Tusquets: Medio siglo editando libros

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La editorial barcelonesa Tusquets, fundada por Beatriz de Moura,  cumple cincuenta años

 

 

 

 

Texto: ANTONIO ITURBE/ANNA MARÍA IGLESIA

Foto: TUSQUETS

 

“No decidí fundar Tusquets porque tuviera dinero o porque tuviera un proyecto, en absoluto. Lo decidí porque me echaron de Lumen, la editorial en la que trabajaba”, le decía Beatriz de Moura al periodista Juan Cruz en la larga conversación que dio pie al libro Por el gusto de leer. Era el 2014, faltaban cinco años para que Tusquets, aquella editorial fundada tras un despido, cumpliera 50 años. Hoy, un lustro después de aquella conversación, un auténtica clase magistral para todo aquel que aspire a entrar en el mundo de la edición, la editorial barcelonesa alcanza su medio siglo de vida. Tusquets nació en 1969, en una Barcelona que empezaba a despertar del sopor dictatorial franquista. Beatriz de Moura y su marido, el arquitecto Oscar Tusquets, fundaron la editorial en un piso de 70 metros cuadrados para tratar de traer libros frescos a una España entumecida por tantos años de una dictadura, que, por su parte, buscaba taponar los aires frescos y las ansias de libertad que editoriales como Tusquets o Anagrama, este año también de aniversario, traían a través de sus libros. Muchos de sus títulos eran incómodos, representaban estéticas y discursos críticos contrarios al orden impuesto por el régimen; no solo incomodaban los libros abiertamente políticos, sino también las obras de ficción que rompían con el orden moral impuesto por ese vetusto y católico régimen, al que afortunadamente le quedaban pocos días de vida. Tusquets se enfrentó a la censura más de una vez: se le prohibió una veintena larga de títulos y le censuró otros veintiuno. A pesar de la dictadura, podría decirse que Tusquets nació en una época de entusiasmo generalizado, un entusiasmo que era particularmente patente en Barcelona y en sus círculos culturales e intelectuales. ¿Por qué tanto entusiasmo?, “Quizás como consecuencia de los movimientos revolucionarios estadounidenses contra la guerra de Vietnam y el racismo, así como con los radicales cambios sociales que brotaron a raíz de fenómenos como los hippies, la no violencia, las comunas, etcétera… “, afirmaba en aquella entrevista con Cruz Beatriz de Moura, recordando que “a nosotros, los treintañeros, nos pilló en la edad típica en la que o haces algo, o crear tú algo y te metes allí donde puedes protestar produciendo o contribuyendo a hacer algo, personal y socialmente, o bien pierdes casi todos los trenes”.

De Moura no solo no perdió el tren, sino que construyó el propio para trazar su propio camino, uno tren al que, muy pronto, se uniría otro de los nombres clave para la editorial. En efecto, en los años 70, se sumó a la historia editorial y sentimental de Beatriz de Moura el hijo de una aristocrática familia con espíritu de rebelde intelectual , Toni López Lamadrid. Juntos los dos llevaron el timón de la editorial durante décadas hasta que él falleció en 2009. Beatriz de Moura terminó vendiendo la editorial al Grupo Planeta tres años después y se retiró de la edición activa, aunque permanece al frente el director editorial de tantos años, Juan Cerezo, que garantiza, en medio del gigantismo de Planeta, que siga siendo una editorial con personalidad propia.

Repasar todo el catálogo de Tusquets significa repasar la historia de la lectura en castellano durante el último medio siglo, significa narrar de qué manera, a través de su catálogo, Tusquets descubrió a los lectores nuevos autores y nuevas estéticas, traduciendo obras y autores determinantes para comprender la historia literaria del siglo XX y parte del XIX. Ahí están los Cuadernos Ínfimos, “manifiestos estéticos, de pensamiento, a la vez reflexivos y provocadores”, en palabras de De Moura, o autores como Samuel Beckett, con el que Tusquets inauguró la colección de Marginales y con el que, tal y como le contaba a Juan Cruz, mantuvo varias conversaciones, por carta y por teléfono: “Le mandaba los textos tachados por la censura preguntándole qué podríamos hacer y él me contestaba: ‘No te preocupes, ma petite’, y cambiaba las palabras e incluso frases enteras, si lo consideraba necesario. Los censores, incapaces de comprender sus textos, tachaban, por ejemplo, la palabra ‘culo’; tranquilamente él la sustituía, por ejemplo, por ‘trasero’. Era ridículo, pero el texto adquiría a veces todavía más agresividad”. Tras Samuel Beckett, es imposible no citar a Milan Kundera, a quien el lector de aquí descubrió grandes a De Moura y que se convirtió en un fenómeno de ventas con maravillosa novela La insoportable levedad del ser, a pesar de ser considerado, como Beckett, un autor críptico, no de fácil comprensión. “Beckett me enseñó a disfrutar de cierta literatura más críptica, menos lineal, y eso me ayudó muchísimo”, afirmaba De Moura y algo similar podríamos decir también de Kundera que, a pesar de los años transcurridos desde la publicación de La insoportable levedad del ser, ha permanecido fiel a sus editores españoles hasta su último libro. La publicación de Kundera y de Beckett nos enseñó a disfrutar a todos los lectores de una literatura más críptica, nos educó en el gusto. Junto al éxito de Kundera hay que citar el que tuvo la colección Marginales con la publicación de Relato de un náufrago de Gabriel García Márquez, libro que se convirtió en un auténtico best seller, incorporando a la editorial nuevos lectores y es que si algo tenía aquel reportaje periodístico es que consiguió despertar el interés de lectores muy variados. En 1971, Tusquets apostó por el primer libro de cuentos del por entonces desconocido Sergio Pitol, que, si bien, posteriormente, se convirtió en uno de los autores hispanoamericanos de referencia dentro del catálogo de Anagrama, dejó en Tusquest un importante legado: la serie heterodoxos, donde se publicaron autores como el argentino Macedonio Fernández o los franceses Artaud, Rimbaud, Bataille, Gide, el irlandés James Joyce -inolvidable la traducción y edición de José María Valverde del Ulises para Tusquets- o el polaco Gombrowicz.

