Bernhard Schlink: "La situación actual de Europa es muy triste"

Hits: 373

El escritor alemán Bernhard Schlink, reconocido por su obra de éxito internacional, El lector, publica Olga (Anagrama)

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

“Te siento exactamente igual que hace veinte años. Desde entonces no has envejecido nada, pero yo sí, y con eso podría bastar, pero no es así. A lo mejor te he escrito también porque me siento sola. Alemania se me ha vuelto extraña y mucha gente que antes me era próxima, en el pueblo, en la iglesia, en el coro, ya no lo es. El viejo inspector de Educación sacudió la cabeza con preocupación cuando me negué a impartir la asignatura sobre racismo y el nuevo quiere expulsarme del colegio”, le escribe Olga a su amado Herbert –“eres mi compañero, lo fuiste desde muy pronto y nunca has dejado de serlo”- el 29 de julio de 1936. Herbert falleció tiempo atrás en una expedición al Ártico, Olga le escribe solo al Herbert que vive “solo en mi corazón” y lo hace desde la Alemania nazi que el joven hombre de acción no llegó a conocer. “Si no hubiera muerto en la expedición al polo, Herbert hubiera muerto como soldado en la Segunda Guerra Mundial”, comenta Bernhard Schlink, que acaba de aterrizar en España, proveniente de Estados Unidos, donde actualmente reside, para presentar Olga, su nueva novela, en la que narra a través de la vida de una mujer observadora y lúcida la historia de Alemania, desde las últimas décadas del XIX hasta los años cincuenta.

Como en El lector, Schlink vuelve a recurrir a la figura de una mujer para narrar la historia reciente de Alemania, una historia que para el escritor alemán es necesario seguir contando, porque es parte de lo que somos y de lo que hemos sido; dejar de contarla sería una forma de olvido, un olvido inadmisible. Además, añade, “no se puede escribir sobre un personaje sin hablar sobre su historia”. Si Thomas Mann nos describió la sociedad de Lübeck y, consecuente, la Alemania de la época, a través de la saga de los Buddenbrook, Schlink nos narra el desarrollo de Alemania, desde su reciente conformación como estado moderno hasta los días más oscuros de su historia, a través de Olga, que el escritor define como una mujer de su época: “Es una mujer observadora, una mujer que intenta comprender el mundo a través de la mirada”, un mundo que muchas veces no comprende, tal y como ella misma cuenta en la misiva de 1936. Lúcida y de fuertes convicciones, en Olga hay algo de la bisabuela del autor, que fue detenida en más de una ocasión por no querer impartir las clases sobre la raza que el el Reich imponía; Olga también se resiste, sintiéndose una outsider de esa Alemania convertida en una maquinaria del odio. Sin embargo, no solo es entonces cuando Olga ve con rabia y descrédito los acontecimientos históricos; vivirá mal tanto las Guerras Coloniales de finales del XIX como la Primera Guerra, en la que participará Herbert, ese hombre al que tanto ama y que, sin embargo, es tan diferente a ella. “Herbert es un hombre de acción, quiere verlo todo, quiere estar en todo”, afirma Schlink, cuyo personaje masculino bien podría leerse como una metáfora de la propia Alemania que, como señala el novelista, quiso convertirse en ese gran imperio que nunca había sido. La maquinaria de poder representada por el país germánico se plasma en la actitud de Herbert, que, como tantos otros, consideran el ser un hombre de acción una forma de expresar el propio poder y, por qué no, una forma de trascender el paso del tiempo. En este sentido, para Schlink “Herbert es un hombre que vivió por encima de sus posibilidades”, un hombre que se subió a una ola que terminó arrastrándole, tal y como hizo con tantos otros jóvenes. Olga, por el contrario, “es una mujer resistente, es una mujer que no comete los errores de su época”, porque se distancia de su tiempo, porque no se deja arrastrar. Se opone con firmeza al nacionalsocialismo y no se deja convencer por los relatos de grandeza y poder; a diferencia de Herbert, “fruto de los errores de su época”, Olga escapa a los errores, sobrevive a ellos.

En este sentido, podría decirse que Olga es lo opuesto a Hanna, la protagonista de El lector, una mujer que aprende a leer y a escribir gracias a un joven de quince años, con quien tiene un romance, y que, tras la guerra, es acusada de ser cómplice de los crímenes nazis. Las figuras de estas dos mujeres, sostiene Schlink, definen en parte la Alemania bajo el nacionalsocialismo, donde “había detractores, gente que seguía con su día a día en silencio por miedo y gente que se sumó a la causa”, señala el escritor, que intenta huir de los maniqueísmos y observar la complejidad de la historia, que no puede simplemente reducirse “a buenos y malos”. De ahí que tanto en Olga como El Lector confronte a personajes de varias generaciones, una confrontación que le permite poner en diálogo no solo experiencias distintas, sino relatos diversos sobre un mismo periodo histórico y es que, como se ve en la historia de amor entre Olga y Herbert, no hay una sola manera de enfrentarse al propio tiempo y menos todavía una sola manera de construir su relato. De ahí que el Schlink haga hincapié en la importancia en seguir escribiendo sobre la historia reciente de Alemania, no solo como forma de memoria, sino también como relato del presente: “Se escribe y se habla de esa época porque su sigue existiendo. Soy socialdemócrata y me entristece ver cómo mi partido pierde presencia y cómo se ha dejado espacio libre para que entre la extrema derecha. Por mí parte, no escribo para frenar la extrema derecha, pero sí que intento hacer todo lo posible para frenar la caída de mi partido. De lo que no hay dudas es que la situación actual de Alemania y de Europa en general es muy triste”.