Natàlia Cerezo Un pez dorado y silencioso

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Natàlia Cerezo debuta en el mundo literario con quince cuentos recogidos en un volumen titulado En las ciudades escondidas (Rata Books)

 

 

 

Texto: JOSÉ MANUEL GÓMEZ LUQUE

Foto: ARIADNA ARNES 

 

Natàlia Cerezo debuta en el mundo literario con quince cuentos recogidos en un volumen titulado En las ciudades escondidas. Son relatos esenciales que abordan emociones primarias y universales con una maestría inusual en una debutante. Tras la lectura de los cuentos se queda un aroma que permanece agazapado mucho tiempo después, tan silencioso como los peces dorados. En las ciudades escondidas se sustenta en tres pilares: un estilo muy directo, argumentos sencillos —con el denominador común temático de la pérdida— y un esmerado cuidado por los detalles.

“Hablo de la ciudad contemporánea, en permanente construcción y destrucción. […] La ciudad de la que no podemos salir nunca sin caer en otra idéntica aunque sea distinta; la ciudad, realidad inmensa y diaria que se resume en dos palabras: los otros”. Estas palabras de Octavio Paz bien podrían ajustarse a la visión de las ciudades que tiene la autora: escribe sobre los sentimientos de los otros para contar sus propias emociones. En el texto que Natàlia Cerezo escribió para la cubierta de su libro encontramos su verdadera dimensión artística y una buena parte de su poética: “Al final los cuentos son como intentar pescar un pez sin red. El agua es un espejo fresco y el suelo es barro entre los dedos de los pies. El pez tiembla un poco y tú le tocas las escamas un segundo y entiendes que si lo atrapas se morirá, y lo dejas marchar, dorado y silencioso”. La autora está viviendo la publicación del volumen con una enorme sorpresa y emoción porque nunca pensó en la edición de su obra; más bien aspiraba a tener sus cuentos impresos y encuadernados casi para ella misma. Quizá de aquí su sonrisa y las carcajadas con las que entrevera permanentemente la conversación. Como sus cuentos, ella misma tiene un punto de timidez, de ingenuidad, de inocencia y mucho, muchísimo, de verdad, de autenticidad.

¿Cree que el cuento como género está viviendo una segunda juventud?

La verdad es que no estoy muy puesta en cosas de ahora. Y a lo mejor tendría que hacer algo. No sé. Yo siempre he leído mucho cuento y sí que es verdad que a partir de que le dieron el premio Nobel a Alice Munro hubo un repique aquí y sí que han traído cosas interesantes. Pero bueno, cuando no encuentro algo me lo compro directamente en inglés. Mi literatura es más bien anglosajona. Su tradición es tan rica con los cuentos —Munro, Carver, Plath…— que alcanza un nivel muy elevado. Aquí el cuento es un género que se trata de manera condescendiente. Me ha sorprendido que a mí la gente siempre me diga: “¿Y para cuándo la novela?”. Y yo pienso: ¿Para qué? Yo no quiero hacer novela.

¿Cuál es el hilo que cose En las ciudades escondidas?

He ido enlazando los momentos en que te haces mayor. Hay momentos en la vida en los que pierdes esa inocencia que tienes por defecto, cuando naces. Y me interesaba hablar de grandes temas, pero también de las cosas pequeñitas. Yo trabajo a partir de sensaciones. Y la pérdida de la inocencia me permitía hablar de la pérdida de una persona querida, hacerte mayor y ver que ya nada es lo que era, el no entenderte con tu pareja… Todo eso para mí conlleva cambios pequeños o muy grandes.

¿Qué función desempeñan los entornos y paisajes donde se desarrollan las historias?

Los paisajes juegan un papel muy importante. Se puede hacer el cliché ese de llueve y estás triste, pero creo que hay que darle una vuelta. Yo trato de que cada detalle que haya en cada cuento tenga un sentido y cumpla una misión. El tiempo meteorológico, los colores o lo que llevan puesto los personajes deben tener una razón para estar ahí. Soy muy maniática con eso. Siempre tengo que saber por qué está cada cosa está puesta ahí y qué estoy transmitiendo con eso. Y luego pasa que cada lector se monta sus paranoias. Y eso es muy bonito también.

¿Prima la invención o la “copia del natural” en cuentos como Incendio, el primero y uno de los más interesantes del libro?

Es todo ficción, pero el camping existe, es de verdad y también se quemó. Te das cuenta de la importancia de haber tenido un sitio así, muy potente, un sitio donde te sientes feliz cuando eras pequeña; puedes ir al río, puedes montar en bicicleta, puedes tener un contacto con la naturaleza que no tienes el resto del año, que te hace volver a ser un poco animal. Y quería jugar un poco con eso. Me parecía muy potente la imagen de que el camping se queme y ya está, ya lo has perdido. Y aunque vuelvas después ya no vuelves al mismo sitio.

