidarse en España las novelas phantom y de ciencia-ficción, es cuando nace la Asociación Española de fantasía, ciencia-ficción y terror y es cuando conocemos la obra de Elia Barceló, que se convierte en la cabeza visible del género. A partir del 2000 el escenario ya es completamente nuevo, sobre todo por el trabajo de visibilización que se realiza desde distintos espacios. Lo que nos tenemos que preguntar es por qué hasta ahora no se prestaba atención al género de lo fantástico y de la ciencia-ficción y, sobre todo, porqué creíamos que no habían mujeres que abordaran este género, cuando, como se ve en el prólogo, siempre ha habido y siempre han escrito, tanto aquí como en Latinoamérica.

Ricard, en tanto que escritor, lector y crítico, ¿cómo has asumido esta invisibilización de las escritoras? ¿Hasta qué punto eras consciente de ello?

RRG- Durante mucho tiempo, como hombre y como lector, tenías que tomar consciencia de esta ausencia. Leías a autores, leías literatura de ciencia-ficción escrita por hombres, leías cuentos fantásticos escritos por hombres y, si tenías que nombrar a los más grandes del género, no dudabas en citar a Borges y a Bioy Casares, olvidándote de Silvina Ocampo y de muchas otras. De repente, un día tomas consciencia y te das cuenta de que hay autoras muy buenas de las que apenas se habla porque son mujeres y porque, además, se dedican al género de lo fantástico. Cambias el chip, empiezas a mirar la literatura de otra manera, pero siempre estando alerta, porque a la más mínima volvías a caer en el error de antes. Cuando yo era periodista y hacía las listas de las mejores novelas del año, teniendo el chip medio puesto, pues elaboraba listas donde predominaban los hombres y tenía que volverlas a hacer, porque yo mismo me daba cuenta que no podía ser así. De tanto corregirme, fui incorporando y haciendo mía esa literatura a la que antes no había prestado atención. En este sentido, la antología Alucinadas y esta nuestra todavía son necesarias, ojalá no lo sean dentro de un tiempo, puesto todavía es necesario un trabajo de visibilización, todavía hay que cambiar el chip. Para mí la prueba definitiva de que una antología como Insólitas es necesaria es que los máximos y máximas especialistas del género nos están diciendo que no conocen más de seis o siete autoras presentes en el vídeo. Esta es la prueba de que muchas de estas autoras están invisibilizadas y de ahí la necesaria toma de conciencia de que hay muchas autoras, no solo las que siempre se citan, y que tenemos una gran riqueza literaria gracias a un gran número de escritoras. Afortunadamente, estamos en un tiempo de cambio, hay una irrupción de autoras, de lectoras, de estudiosas, de periodistas, de editoras y de críticas interesadas en el género fantástico y esperemos que esto haga cambiar un poco bastante las cosas.

En 1405 Christine de Pisan publicaba La ciudad de las damas, cuyo carácter político y reivindicativo ha caracterizado a muchas de las obras fantásticas que le siguieron después.

TLP- De Pisan imagina una ciudad habitada por mujeres formadas e intelectuales que reflexionan sobre cómo vivir y relacionarse de otra manera. De Pisan fue de las primeras mujeres en vivir de lo que escribía y, por esto, te decía que desde siempre ha habido mujeres que se han dedicado a la escritura, abordando cualquier tipo de género literario. Puede ser que determinadas literaturas hayan permanecido en los márgenes del sistema literario, como es el caso de la literatura no mimética, en concreto aquella escrita por mujeres, olvidando nombres tan representativos como la propia Christine de Pisan, Margaret Cavendish o Mary Shelley. Este desconocimientos es particularmente evidente en la tradición hispánica

RRG- La idea clásica de que el género era escapista o evasivo ha saltado por los aires. Ahora mismo, el género más crítico y más político que hay es la distopía, que nos permite cuestionar qué estamos haciendo con el mundo y qué derivas políticas estamos tomando. Al mismo tiempo, no hay que negar el carácter evasivo de esta literatura. Yo no recuerdo que se debata sobre la utilidad de la poesía, ¿por qué lo fantástico debe servir para algo? Lo importante es si es bueno o malo. En un artículo titulado Los monstruos y la crítica, Tolkien reflexiona sobre el Beowulf y sostiene que si aparece un dragón es porque se quiso poner un dragón y no porque el dragón fuera una metáfora de no se sabe qué. Lo fantástico es una categoría estética como cualquier otra, lo único relevante es la calidad de la obra. Evidentemente hay muchas obras fantásticas metafóricas que nos ayudan a pensar sobre nuestro tiempo, pero hay muchas otras que buscan la mera evasión y lo hace extraordinariamente bien.

