Novelas rojas: historia del pensamiento radical

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La ACEC (Asociación colegial de escritores de Cataluña) organiza dos jornadas dedicadas a las novelas rojas durante hoy lunes 6 y mañana martes 7. 

 

 

 

 

 

Texto: REDACCIÓN

 

 
Se podría decir que todo empezó en 1907 cuando apareció El cuento semanal, una colección de novelas literarias que se vendían en los quioscos a bajo coste y que consiguió reunir a un número inmenso de lectores. Se calcula que las tiradas de cada obra rondaban los 50000 ejemplares y es que el aflujo de lectores, impensable a día de hoy, no solo convirtió El cuento semanal en un fenómeno editorial y cultural sino que abrió la veda para proyectos similares. Pero, ¿qué tenía El cuento semanal para atraer a tanta gente? Textos cortos y accesibles y precios muy bajos. Estos dos elementos fueron esenciales para ampliar el público lector de la época: los libros ya no eran cosas de una élite intelectual y económica, sino que gracias a El cuento semanal entraron en las casas de la pequeña burguesía y del proletariado, que encontró en aquellas breves novelas una nueva forma de ocio. 
Tras El cuento semanal aparecieron muchas más colecciones de quiosco, La novela de hoy, La novela mundial o El cuento azul son solo algunos ejemplos. De esta manera, se rescató la tradición de la novela de folletín, que tanto éxito había tenido en países como Francia e Inglaterra, y, como señalaba en José Luis Melero en un artículo para Rolde. Revista de cultura aragonesa, se permitió que más de un escritor pudiera “vivir por fin de la literatura, al pagar las editoriales sumas considerables por sus originales”, convirtiendo, en muchos casos, a los escritores en “personajes auténticamente populares”. Este fenómeno de lo que podríamos denominar como “literatura de quiosco” favoreció también la creación de colecciones de novelas políticas: el éxito de dichos libras abría la posibilidad de divulgar ideas políticas a través de ellos y, sobre todo, de difundir dichas ideas entre un gran número de personas, que, a priori, no tenían que estar forzosamente politizadas. Surgieron en torno a los años veinte varias colecciones vinculadas al pensamiento anarquista, revolucionario y antirreligioso, entre las cuales cabe destacar la colección Novelas rojas, cuyas novelas favorecieron a la difusión de las ideas y principios inspiradores de la Alianza de izquierdas. Definidas con la etiqueta de “novelas proletarias”, las obras publicadas dentro de la colección Novelas rojas fueron particularmente importantes en la formación intelectual de una clase en ascenso: los obreros industriales que aspiraban a mejorar la sociedad y organizarse contra los abusos.
Como recuerda José Luis Melero, la colección Novela Roja nació en 1922 y duró hasta 1931; a lo largo de estos años, dicha colección pasó por tres distintas etapas, de la que seguramente la más relevante fue la primera, durante la cual se publicaron alrededor de 50 títulos y entre los autores Melero destaca, además de Gil Bel, “Salvador Seguí -que publicó Episodios de la lucha en el número 4 y a quien se le dedicó tras su asesinato el número 28 de la colección, con el título de Los mártires del sindicalismo. Salvador Seguí traidoramente asesinado por los enemigos del proletariado-, Federica Montseny, Valentín de Pedro, Federico Urales, Eduardo Barriobero, Ángel Marsá o los aragoneses Felipe Alaiz, Ángel Samblancat -con dos novelas: El terror: brochazos de la represión de Barcelona y En la roca de La Mola (Memorandum de un confinado)”.
Precisamente a las Novelas rojas, hoy olvidadas a pesar de su relevancia social y política,  la ACEC (Asociación colegial de escritores de Cataluña) dedica dos jornadas que empiezan hoy con una sesión dedicada a  Ángel María de Lera, un escritor actualmente olvidado por el gran público y, sin embargo, imprescindible para entender la figura del escritor comprometido con la política y la defensa de los derechos de los escritores españoles en la segunda mitad del siglo XX. Lera fue uno de los grandes cronistas de la Guerra Civil, así como de la derrota y la represión franquista. En 1939 fue condenado a muerte, si bien la pena le fue conmutada poco después. Fruto de todas estas desdichas surgió una tetralogía, compuesta, entre otras, por Las últimas banderas, novela que fue galardonada con el premio Planeta de 1967. Escritor de largo recorrido y periodista, Lera fue además el fundador en 1976 de la ACE, Asociación Colegial de Escritores, entidad nacida para velar por los intereses de los autores. En la segunda jornada, Marga Iriarte moderará una conversación entre Gonzalo Santonja, escritor, ensayista, autor, entre otras muchas obras, de Las novelas rojas, y Ferran Aisa, escritor, historiador imprescindible para entender la evolución del anarcosindicalismo y los movimientos sociales en la Barcelona del siglo XX, La huelga de la Canadiense es su obra más reciente. 
Actividades de este tipo no solo sirven para rescatar una tradición literaria hoy completamente olvidada, sino para recomponer la historia del pensamiento anarquista y radical, cuya vigencia no está nunca de más reivindicar.