El camping, la playa, el Mediterráneo y, de repente… Norte.

¡Es que me gusta mucho la nieve! De hecho, detesto el verano. La nieve me gusta y da mucho juego. El cuento “Norte” está situado en el centro del libro. Me apetecía escribir sobre un paisaje en que estuviera nevando porque apenas tengo la oportunidad de ver la nieve. Como todos los demás cuentos, “Norte” trata del tránsito al mundo adulto. Aunque el paisaje es muy distinto al resto, por eso pensé en no incluirlo, pero al final me decidí a dejarlo porque era el primero que había escrito y ahí estaba ya todo lo que yo quería transmitir… ¡Y además había nieve!

¿Cómo ha realizado la selección de los relatos?

Los cuentos están muy reescritos. Hay algunos de dos páginas para los que llegué a tener más de diez. O tres o cuatro versiones diferentes de un mismo cuento. Para mí todo es prueba y error. Voy probando diferentes narradores, si prefiero una tercera, si prefiero una primera… Hay un cuento, el que sucede en el pantano, que al principio formaba parte también de los del camping, y cambié el punto de vista y de repente todo cambió: Deseché que sucediera en el camping, lo llevé al pantano, los protagonistas, que iban a ser niños, finalmente fueron jóvenes… Narro mucho en primera persona porque es una forma muy cómoda de dar al lector pistas sobre las emociones. Aunque el personaje no se dé cuenta bien del todo de lo que está pasando, el lector sí lo conoce a través de sus emociones, de cómo lo está viviendo. Y de hecho cuando escribo en tercera persona lo hago de una forma muy enfocada, es casi como escribir en primera. Más allá del tema de la pérdida, los cuentos tienen poca cosa de unidad. No sé, supongo que el ambiente, los sitios, como el camping. Es todo un poco agreste. Incluso las ciudades creo que son poco ciudad porque los dos cuentos en las que aparecen la acción se sitúa en una terraza…

Su propia voz, su estilo, ¿es también un elemento unificador?

Tuve mucho trabajo para hacer un estilo que no me diera rabia porque tengo mucha inseguridad cuando escribo. Quería encontrar un estilo que fuera muy sencillo y muy visual. No sé si lo consigo, pero lo que me gustaría es que el lector entrara y que no tuviera la sensación de estar leyendo, sino de estar viendo. Pensaba que para conseguir eso necesitaba en vez de escribir frases muy grandilocuentes con mucha adjetivación, mucha subordinada, tenía que tirar hacia simplificar mucho, pero no sé si no queda demasiado simple… Llevo escribiendo desde que tenía doce años. ¿Y qué escribía? Pues poemas en la playa con caracolas pegadas y eso. Luego encontré a un profesor que me enseñó a leer. A partir de ahí me dije que lo que había escrito hasta ese momento no valía para nada y decidí dedicarme a hacer solo lo que me gustaba. Me he pasado años trabajando. Sin seguridad, pero también sin miedo a borrar una y otra vez porque algo no me sirve. A menudo, en las primeras versiones de cada cuento veo que falta concentración, que son como habitantes de un país gaseoso.

En No trata un tema de mucha actualidad…

Por suerte nunca he padecido una situación así, de agresión, pero es un miedo que tenemos las mujeres muy adentro: siempre sientes que hay ese peligro de que te pueda pasar algo. No estoy muy puesta en la actualidad, pero la violencia es algo que me pone enferma. Termino enterándome de todo porque trabajo como correctora en un periódico, y a menudo lo que llega es bastante deprimente. Está muy bien que ahora se esté denunciando y que ahora esté empezando a salir toda la mierda que hay. Lo que recojo en el cuento es la historia de una pareja que está empezando a romper. Y cuando empieza la violencia no sabes hasta dónde va a llegar. Uno de mis mayores miedos es estar con alguien y que de repente te des cuenta de que esa persona no es la que conocías. Y que te ha hecho daño. En el caso de “No” es daño físico pero puede ser de otro tipo. El final de este cuento lo tenía muy claro porque pensé: ¿Qué haría yo si me encontrara ahí?

¿De dónde viene el título de En las ciudades escondidas?

Aunque las ciudades aparecen poco, quería dar impresión de que los personajes son complicados y tienen un mapa interior. Tú puedes estar en tu ciudad y conocerla muy bien y caminar por sus calles e ir a los restaurantes que siempre vas y un día tomarás una calle y te sentirás perdido. Y será tu ciudad de siempre. Quería transmitir que es algo que llevamos dentro, algo ruidoso y complicado, muy embarullado. Los personajes están explorándose a sí mismos aunque no se estén dando cuenta.

También me apetecía jugar con el tema de hasta qué punto eres consciente de algo que te está pasando en el instante en que ocurre. A lo mejor no te das cuenta hasta más tarde cuando ya ha pasado y notas que algo ha cambiado tu vida, aunque sea de una manera pequeña.