Socorro Venegas: "El machismo es un problema real"

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La editorial especializada en relatos Páginas de espuma publica La memoria donde ardía, un libro de relatos de la periodista mejicana Socorro Venegas

 

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

Foto: VÍCTOR BENÍTEZ

 

“Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera”, con estas palabras comenzaba Tolstoi una de las obras maestras de la literatura, Anna Karenina, palabras que la escritora mejicana Socorro Venegas recupera y suscribe en los relatos que conforman La memoria donde ardía, publicado ahora por la editorial Páginas de espuma. “Las personas felices no se preguntas cómo sobrevivir o cómo enfrentarse a la vida”, comenta Venegas, “por esto, me interesan las personas infelices, no solo porque lo son a su manera, sino porque se ponen estas preguntas”. Y, en efecto, los personajes que pueblan La memoria donde ardía se enfrentan a la vida con desasosiego, incluso, con hastío; viven en abierto enfrentamiento con esa vida que no terminan de aceptar, ante todo, porque no termina de aceptarse a sí mismos. Esta no aceptación tiene que ver con la pregunta acerca del rol que les ha tocado jugar, pregunta particularmente importante en las mujeres, verdaderas protagonistas del universo literario de Venegas, quien presta particular atención no solo a las mujeres en general, sino a las mujeres en su relación con la maternidad.

“¿Qué pasa cuando los hombre se apoderan de la maternidad y desplazan a las mujeres?”, se pregunta Venegas y este es el interrogante que se repite a través de distintos relatos, en los que la escritora, a través de puntos de vista diferente, explora qué le sucede a la mujer cuando no termina de aceptar su maternidad, cuando se siente desplazada o se siente ajena a ese “nuestro hijo” al que repetidamente se refiere su pareja. Asimismo, la escritora indaga sobre el vacío provocado por la maternidad, un vacío que tiene que ver tanto con la pérdida de esa vida de antes como también con el parto: ¿cómo se enfrenta una mujer siente el vacío de la criatura tras dar a luz, cuando esa criatura deja de pertenecerle solo a ella? A través de distintos personajes, Venegas explora de qué manera “queda comprometida la identidad de la madre durante el embarazo” y, podríamos añadir, cómo queda comprometida la identidad de la mujer con la maternidad. Y es que esta cuestión está directamente relacionada con la pregunta sobre las consecuencias del apoderarse por parte del hombre de la maternidad. Los debates de hoy en día sobre el aborto o la gestación subrogada no hacen sino reflejar de qué manera la maternidad es y ha sido secularmente -durante siglos, las mujeres supuestamente infértiles eran sino apedreadas, repudiadas por sus maridos- dominada y controlada por el hombre. El cuerpo de la mujer pertenecía al hombre -primero al padre y después al marido- éste decidía sobre la sexualidad, la maternidad y la no maternidad de la mujer, independientemente de los deseos de ella. Todavía hoy resulta alarmante escuchar a políticos que afirman tener que explicar a las mujeres embarazadas que llevan dentro o dictaminar a hombres con sotanas cuál debe ser el papel de la mujer-madre.

Venegas, hay que decirlo, no entra abiertamente en cuestiones políticas, si bien los interrogantes que plantea en sus relatos obligan a una reflexión que va más allá de la experiencia personal. Lo interesante de dichos relatos es que la autora hace posible dicha reflexión social y colectiva a partir de la introspección de diferentes personajes, cada uno de ellos único, cada uno de ellos con una historia personal distinta. De esta manera, la autora construye experiencias vitales complejas que no quieren ser bandera de nada, sino reflejo de la complejidad del ser humano y, en concreto, de la complejidad del ser mujer. Estos relatos, afirma la propia autora, nacen “de una exploración más emocional que intelectual”, de “una búsqueda literaria y no de discurso políticos”, si bien, añade, “pueden leerse como una crítica a la sociedad patriarcal, puesto que el machismo en la sociedad y en la literatura es un problema real, un problema que está ahí".  En efecto, la autora subraya que, todavía hoy, “el sistema patriarcal te impone ser madre y cuestiona a las que no quieren” de ahí que en estos relatos se presente particularmente atención al rechazo ante el rol impuesto, un rol, el de madre, recuerda Venegas, del que nunca puedes desprenderte: “puedes dejar de ser novia y mujer, pero nunca madre.”

La reflexión sobre la aceptación del propio rol, presente en todos los relatos, va más allá del tema de la maternidad: en el relato El coloso y la luna, una niña sale en busca de su padre alcohólico y en esa búsqueda trata de comprender a su padre, de comprender qué le ha llevado a esa situación. El intento por entender la situación deplorable de su padre lleva a la niña a preguntarse sobre sí misma y, sobre todo, a adoptar un rol que, por su edad, le viene grande. Su madre la envía a por su padre, porque para ella su mayor preocupación es el hombre con el que vive; la niña asume estar en un segundo plano y, sobre todo, asume la responsabilidad de rescatar a su padre para, consecuentemente, rescatar a su madre. En otro de los relatos, narra la experiencia la historia de amor entre dos niños enfermos en un hospital. Son conscientes de que sus días están llegando a su fin; ya no hay espacio para esa inocencia de la que deberían disfrutar cuan niños, asumen su condición, crecen con la misma rapidez con la que agotan sus últimos días, marcados por ese amor incondicional que se tienen: “¿Entonces ya no somos niños? Susurró al oído de Lucía: somos lo que van a morir”.

Con un lenguaje austero y esencial, “como las pinceladas de Goya en su cuadro Perro semihundido”, Venegas nos presenta a personajes que se enfrentan a la vida, que la miran de cara para reflexionar sobre el papel que les ha tocado elegir. Desde el desosiego y la amargura hasta la serenidad más admirable, los personajes de Venegas son el reflejo de cómo cada uno lidia con un rol que, la mayoría de las veces, no ha elegido. Decía Tolstoi que cada familia infeliz lo es a su manera; en los cuentos de Venegas, cada personaje lidia a su manera con su infelicidad, pero en cada una de sus experiencias el lector es apelado y es que en la singularidad del individuo se esconde también su universalidad.