Carlos Zanón y Pepe Carvalho: algunos problemas de identidad

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El detective Pepe Carvalho creado por el añorado Vázquez Montalbán vuelve a pisar las calles de Barcelona con la música de bajo de Carlos Zanón. Una percusión que se te mete en las tripas.

 

 

 

 

Texto: ANTONIO ITURBE

 

Aceptar por parte de Carlos Zanón continuar la serie de un icono como Pepe Carvalho creado por un mito como Vázquez Montalbán parecía un pésimo negocio. Pero Carvalho ha cimentado su vida en negocios tan malos como la conciencia de clase o el levantamiento de alfombras donde la Barcelona rutilante esconde la mugre que nadie quiere que vean las visitas. Zanón ha cumplido el encargo de la editorial Planeta a su manera: no buscando remedos ni imitaciones, sino escribiendo de principio a fin una novela de Carlos Zanón. Una novela con toda esa pegada poética suya que hace del desencanto una de las bellas artes, con esa melancolía soñadora del hijo del taxista que lleva dentro, con una capacidad de hipnotismo que te deja pegado a la página. Carvalho ha de resolver varios casos de sangre y mezquindad, pero sobre ha de resolver el más difícil de todos: saber quién es Pepe Carvalho en esa ciudad que es nueva pero es la de siempre, porque al final siempre estrangulan los mismos.

Carlos Zanón me cita en el territorio de Pepe Carvalho, en la Plaza Real de Barcelona, donde la apertura de una comisarñía de los Mossos d’Esquadra en las Ramblas, a treinta metros, no la ha vaciado de descuideros, buscavidas y tipos que están parados en una esquina esperando que sucedas algo. A esa hora del mediodía el Glaciar está vacío, con un olor a tabaco antiguo de los viejos tiempos, congelados en algún pasado remoto. Que Zanón no quiere hacerse pasar por Vázquez Montalbán salta a la vista desde la primera línea del libro. Salta a la vista desde el momento en que pide kétchup para acompañar el lomo a la plancha.

En esta novela, donde se habla poco de política, algo de gastronomía y mucho de miradas interiores parece que hay menos conexión con el Vázquez Montalbán de las novelas de Carvalho que con el Vázquez Montalbán poeta…

Y así es. Para mí la conexión era con su poesía.

¿No te pesó pensar en los quebrantos que te podía traer atreverte a retomar un personaje tan arraigado en el imaginario colectivo y tan venerado?

No pensé en beneficios ni en perjuicios. Me hacía ilusión, eso era lo importante. Las cosas me hacen ilusión o no me hacen. Y esta es de esas cosas que son muy especiales para mí.

¿El Pepe Carvalho de 2018 de qué materiales está hecho?

De los materiales de siempre: conocimiento, decepción, lealtad, integridad, cinismo, escepticismo, ternura…

¿Lealtad y cinismo compatibles?

La lealtad es lo que te hace no desproteger a los tuyos y no traicionar de dónde vienes. Cinismo es la manera en que te enfrentas a la vida. Los golpes de la vida los administra con una suerte de cinismo que te permite mantener tu integridad.

Este Carvalho tan de vuelta de todo ¿es capaz de amar?

Es una pregunta que me hacía y que flota en toda la serie. Pero amar hasta perder la cabeza, el oremus, incluso la dignidad. Ahí está la novela.

¿Tiene problemas de identidad?

Tiene la sensación de que se hace mayor, de que está enfermo, se ha protegido tanto de no perder la cabeza y no dejarse llevar que quizá ha perdido la vida. Por eso con la Novia Zombie tiene la sensación de apostar a un caballo claramente perdedor pero ya está harto de jugar siempre a la defensiva. Su problema de identidad también es con el personaje que hizo su creador Vázquez Montalbán, su creador, o conmigo como escritor o con la sociedad… hay un momento en que las identidades nos inquietan. Él creía que era catalán y español y de repente le hacen elegir… Esos problemas de identidad de los que habla el título de la novela funcionan a muchos niveles.

