Versos y poetas para la Feria del Libro

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Nuestras recomendaciones poéticas para la Feria del libro de Madrid

 

 

 

 

Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

 

Este año la 78 edición de la Feria del Libro de Madrid ocupará el Parque de El Retiro del 31 de mayo al 16 de junio y entre los miles de ejemplares que encontrará la avispada persona lectora está el sorprendente poemario Hermosa nada (Bartleby) de Rosa Lentini (Barcelona, 1957). Leerlo es recordar aquel verso de José Hierro en Cuanto sé de mí (La Palma, 1992): “Qué vale nada, todo”. Y es que la poesía de Lentini es todo. Es luz que ilumina. Es fulgor que resplandece. Es memoria viva donde, como en una tela de araña, se cruzan y entretejen los versos. Un poemario poliédrico al máximo, casi redondo; pues tal es el principio y el final: uno no sabe y se queda balbuciendo ante tamaño acierto poético como es iniciar el libro con el poema El soplo del diablo 1 y finalizarlo con El soplo del diablo 2: “Nada interrumpe la noche/ que poco a poco recupera/ su apariencia mineral” o “y desaparece/ mientras la noche esconde en la noche/ su lámpara de hielo”. Antonio Méndez Rubio en el acertado e inteligente epílogo lo explica mejor: “la ventaja de que empiece el final es, de repente, que el final se transfigura sin saberlo en principio.” Un libro que es centro y vértigo de la poesía de Rosa Lentini: “y en tu mirada la consoladora belleza/ de un rostro perfecto”. Y es que a veces olvidamos que la poesía es mirada, es memoria y es lenguaje: “desvela que dar el paso/ será también perder la memoria/ y yo me niego a olvidar”. Una poesía abierta, que se vive, se piensa y se disfruta en el lenguaje: “en la misma dirección del pasado/ mientras en la playa la marea/ borra sus castillos”.

Otro de los poemarios, que también es gran novedad en esta Feria, es Barro del Paraíso (Ars Poetica) del poeta cristiano afincado en Salamanca Alfredo Pérez Alencart (Puerto Maldonado, Perú, 1962) quien nos muestra en este texto la celebración del camino del amor, la verdad y la vida: “Y me hago ministro del misterio. Nada más deseo/ que la íntima llamarada flameando dentro de mí/ junto al cuerpo que sangra por todos”. Se abre con dos citas una de Jesús de Galilea y otra del propio poeta, más una dedicatoria que da cuenta de esa celebración que es el Amor, que a fin de cuentas lo es todo. Como el poeta fiel servidor (ministro) de la Palabra: “Pobres los ricos ufanos de su mezquindad. Ricos los pobres/ en su bien trabada humildad, ayudándonos a ser”. El libro contiene preciosas y significativas tintas del profesor Miguel Elías y un breve texto a modo de epílogo del periodista y poeta Jesús Fonseca. Este poemario no es fácil de leer, se necesita de la complicidad del lector, pues en él hay fervor, pasión, conocimiento y fundamentos de la historia de la salvación cristiana, en una treintena de densos poemas, dato curioso por lo de 33, la edad de Cristo, a quien se reconoce y se homenajea. ¡Ahí es nada, en estos tiempos!

Asimismo estará presente y bien presente la antología de poetas Decir mi nombre. Muestra de poetas contemporáneas desde el entorno digital (Milenio), con selección del reconocido poeta y ensayista Martín Rodríguez-Gaona (Lima, 1969), quien también se ha ocupado de los textos críticos y de las entrevistas a las dieciséis poetas que aparecen.

Solo hay que leer los primeros versos de la poeta que abre esta antología, Decir mi nombre, Cherie Soleil (seudónimo de Patricia Arenillas, Madrid, 1977), su entrevista y los comentarios críticos del antólogo para entender, su poética: “Bailo./ Frente a los hipócritas. Frente a los soberbios. Frente a los que se alimentan de tristeza”. No cabe duda de que escribir poesía es una declaración ética y estética. Tras ella, Sandra Santana (Madrid, 1978), una poeta que no necesita freno, pues tal es su poesía, dado que “el corazón del hombre sigue latiendo marcha atrás”. Silvia Nieva (Madrid, 1979) nos habla de que “Dejaremos las azoteas abiertas para vuestros suicidas”. Camino Román (León, 1981) es poeta del momento: “como si fuese una nana que puede verse”. También, Uxue Juárez (Pamplona, 1981), cual poeta del asombro señala “Y que le crezca así la vejez entre las manos”. María Sotomayor (Madrid, 1982) apuesta por una poesía necesaria “en los balcones de la gente sin ojos”. Mónica Caldeiro (Barcelona, 1984) es poeta de las que “acaricio tu contorno salvaje en playas vacías”. Mientras que Lola Nieto (Barcelona, 1985) es una poeta que “espera al escondite o/ juega”, puesto que nunca sabemos qué somos ni qué miramos. Blanca Llum Vidal (Barcelona, 1986) es de una poesía justa y necesaria: “Huyen los puntos de la recta”. Berta García Faet (Valencia, 1988) es una poeta “paralizada ante el vals y el cunnilingus”. María Yuste (Murcia, 1988) es “Mi mejor ventana al mundo era la televisión y la tierra prometida, California”. Natalia Castro Picón (Menorca, 1988) sorprende con “La libertad es una puerta abierta a los errores”. Sara Torres (Gijón, 1991), lo tiene claro, “Sobre las voces nada sé que pueda explicarse”. Emily Roberts (Ávila, 1991) es un tanto kafkiana en ese salir de aquí como mi meta: “El deseo de estar siempre lejos/ como un animal enfermo”. Gatta Cattana (Ana Isabel García Llorente, Córdoba, 1991-Madrid, 2017): “No es tu oficio el análisis forense/ por más que te empeñes (…) Tu oficio, poeta,// es esculpir utopías/ donde no puede haberlas”. Y Yasmín C. Moreno (Madrid, 1993), poeta de la pregunta sin respuesta: “Luego dejarse llevar/ hasta qué fondo”.

