Una romántica voz, singular y señera, recuperada

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La editorial Somos Libros publica una antología de poesías de la poeta Marceline Desbordes-Valmore

 

 

 

 

Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

 

Que la gran poesía es perenne y que esta prevalece a las modas, aunque coexiste con ellas y el olvido, y también soporta el tiempo y la desatención, es un hecho innegable. Pero, cuando se la busca ella se deja encontrar, y esto es lo que ha hecho la editorial Somos Libros en su colección Mitades de una gota, o sea ha recuperado ante el silencio editorial la poesía de la romántica francesa Marceline Desbordes-Valmore (Douai, 1786-París, 1859), una voz singular y señera, a la que seguirán la poeta madrileña, de la Generación del 27, Concha Méndez; la reconocida poeta rusa, de la Edad de Plata de su literatura, Zinaida Hippius y la poeta milanesa, representante de la poesía crepuscular italiana, Antonia Pozzi.

Esta cuidada edición bilingüe de la poesía de Desbordes-Valmore cuenta con un inteligente e ilustrativo prólogo de Pere Gimferrer y una brillante traducción de Valèria Gallard. Además hay siete poemas manuscritos, su firma, y dos fotografías de la poeta. Son 22 los poemas elegidos. Antes unas notas explicativas del porqué de Mitades de una gota y un texto de Linda Penelo, directora editorial, sobre Marceline Desbordes-Valmore, la amante incondicional.

Cabe apuntar que la traducción de Gallard ha pergeñado la letra y el espíritu de la poeta de forma impecable, mostrando la fascinación y esencia de esta poesía, en la que prevalece el amor y el desamor, el alma errante, la inconstancia, las cartas y recados, los presentimientos y las amistades, la noche, la luz, el día brillante, el sol que da vida, también de la muerte cercana: “Viendo el sol aún tan lejos del atardecer,/ me decía: ¡Dios! ¡Mi madre tiene suerte!/ El reposo la sorprende nada más sentarse;/ pero, claro, ¡no está enamorada!/ Y yo cerraba los ojos para soñar la felicidad,/ y mis ojos te veían tendido en el umbrío bosque;/ y cuando tú en la sombra gemías, el sol me abrasaba el corazón”.

También hay recordar que esta poeta es la única mujer que aparece en aquel famoso ensayo, primera antología de la poesía moderna, de Paul Verlaine Los Poetas malditos (1884). ¡Ahí es nada! Por cierto, existe una excelente y reciente edición y traducción de Manuel Martínez-Forega, Los poetas malditos (Pregunta, 2018).

De Marceline Desbordes-Valmore dicen que fue una poeta sin formación, una artista autodidacta que tuvo una vida de fatalidades: “Antaño la amistad, las delicias del estudio/ llenaban sin esfuerzo mis horas de reposo”, explica en unos de sus versos. Pero, a pesar de todo, consiguió hacerse un hueco en la historia de la literatura con unas nueve obra publicadas, como una de las grandes poetas del Romanticismo: “¡que vivas mucho tiempo y no ames nunca más!”

Marceline Desbordes-Valmore fue escritora, pero también fue pintora, actriz, comediante y cantante de ópera, una mujer que se movió y dejó huella en el margen de la vida y del Romanticismo francés. Su existencia no fue nada fácil desde la misma infancia, consecuencias de la Revolución francesa y dramas familiares, perdiendo pronto a su madre: “sola, ante la tumba de mi madre muerta”. Y después a su hijo: “¡Todo lo perdí! Mi hijo, por la muerte,/ y, ¡en qué momento! Mi amigo, por la ausencia,/ no me atrevo a decirlo, ¡ay!, por la inconstancia;/ esta duda será el único bien que me dejó la suerte.” Hay que apuntar que se casó con el actor Prosper Valmore, un matrimonio del cual nacerán cuatro hijos, sólo uno de los cuales sobrevivirá a su madre. Además, se dice que la poeta tuvo un amante, Henri de Latouche, con quien mantuvo una relación pasional.

Desbordes-Valmore publicó sus primeros poemas, Les Élégies, Marie et romances (1819). A la que seguirán otras varias hasta las Poésies de 1830. Esta última recopilación le permitirá hacerse un nombre en los corrillos artístico románticos de aquel entonces: junto a Lamartine, Balzac, Dumas y Baudelaire, entre otros. Después abandonó el teatro para dedicarse íntegramente a la escritura, adquiriendo reconocimiento en el ámbito literario de la época. Aparte de algunos libros de poesía, también escribió una novela autobiográfica y varios cuentos para niños.

Así, pues, ante esta gran noticia de la recuperación de la poesía valmoriana para las personas lectoras de Poesía, no nos queda por menos que (re)leer esta edición bilingüe de los Poemas elegidos de Marceline Desbordes-Valmore: “Al borde de mi tumba ignorada,/ ¡Dios! con esta lengua lacerada,/ un nombre querido podrá alcanzarme aún,/ para decirme, ¡terrible noticia!/ que estaba sola e infeliz,/ ¡olvidada ya antes de morir!” Esta poeta sabía bien el qué y el porqué, pues “el indiscreto no tiene alma, ni intuye nada”. 

El alma errante

Soy la plegaria que pasa

por la tierra despojada;

soy esa paloma airosa,

y busco, Amor, tu morada.

Emprendo la ruta fecunda,

colecto la vida aquí y allí,

voy por el mundo vagabunda,

del soplo de Dios me así.

El soplo depuró el amor

que vertía mi hondo cantar

y repartía su santo fervor

para el pobre cautivo ofrendar.

Y aquí estoy alabando ahora

mi único haber, el pasado,

volando de aurora en aurora,

hacia un futuro indescifrado.

Voy al desierto de aguas vivas

para lavar mi corazón alado,

porque sé que hay otras orillas

¡para los que no te han encontrado!

Y veré alzar las falanges

de pueblos famélicos, muertos;

cómo se van los ángeles,

expulsados y por fin devueltos.

Soy madre, dejadme pasar,

pediré de nuevo a la suerte

los frutos de una flor del azar,

niños robados por la muerte.

Creador de sus tiernas gracias,

tú que cuentas los lamentos,

dime si con un mar de lágrimas,

¡mis hijos me serán devueltos!