En la novela sobrevuela la figura de El Escritor, el creador del Pepe Carvalho literario. ¿Por qué nunca se nombra su nombre explícitamente?

Era una manera de respetarlo. Tuve claro que la manera de respetarlo era no copiarlo, no ponerme sus zapatos. Pensé de qué manera me gustaría que me respetar y sería esa.

¿En qué se diferencia esta Barcelona de 2018 de las anteriores entregas?

La Barcelona de aquel Carvalho está herida sentimentalmente debido a la pérdida de la identidad emocional en la transformación de la ciudad. Eso era muy importante para Vázquez Montalbán, pero para mí no tanto y yo no podía jugar a que era importante para mí, si no lo era. Barcelona ahora es una ciudad más enfrentada a lo que es de verdad. Antes nos regodeábamos mucho en la derrota, en ser eternos perdedores y ahora tenemos que afrontar que podemos ganar champions, que somos una ciudad potente y nos queda más feo el traje de nuevo rico. Es una ciudad más impersonal, pero que se transforma, que no se ha quedado atrapada.

¿A Carvalho le gusta esta nueva ciudad de brillo internacional?

Una de las cosas que tenía claro que había aspectos de la ciudad que le gustarían. Seguro que le parecería muy divertido que Ada Colau fuera alcaldesa. ¡Alguien que iba vestida de súper-héroe anti-desahucios acaba siendo alcaldesa!

¿Se llevarían bien Carvalho y Colau?

No lo sé. Lo que le parecería bien es que se hubiera roto el monopolio de una determinada casta de gobernar siempre los mismos, aunque tal vez lo vería como una oportunidad fallida de mucho ruido y pocas nueces.

La tradición carvalhiana marca que el contexto político tiene un lugar importante en las historias. No eludes las referencias al procés en la novela. ¿Cómo lo vive Carvalho?

Vazquez Montalbán tenía el mundo en la cabeza y a nivel político era muy potente y que hace años que se ha muerto y yo a veces me pongo a pensar en cómo me descifraría él la realidad porque tenía esa capacidad. Yo en eso no me podía meter porque no tengo esa capacidad ni tampoco me importa tanto. Lo que sí tenía claro es que Carvalho siempre da hostias a un lado y al otro. Carvalho se posiciona con las víctimas, pero también da hostias a las víctimas. Es un personaje de izquierdas pero le molesta la demagogia de izquierdas. Así que en este lío se hubiera posicionado dándose cuenta que era una lucha entre dos derechas y que todos han cometido errores y que la verdad no está en un solo sitio.

En esta Barcelona de la cocina de fusión y las estrellas Michelin, te llevas a Carvalho de degustación por bares chinos de tapas, ¿no es una irreverencia?

Es imaginar cómo se abocaría al abismo Carvalho. Más que incidir en el prototipo del detective alcohólico en lo que más se castigaría sería en eso, en una ruta de bares chinos.

Eso también es Barcelona…

¡Desde luego! Si quieres tomar una tapa española de las de antes tienes que ir a parar a un bar de los chinos, no puedes ir al sitio del estilo del Bulli. Con la comida no podía hacer lo mismo que hacía él, yo no soy tan gastrónomo. Aporto mi enfoque. Mi Carvalho tiene problemas digestivos y no puede comer apenas nada, pero aun así cocina, aunque sea para tirarlo.

Carvalho se pasa la novela buscando lo que lo destruye, desde la Novia Zombie a la chistorra. ¿Es un suicida emocional?

La escritora que aparece en el inicio le dice que vive la vida como un suicida, como Shelley, que se mete en la tormenta cuando no sabe nadar. Carvalho está en modo “¡a reventarlo!”. Está enfermo pero no quiere morirse enfermo, hay un cierto nihilismo de “dejadme morir como yo quiero”. Y luego está la parte en que al llegar a cierta edad y mirar atrás todas aquellas cosas que evitamos para no hacernos daño, pensamos: “igual teníamos que habernos hecho un poquito de daño”. Tiene un halo de vampiro Carvalho, parece que en el fondo quiere que le claven una estaca en el corazón y lo maten. Busca algo por lo que morir.