Así, pues, una antología sobre una propuesta poética femenina, aunque también feminista, de lo que se cuece en las redes sociales y toda ella, desde el introito: Canciones eléctricas y oceánicas: Poetas de inicios del milenio y el entorno digital hasta la procedencia de los poemas, no tiene desperdicio. ¡Excelente trabajo, Martín! Pues es una justa y necesaria antología, dado que en ella se ve el esfuerzo, trabajo y lecturas de las poetas, quienes con los útiles del lenguaje, poesía que se piensa con él y que se piensa a través de la voz del ser femenino, conquistan y de qué manera el discurso poético, que siempre he asegurado que será feminista o no será. Mujeres que escriben y crean literatura en y con su propia, singular y señera realidad. Su cuerpo, sin ir más lejos. Creo que es necesaria más poesía feminista y más versos republicanos.

Este escritor, Rodríguez-Gaona es reconocido por su trabajo sobre las nuevas tecnologías aplicadas a la escritura Mejorando lo presente. Poesía española última: posmodernidad, humanismo y redes (Caballo de Troya, 2010) y la continuación del mismo, recién publicada con el significativo título La lira de las masas. Internet y la crisis de la ciudad letrada. Una aproximación a la poesía de los nativos digitales (Páginas de Espuma), que sabe a poco este acercamiento a los y las jóvenes plumillas en las redes sociales. Se muestran las cuadras a las que pertenecen y lo que hacen y hacia dónde van: “Pese a su raíz romántica, la producción simbólica virtual, en su naturaleza efímera, se opone a la trascendencia, a la gloria, pero también al pensamiento crítico o a la belleza abstracta”, Rodríguez-Gaona dixit.

Por cierto, les recomendaría a los y las jóvenes plumillas, sin ir más lejos y dada su calidad, dos libros sobre poesía: La puerta verde. Lecturas de poesía agloamericana contemporánea (Saltadera), de Jordi Doce (Gijón, 1967): una aproximación crítica necesaria y justa a la obra de poetas como Hughes, Plath, Heaney, de la orilla inglesa; y Ginsberg, Simic, Brodsky, Auster y Olds, entre otros, de la orilla norteamericana de la otra parte: un pozo de lúdica sabiduría; y Gozo y misterio de la poesía (Navona) de Osip Mandelstan (Varsovia, 1891-Vladivostok, 1938), con traducción de Víctor Andresco: pura lujuria para los sentidos. ¡Dos buenos regalos para el cerebro!

También estarán presentes en esta Feria a bombo y platillo la apuesta del poeta y profesor Óscar Ayala de recuperar la obra poética de Eugenio Fernández Granell (A Coruña, 1912-Madrid, 2001) bajo el título de Coincidencias. Poesía completa: “Y en la exactitud buscada del común instante”; y una antología de poetas locos bajo el título de Sueños de lirios, con introducción de María Castrejon y epílogo del propio Ayala donde aparecen un centenar de poetas y todos con sus delirios. ¡Qué grandes! ¡Qué poderío de imágenes en sus versos! Son una locura de 600 páginas de poesía pura y dura. Además, de dos poemarios curiosos como son Gris alma (Parnass) de Magda Polo Pujadas (Plana de Vic): “Quiero que te instales en el trapecio de mi mirada”. Y Solo a ti. Prosa poética y fotografía (autoedición) de Helena Selini: textos de amor, vida y muerte en 24 fotografías sencillas, no fáciles, en blanco y negro y color de cuerpos femeninos; una cuarentena de textos y cinco pequeños poemillas no exentos de ironía: “Cortar las flores y esperar que crezca un jardín”. ¡Amén!