La apuesta por valores literarios como el siempre estimulante John Irving, la Premio Nobel Nadine Gordimer, el novelista y ensayista Albert Camus, de quien acaban de reeditar El primer hombre, el poeta y uno de los mejores lectores de poesía del XX, Octavio Paz o el complejo y anónimo Thomas Pynchon ha ido de la mano de autores más comerciales, como el escritor de novela negra nórdico, Henning Mankell, o el eterno candidato al nobel, Haruki Murakami, a quien repescaron cuando lo desestimó Planeta. Por lo que se refiere a autores en castellano apostaron siempre por autores de calidad, independientemente de las ventas: ahí está Luis Landero, Cristina Fernández Cubas, Ramiro Pinilla, Rafael Reig, Antonio Orejudo, seguramente una de los novelistas más destacables de su generación, e, incluso, Javier Cercas, cuyo éxito con Soldados de Salamina fue del todo inesperado y que acabó marchándose al grupo Penguin Random House. El más reciente éxito de la literatura española, ese milagro lector que ha sido Patria, es suyo. Patria no era ni de lejos la primera novela que Tusquets publicaba de Aramburu, todo lo contrario. La editorial apostó desde el inicio por el escritor vasco, cuando sus ventas estaban muy por debajo a las obtenidas por Patria, que bien podemos considerar como premio a una editorial que, a lo largo de toda su trayectoria, ha fomentado una política de autor, siguiendo y acompañando a sus autores. Desde el inicio, como veíamos con la colección Cuadernos Ínfimos, Tusquets ha apostado por el ensayo – un autor particularmente querido por Cerezo es Rüdiger Safranski, de quien han publicado textos tan excepcionales como Romanticismo, Un maestro en Alemania o las biografías de Goethe y de Nietzsche- y ha tenido desde siempre una colección de poesía importante y otra de divulgación científica, Metatemas, dirigida hasta su muerte por el físico soñador Jorge Wagensberg.

Las celebraciones de estos intensos 50 años se iniciaron en junio durante la Feria del Libro de Madrid con un acto festivo en que estuvieron presentes tres autores muy representativos de su catálogo: Luis Landero, Almudena Grandes y Fernando Aramburu. Y siguen. Explica la directora de comunicación de Tusquets, Natalia Gil, que “Lo que de verdad importa son los autores. Estamos editando un video precioso con trece autores del catálogo. Ellos son la esencia de la editorial y ellos son los que cuentan anécdotas, vivencias, preocupaciones… a lo largo de su trayectoria en el catálogo de Tusquets. Que sean los protagonistas en hablar sobre la editorial”.  También han puesto en marcha una campaña para las librerías con una selección de títulos emblemáticos de este medio siglo y han editado un catálogo conmemorativo con textos de varios autores de la casa, de Leonardo Padura a Aramburu.

La traca final de las celebraciones será esta noche del cuatro de julio, en la que van a reunir en unos jardines de las afueras de Barcelona a una amplísima representación del mundo editorial: escritores, editores naciones e internacionales, prensa, libreros… Afirma Natalia Gil que “estamos ya en la cincuentena y se tiene que notar. Va a ser una fiesta que esperamos sea lo más lúdica y agradable posible. Buena comida, bebida y música… ¡y alguna sorpresa más!” Debe ser verdad eso de que los cincuenta de ahora son los treinta de antes, porque Tusquets tiene 50 años y está en plena forma.