Decálogo Julian Barnes

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Cómo conocer a Julian Barnes en diez pasos

 

 

 

 

Texto: JAVIER APARICIO

 

1) Cuando nací se acabó la Segunda Guerra Mundial. Y casi con cuarenta inicié mi Primera Guerra Textual. La gané gracias a El loro de Flaubert. Me pusieron en Francia una medalla con nombre italiano.

2) Me inventé al doctor Braithwaite para que diagnosticara mis muchas enfermedades: francofilia, tanatofobia, esquizofrenia, agnosticismo, síndrome de Flaubert, ironía crónica y cosmopolitismo. No padezco la ansiedad de la influencia. Ah, y la enfermedad que considero más grave es el talento.

3) Para un telegráfico manifiesto del barnismo:

“El autor debe estar en su libro como Dios en su universo, presente en todas partes pero siempre invisible”. Stop. “El propósito de la ficción es decir la verdad”. Stop. “El estilo está en función del tema. No se le puede imponer el estilo al asunto”. Stop. “Reescribo constantemente. El placer del primer borrador estriba en decepcionarte”. Stop. “En arte todo depende de la ejecución: la historia de un piojo puede ser más interesante que la historia de Alejandro”. Stop. “Si tienes la suerte de escribir bien, siempre te acusan de que no tienes ideas”. Stop. “Las novelas surgen de la vida, no de las teorías”. Stop. “La historia es la certeza obtenida en el punto en que las imperfecciones de la memoria topan con las deficiencias de documentación". Stop. “Una de las muchas desilusiones de la vida consistía en que nunca era una novela, ni de Maupassant ni de ningún otro. Bueno, quizá un cuento satírico de Gógol”. Stop. “El primer deber de la imaginación es el de ser transgresora”. Stop.

4) Si fuera librero pondría al lado de la caja a Calvino, a Nabokov, a Updike, a Hemingway, a Madox Ford, a Camus o a Tolstoi. Ah, la librería se llamaría Pécuchet.

5) Cuando me apetece escribir novela negra me convierto en un tal Don Kavanagh. A mi colega John Banville le pasa lo mismo, él se transforma en Benjamin Black. ¿Cómo? No, no, no son pseudónimos, ¡son compañeros de profesión!

6) De mi álbum de fotos: Yo con El Greco ante El entierro del Conde de Orgaz; yo con mi adorado Flaubert y la señora Bovary comiendo ostras en Le Grand Véfour; Magritte y yo con bombín y comiendo manzanas; yo junto a un bodegón de Cézanne; yo junto a Martin Amis, Ishiguro y Graham Swift rodeando a nuestro editor Jorge Herralde en el aniversario de Anagrama (antes de ir a comer); yo al lado de una hamburguesa gigante de Oldenburg; yo hambriento de arte en el Museo Gustave Moreau en París; yo tratando en el Prado de comerme las cerezas de El Bosco.

7) En fin, sí, me gusta el arte y me gusta comer bien. De hecho escribí El perfeccionista en la cocina para saber de una vez por todas cuánto cabe en una pizca.

8) No me importaría cantar La Marsellesa en Wembley. Contre nous de la tyrannie podría ser uno de mis lemas. Por eso apoyo organizaciones como Freedom and Torture. Soy además un poco francés, me gusta la cocina, adoro Flaubert y el impresionismo, he traducido a Daudet, he escrito sobre Le Tour de France en The New Yorker, soy Commandeur de l'Ordre des Arts et des Lettres y tendría La balsa de la medusa de Géricault colgado encima de mi chimenea.

9) Vive en Londres pero acostumbra a tener la mente al otro lado del canal. Francia es una de sus zonas de confort. Posiblemente pudiera decirse que es un escritor francés que escribe en inglés si no fuese porque estudió en Oxford y su humor es 100% británico. ¿Una prueba de ello?: “el matrimonio es la única aventura accesible a los cobardes”.

10) Nabokov dijo que el estilo y la estructura son la esencia de un libro y que las grandes ideas son estupideces, y no seré yo quien le contradiga. Mi estilo es multiforme, un punto resabiado, técnicamente sofisticado, categórico, mordaz y aforístico. Me gustan las frases sentenciosas como “Los recuerdos de la infancia eran los sueños que persistían en ti cuando despertabas” o “Cuando somos jóvenes, nos inventamos futuros distintos para nosotros mismos; cuando somos viejos, inventamos pasados distintos para los demás”. Y escribo sobre grandes ideas como el tiempo, el amor y la muerte. Como todo el mundo. ¿Sobre qué, si no?