Otros poemarios, donde anida conocimiento poético y donde el lector hallará poesía, no paparruchas ni zarandajas, son Gavia (El Desvelo) de Sergi Bellver (Barcelona, 1971): “Por lo que llegué a saberme peregrino en busca/ de una forma invisible y cierta de camino”. La noche que espera (Siltolá) de Juan Payeras: “Tú celebras el don/ y temes la condena”. El mar de cenizas (Adonáis) de José Alcaraz (Cartagena, 1983): “La humedad de mis ojos hace que le duelan/ los huesos a la muerte”. Mapa de la nieve (Puentepalo) de Coriolano González Montáñez (Santa Cruz de Tenerife, 1965): “… olvídame./ No te olvides de olvidarme”. El ojo y la ceniza (Olifante), con prólogo de Manuel Martínez-Forega, del autor de Lugar (Lastura): “Hosco plañe en la voz/ el ser de lo imposible”, Mariano Castro (Zaragoza, 1954): “El rostro ajeno de la casa/ te hace cerrar los ojos”. Biografía del explorador (Navona) de José Ovejero (Madrid, 1958): “Las olas se acercaban a él/ como perros temerosos. Tras ellas el mar”. La voz que me protege (Codex Libraria) de Manuel López Azorín (Moratalla, Murcia, 1946) donde el poeta recuerda en el verso: “Y vuela mi memoria (materia de los sueños)/ a un pasado lejano”. Poeta que también participa en la edición con Sergio García García (joven poeta y doctorando) de la antología poética de Claudio Rodríguez: “Siempre la claridad viene del cielo”, con el significativo título de Don y aventura (Eirene): “Don y aventura: principio y final, o, sencillamente, desarrollo armonioso de una de las voces poéticas más importantes, originales y bellas de la literatura hispánica del siglo pasado”, García dixit.

Además, estará presente Travesía (Chamán), el que creo es el mejor libro del poeta Vicente Muñoz Álvarez. Una poesía crítica con la existencia desde una poética de huida, en busca de esa puerta enclavada en la realidad: “y esa enigmática clarividencia a veces… a veces…” Fragmentos, trozos, poemas en prosa de gran belleza. Muñoz Álvarez es literatura. Asimismo, otro magnífico ejemplo de poesía crítica es Recortes de un corazón herido por la esperanza (Huerga & Fierro) de Matías Escalera Cordero (Madrid, 1956). Es como reza en el título, un preguntarse el poeta sobre la esperanza, desde una cosmovisión histórica y materialista de la existencia de todo, en este presente tan nuestro y extraño: ¿espacio de esa esperanza, tal vez?: “Alguien siempre estará dispuesto a la verdad…// (bendigamos su existencia y su valor…)”. Miguel Ángel Serrano (Madrid, 1965) escribe Lobos del olvido (Bartleby): “Trataba de ser su espejo arrugado”. Jesús Cárdenas (Sevilla, 1973) presenta Los falsos días (Alhulia) y Josep M. Rodríguez (Suria, 1976) coordina la edición de ¿Y si escribes un haiku? (La Garúa): pues eso haikus, escritos por poetas que son curiosos de leer: desde Concha García a Esther Zarraluki, pasando por Isabel Bono, Olga Novo, Luisa Castro, Ana Merino, Juana Castro, Ada Salas o Esther Ramón, entre otros. También hay un espacio final para que el lector escriba el suyo. Más Desorden de Espíritu (Reino de Cordelia) de Juan Carlos Elijas (Tárraco, 1966), con prólogo de Edonard Forêt. Poesía que es un espacio donde el poeta ejerce el ritual de su imaginación literaria, con derecho de ciudadanía en la república del arte poético: “las llamas de la nada, la exigencia del todo”. Y La imperfección (Siltolá) de Carlos Lagarriga (Barcelona, 1966), con epílogo diríase de Carlos Zanón. El poeta en su ironía pide: “llévate e gato y sálvanos, Señor”. Un poemario que nombra y silencia el secreto de la vida para iluminar el fulgor de la poesía en la belleza de sus versos: “para cambiarlo solo de lugar”.

Y por último destacar la reciente aparición en el mercado de la traducción por parte de Francisco J. Uriz de El poeta quiere que la poesía se abra al mundo (Libros del Innombrable): “El tiempo no cura las heridas del tiempo”, del poeta Werner Aspenström (1918-1997). No se lo pierdan y disfruten con esta poesía tan cercan y natural: “A la sombra, sin cosechar, siempre cuelgan algunas reinetas”.

Leer a estos poetas es toda una celebración. Es una poesía que va hacia el futuro. Poesía universal. Poesía crítica. Poesía muy interesante, ya la leerán ustedes. Que hay más poetas y más versos, sí, claro, pero no son estos. Pues estos y estas son poetas que escriben poemas que necesitamos ante la urgencia de un planteamiento poético de la realidad.