Teresa subrayaba que en las letras españolas, la invisibilización de las autoras ha sido más prolongada con respecto a otras tradiciones. Prueba de ello es que en el mundo anglosajón Pamela Sargent publicó la primera antología de escritoras de lo fantástico en 1974

TLP-Mientras que aquí la primera antología fue Alucinadas de 2014. ¡Fíjate qué diferencia! Por esto era tan necesario una antología como esta, una antología trasatlántica en la que dialogan autoras en español de aquí y de Hispanoamérica. Tanto Ricard como yo esperamos que, dentro de un tiempo, ya no sea necesario este tipo de antologías reivindicativas, pero a día de hoy todavía son imprescindibles los estudios de género y los trabajos de visibilización.

Si antes citábamos a Cristina Fernández Cubas y Elia Barceló, otro nombre clave para la literatura fantástica es Francisco Porrúa.

RRG- Porrúa fue muy importante: sin Minotauro, sin Tolkien y sin Cortázar, autores que él publicó, no se entiende la irrupción de lo fantástico en España, con una tradición muy realista. Después de la dictadura, muchas editoriales pusieron su interés en libros muy políticos, de pensamiento, libros que, desde la ficción y la no ficción, narraban y explicaban la realidad. Este fin de semana, me explicaba Francesc Passerissa, el traductor de El Hobbit en catalán, que en los años setenta ningún editor quería publicar al catalán El Hobbit por ser considerado un libro de mera fantasía. Aunque todavía existe en parte este prejuicio, a lo largo de los años ha ido desapareciendo hasta al punto que ahora tenemos una generación Netflix que consume series y películas con elementos fantásticos de forma mayoritaria y sin plantearse a qué género pertenecen y una generación que juega a videojuegos con elementos fantásticos sin cuestionarse si son más o menos realistas. A los lectores de hoy en día ya no les escuchas decir “a mí la ciencia ficción no me gusta” porque la consumen sin planteárselo.

¿Las nuevas narrativas han favorecido que el público se familiarice con lo fantástico?

RRG- Lo que se consiguió hace unos años con la novela negra gracias a la irrupción de la literatura nórdica y a las series negras, en el género de lo fantástico se ha conseguido en distintos ámbitos, pero está costando más en la literatura. En estas nuevas narrativas domina lo fantástico de forma despampanante, en cambio, todavía tenemos poca tradición, por un lado, editorial y, por el otro, crítica en cuanto a la literatura fantástica. Sigue siendo no del todo fácil publicar autores y, especialmente, autoras del género, porque hay una industria editorial muy pequeña dedicada a esta literatura, si bien es cierto que cada vez más las editoriales generalistas publican sin mucho problemas de autores y autoras que introducen en sus obras elementos fantásticos o que directamente se inscriben dentro del género.

En el prólogo dejáis claro que es tan absurdo hablar de una “literatura fantástica femenina” como definir la literatura de todas las escritoras como una literatura feminista.

TLP- Sí, esto es algo que queríamos dejar muy claro. Aquí hay muchas autoras que no forzosamente se debe sentir identificadas con el feminismo, aunque muchas sí lo hagan. Por ser mujer, una escritora no está obligada a abordar temas feministas, puede hablar de cualquier tema y en la clave que sea. Hay novelas feministas escritas por mujeres y por hombres, el hecho de ser escritor o escritora no condiciona a priori lo que se vaya a escribir. Y, al hilo de esto, hablar de lo “fantástico femenino” es muy problemático, pues ante todo, nos exigiría revisar el concepto de “femenino” y ver qué entendemos por “femenino” y por “masculino”. Yo nunca he visto una antología sobre literatura fantástica “masculina”, pero sí que he visto y las tengo en casa muchas antologías compuestas principalmente por hombres, donde, casualmente, podía estar presente una autora y ésta solía ser siempre Elia Barceló.

Tradicionalmente el concepto de “femenino” fue utilizado como expresión de menosprecio y de infravaloracización.

TLP- Desde el punto de vista de la teoría y de la crítica, el término “femenino” no aporta nada interesante. Lo que demuestra esta antología es que las temáticas que abordan las escritoras son múltiples y variadas, que sus preocupaciones son distintos, algunos pueden estar relacionados con la mujer, pero muchos otros no. Hablar de lo “femenino” es una forma de encasillar que no tiene ningún sentido, sobre todo cuando no utilizamos los mismos parámetros a la hora de leer las obras escritas por hombres.

El prólogo lo firmáis en femenino y, de esta manera, os hacéis eco del debate en torno a la necesidad de replantear el lenguaje desde una perspectiva más inclusiva

RRG- La antología está compuesta por 27 autoras, una antóloga y yo ¿Una sola persona debe imponer el genérico masculino? Yo mismo propuse firmar en femenino, pues me parecía lo normal. Yo no sé qué se tiene que hacer con el lenguaje y con la RAE, pero sí salen 28 personas hablando y solo una de ellas es un hombre, lo extraño es que sea el hombre que imponga el género al resto.