Está más cascarrabias, más áspero ¿son cosas de la edad?

No quería hacerlo el típico gruñón que da la tabarra con lo maravilloso que era el mundo en su juventud. Es más violento, incluso injusto con Biscuter. Supongo que te haces fuerte en tus pequeñas certezas, aunque ni siquiera sean del todo ciertas. Él se da cuenta de que está siendo injusto, pero ya para lo que queda, no va a pedir perdón.

¿Qué mueve a Carvalho?

Conocimiento y decepción, Esto era muy importante. Él se engancha a la historia de Novia Zombie porque no la entiende y surge el detective que lleva dentro que quieres saber, que quiere entender eso para tomarlo o dejarlo.

Se dice en cierto momento que en la serie de Carvalho estaban los recuerdos y los fantasmas de Vázquez Montalbán. ¿En este libro están también los fantasmas de Carlos Zanón?

Sí, absolutamente. Yo creo que encontré la clave cuando saqué a Carvalho del libro y lo volví a meter, pero era el mío. Yo no podía escribir el libro con los fantasmas de otro. Debían ser los míos para que la novela tuviese verdad. Para que el libro llegue a algún sitio que sea verdadero, tú tienes que estar ahí.

Escribes “Los náufragos salvan los barcos que los rescatan”. ¿Los perdedores hacen a los vencedores?

La redención funciona en el otro sentido. Los cuidadores deben más a los enfermos que los enfermos a los cuidadores.

De las pocas chapas que le clavas en la pechera a Carvalho una es “el carácter es el destino, es de las pocas cosas en las que creo”.

Estoy seguro que esto lo suscribiría. Igual que la idea de que eres lo que te va a pasar. Hay gente que teniéndolo todo muy complicado sale adelante, y otros con todo a favor no va a ningún sitio. Lo que importa no es lo que tienes ni lo que consigues sino cómo eres tú.

Hay salpicadas en el texto, ya lo has hecho otras veces, frases en catalán. ¿Por qué esa mezcla?

Porque somos mezcla. Son algunas pocas frases y se pueden seguir por el contexto. Y si a alguien lo frena esto es por un prejuicio que no tendría con el inglés o con el francés. Barcelona suena a bilingüe. Para describir Barcelona con todo en castellano todo el tiempo has de hacer un esfuerzo en ficcionar algo que no es así. Creo que no hay ningún problema para el lector y es una manera de reivindicar este mestizaje popular. Los que somos de aquí escribimos un castellano catalanizado y a veces te lo echan en cara, pero lo curioso es que si eres un autor colombiano con sus localismos te dicen que enriqueces el lenguaje. Yo trato de transmitir la lengua que suena en la calle, que sea tan natural como respirar.

Has sido bajista –aunque dices que malo-, cantante letrista… ¿la literatura no deja de ser música?

T. S. Eliot decía que la poesía a medida que se aleja de la música se aleja de la poesía y yo creo que la literatura siempre es música. Nos gusta un texto traducido del ruso porque hay música. Cuando lees un texto tuyo en voz alta te das cuenta lo que no funciona. Los primeros capítulos suelo leerlos en voz alta para saber cómo suenan. A mí en una novela más que la trama me interesa cómo suena. Es como en una ópera, la importancia está en el tono, los arreglos, el ritmo, el corazón de eso… eso es casi todo para que yo pueda a escribir. Si falla esa música se me cae la novela. Tampoco soy muy bueno en las tramas ni en las descripciones., así que pende del tono como de un hilo, del tono y la intensidad, esa es mi baza. Otros autores tienen grandes argumentos y su argamasa es otra. Pero yo me muevo sobre un alambre tratando de no caerme. Es como en el cine,, cuando dices, esta escena me gusta, porque te gusta el diálogo, pero también el encuadre, la luz, la música de fondo, tú al leer lo percibes todo a la vez y por eso en una novela ha de suceder igual: todo ha de ser bueno. Para mí escribir es como hacer música. Escuchas a Fran Sinatra y es como canta, sí, pero también es esa orquestación, es el todo, tú percibes que ahí hay algo.

