Jordi Llobregat: “¿A qué lector no le gusta un buen asesinato?”

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El festival Valencia Negra llena otra vez de pólvora la ciudad

 

 

 

 

Texto:SUSANA PICOS

 

Más de un centenar de actividades desplegadas en 50 sedes para que la ciudad entera se tiña de negro: encuentros con autores, bibliofórum, representaciones teatrales, ciclos de cine, talleres de escritura y sobre todo mucha charla sobre el aquí y ahora de la novela más oscura, que a veces es la que mejor ilumina la sociedad en que vivimos.

Este fin de semana se cierra el festival pero aún queda mucho por ver. El sábado 18 arranca la mañana en la FNAC con autores locales como Núria Cadenas, Julia Alandes, Anna Moner, Joanjo García o Raquel Gámez. Y por la tarde, en Fundació Bancaja, los últimos encuentros de este año con la participación de Javier Castillo, Cesar P. Gellida, Felix J. Palma, B.A. Paris, Miguel Hernández y Víctor del Árbol. Durante ese mismo sábado se irán entretejiendo otras muchas otras actividades: clubs de lectura, juegos de mesa, talleres infantiles, teatro, cine y conciertos de música por la noche.

Al día siguiente, el domingo 19, el festival toma la calle y se celebra con todos los autores, una firma conjunta en la Casa del Libro. Además será una firma con tapa de jamón y copa de vino por gentileza del festival para aquellos que consigan su libro dedicado.

Jordi Llobregat, director de VLC Negra encuentra un hueco en esta agitada semana para contarnos.

¿Qué destacarías de esta edición?

El festival ha programado 112 actividades en diez días y 46 sedes repartidas por toda la ciudad de Valencia y los municipios de Quart de Poblet, Rocafort y Font de la Figuera. Destacar algo en concreto es complicado, excepto el hecho de la enorme respuesta del público que ha llenado las salas y el gran nivel de los participantes. Pero creo que lo más importante en esta edición es la apuesta que ha hecho el festival por la visibilización de la mujer escritora. Es la línea de trabajo que decidimos impulsar y que, de forma simbólica, se concretó en que emitimos todas las invitaciones internacionales a escritoras. En esa línea, el festival apoya y difunde la campaña de la ONU #HeForShe. Como festival entendemos que el talento y escribir grandes historias no depende del género, pero sí la presencia y visibilidad en el mercado. Sensibilizar respecto a ello nos ha parecido muy importante. En este sentido, estamos muy satisfechos de comprobar la evolución que ha seguido el festival de forma natural. En la primera edición, la presencia de escritoras era del 10%, en esta edición se sitúa en un 64%.

¿Valencia, por su querencia por la pólvora y el fuego, tiene una especial predilección por la novela negra?

Lo cierto es que, en los últimos tiempos, han aparecido muchos y muy buenos autores del género en Valencia. Como en cualquier otro lugar del país, hay materia prima de sobra. Valencia se asocia a la luz, pero cuando el sol se pone, la oscuridad domina las calles y la otra cara de la ciudad asoma, como el mismo Ferrán Torrent nos contó ya hace más de treinta años. El éxito del festival entre los valencianos se debe a que el género tiene un gran atractivo entre los lectores, pero es lógico porque ¿a quién no le gusta un buen asesinato?

¿Crees que existe una literatura negra mediterránea?

Sin duda, desde hace mucho. Y no es que lo crea yo, es que, en realidad, es un hecho. Hay, al menos, un centenar de autores (si no más), que escriben en media docena de idiomas distintos, que podrían considerarse dentro de esta calificación. Los “capos” o más claros exponentes serían Petros Markaris, Andrea Camilleri y Manuel Vázquez Montalbán. Parafraseando a Markaris cuando le preguntan al respecto, en las historias escritas por novelistas de origen mediterráneo, el detective o policía come realmente bien, la comida tiene un espacio destacado en el relato, mientras que los protagonistas de las historias de autores anglosajones o nórdicos beben mucho y picotean cualquier cosa. Existiendo otras características propias, tan solo ya esa diferencia relacionada con la cultura gastronómica hace evidente la existencia de una literatura negra propiamente mediterránea.