¿Y notas ese “algo” cuando estás escribiendo?

A veces sí. Noto ese algo que va más allá de lo que sepas del oficio y lo que sepas racionalmente, es algo muy intuitivo. En realidad, llegamos a escribir de manera intuitiva. Colocas las palabras porque te suenan bien, no pones la plantilla. No sabemos por qué, pero de repente esas palabras funcionan y hay es fascinante cuando a veces te das cuenta que esa página no sólo la ha escrito tu cerebro racional y tu oficio sino que hay algo misterioso que ha brotado.

Te he oído contar que piensas mucho en los capítulos de tus libros, les das muchas vueltas y luego te sientas y escribes a borbotones. ¿Es un método de poeta?

La poesía son palabras chocando, sigues el camino de las canicas a ver dónde te llevan. Sabes que tienes algo que necesita ser explicado en palabras y al principio no sabes ni lo que quieres decir hasta que le das un sentido. Y a veces el lector le da otro y eso también es válido, porque también está ahí.

Este Carvalho no es una novela policiaca de aeropuerto, para bien y para mal, porque quizá comercialmente pueda tener menos gancho porque es más exigente con el lector. La escena en que hablan las muertas con la boca llena de tierra es surrealista y maravillosa…

El personaje de Carvalho es tan potente que no se desmenuza, aguanta eso. Lo que sí tenía claro es que tenía que ser un libro con el que yo me sintiera bien por delante de que me leyeran mucho y me sintiera mal porque había hecho algo rutinario o barato. Eso para mí habría sido terrible. Yo cuando meto una escena como la de las muertas estoy exigiendo un nivel que no es el del blockbuster pero me planteo: ¡juguemos! Me han pedido que haga este Carvalho y yo escribo así.

Cuando uno empieza a escribir a veces es quien cree que los demás esperan que sea. ¿Tú estás en la senda de ser quien quieres ser?

Es cierto que intentas ser lo que los demás quieren que seas para que te acepten. Pero para mí sería una tragedia no estar ahí. Yo en todo lo que he escrito nunca he mentido. Me puedo equivocar, claro. Pero no miento cuando escribo. Esto es lo que soy, si no te gusta me sabe mal, pero es así. Quim Monzó dijo una vez que teníamos que perseverar como escritores en nuestros errores porque esos son realmente nuestros.

¿Cuál es tu idea de la literatura?

La literatura es una manera de entretener, me gusta la idea de entretenimiento

¡Dicho por un poeta suena raro! No sé si me lo creo…

Para mí lo perfecto son estas pelis americanas en que el guion es buenísimo, el director buenísimo y además entretenían. Eso es el ideal de lo que me gustaría hacer.

¿Pero para entretener a veces no hay que bajar el nivel?

No siempre. La gente también espera que estiren un poco de ella, a veces has de exigir un poco al lector y el lector te sigue. La literatura y la poesía hay un momento en que te desvelan, te sacan el velo de algo. Siempre fracasas en el intento de llegar al hueso de lo que es la vida, lo que eres tú, lo que quieres ser. Pero hay momentos de la literatura que te lo enseñan. Yo cuando leí Cien años de soledad no sé decir en qué momento pero noté que esa voz sabía algo de la vida y de la muerte que yo no sabía, algo muy bestia. O Cortázar con la Maga… En la poesía a veces hay un verso que te revuelve la cabeza. Me gustan los libros que intentan eso y no me gustan los que no lo intentan. Hay algo que trasciende lo que tú sabes y eso es lo que conmueve. Todos los que escribimos intentamos eso… ¡Lo intentamos, joder!