Foro Edita: las preguntas necesarias en tiempos de zozobra

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Más de 30 ponentes de varios países se hacen preguntas sobre el estado actual de la industria del libro

 

 

 

 

Texto: ANTONIO ITURBE

 

El Fórum Edita, el mayor congreso de editores que se celebra en España, batió su récord de asistencia con 490 inscritos y se consolida como una de las citas del mundo del libro indispensables en el calendario anual del sector. Arrancó su jornada inaugual en Barcelona con unas palabras del presidente del Gremi d’Editors de Cataluña, Patrici Tixis: “Este congreso no pretende tanto plantear respuestas como hacer las preguntas adecuadas”. Patrici Tixis es uno de los tres codirectores del Forum Edita, junto al catedrático de literatura de la UPF Javier Aparicio Maydeu y el director del suplemento Cultura’s de La Vanguardia y escritor, Sergio Vila-Sanjuán.

El primer ponente fue el editor Carlo Feltrinelli, presidente de la editorial Feltrinelli, heredera de la mítica editorial barcelonesa Anagrama. En un seductor “itañol”, como él mismo calificó su manera de hablar en castellano, fue contundente a la hora de denunciar el capitalismo voraz de esa entente tecnológica denominada como “GAFA”: Google, Amazon, Facebook y Apple. Señaló que los editores deben luchar contra esos gigantes y que la receta no es otra que “inteligencia y fantasía”. Señaló que “en estos tiempos bombardeados por múltiples mensajes y con un ruido constante, apagar todo y retirarse a leer es un acto revolucionario”.

La jornada del jueves arrancó con el consultor editorial y analista de tendencias del sector del libro, Rüdiger Wischenbart, que se mostró moderadamente optimista con el ligero repunte en estos últimos tres años del sector editorial, que en España ha sido del 2%. A continuación, el director de unidad de negocio de la empresa GFK, que realiza una de las auditorías más fiables del sector, explicó la dificultad para predecir tendencias en el sector del libro, lo que lo convierte en uno de los gremios más impredecibles: “En el mercado de los videojuegos es fácil encontrar el mismo nº1 en las listas de los más vendidos, pero en el de los libros resulta extraordinariamente diverso, depende de la idiosincrasia cultural de cada país”.

El jueves por la tarde se produjo una de las sesiones que había levantado más curiosidad. Henning Schoenenberger, director de Metadatos de la prestigiosa editorial alemana de libros académicos Springer Nature, vino a presentar el primer libro científico escrito por un robot. La idea de un libro escrito por un robot levantó polvareda, más viniendo de una editorial tan rigurosa. Pero enseguida señaló Shoenenberger que se trata de un libro científico: no es Ana Karenina. En realidad es un tratado técnico sobre la baterías de litio y se basa en la compresión de miles de artículos publicados en internet sobre el tema. Insistió en que “la importancia no está en la creatividad del libro sino en el potencial de comparar, descartar y seleccionar datos en lo que podría ser, una nueva era en la publicación científica”. Los editores respiraron más tranquilos cuando explicó que los datos tuvieron que ser editados para que el logaritmo los cribase y, posteriormente, el resultado fue revisado por un equipo de expertos para darle forma, con lo que la tarea del editor (el que edita) y la implicación humana, siguen siendo cruciales.

Los derechos de autor fueron también otro asunto debatido, con la presencia de Daniel Fernández, presidente de CEDRO; Anne Bergman, directora de la federación Europea de Editores y Lorenzo Silva, escritor -por lo que sufre en sus carnes las idas y venidas de esos derechos de autor- y abogado. Fueron contundentes en señalar la vigencia del copyright y lamentaron que ciertas partidos de extrema izquierda, supuestamente adalides del progresismo, se alíen con las empresas más ultracapitalistas y ricas del mundo que operan en internet como Google o Amazon, que destinan cientos de miles de euros a sus lobistas en Bruselas para presionar a su favor, que generan ingentes cantidades de beneficios y tributan en paraísos fiscales para pagar la menor cantidad de impuestos posibles. Al ser preguntado por la gratuidad de la cultura para hacerla libre, Lorenzo Silva se preguntó “¿Cómo puede ser libre una cultura hecha por unos creadores que al no tener ingresos por su trabajo dependen de la limosna de los poderosos? Es un regreso a la Edad Media”.

También fue controvertido el tema del préstamo digital en las bibliotecas, con representantes de los tres sectores implicados: las editoriales (con Eva Güell, directora de Marketing y Negocio Digital en la editorial Anagrama); la distribución (con Arantza Larrauri, directora general de Libranda, principal distribuidora de contenido digital editorial en lengua española en todo el mundo) y las bibliotecas (con Gloria Pérez Salmerón, presidenta de la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas). La cuestión de cómo compensar a las editoriales por ese préstamos sobrevoló el debate y llegaron las tres a la conclusión de la necesidad de compartir toda la información posible porque las plataformas de internet que median son muy opacas y las únicas que conocen el verdadero perfil de los usuarios del préstamo digital. Muy interesante también el encuentro entre los responsables de las dos cadenas de librerías más grandes de España y Alemania: Javier Arrevola, director general de Casa del Libro y Michael Busch, consejero delegado de Thalia, una cadena con más de 250 librerías entre Alemania, Austria y Suiza.

Su diálogo tuvo una previa en la exposición del consultor en mejora de la comercialización en el punto de venta, Pedro Lindsey. Lindsey mostró cómo la colocación de pantallas digitales en centros comerciales, el cambio de organización de los espacios en negocios tradicionales como las ópticas o la utilización de olores personalizados en las tiendas de ropa del grupo Inditex había ido variando la experiencia del comprador. Los responsables libreros se mostraron menos partidarios del rupturismo. Michael Busch señaló que “la gente acude a las librerías a buscar espacios más íntimos y relajados ” y que han de hacer cambios, pero no para parecerse a otras industrias porque el mundo del libro es muy particular, sino para potenciar la personalidad propia”. Ambos insistieron en la importancia del librero que atiende al lector que entra porque “las relaciones humanas marcan la diferencia”.

En la jornada de clausura hubo tiempo para debatir sobre la capitalidad de la industria editorial, que ya no está tan claro que pueda mantener Barcelona. Ahí José Calafell, consejero delegado de Planeta en América Latina, señaló que “en Barcelona se dan las dos condiciones básicas para la capitalidad de la producción editorial: una tradición sólida y una industria. Pero hablar de capitalidad cultural sería otra cosa. Asociar producción a cultura puede resultar pretencioso”. Los ponentes (Juan Cruz, Cristóbal Pera y Santiago Fernández de Caleya) se mostraron de acuerdo en que la idea de capitalidad cultural se había difuminado y repartido por muchos lugares de América latina muy efervescentes (como la pujante Feria del Libro de Guadalajara) porque, como señaló Fernández de Caleya, “La patria no es el país, es la lengua”.

En el debate sobre la importancia de las ferias del libro, conducido por el presidente de la Federación de Gremios de Editores de España y presidente de la feria Líber, Miguel Barrero, se dieron algunos de los momentos más chispeantes del congreso. Juergen Boos, presidente y CEO de la Frankfurter Buchmesse, la míitica feria del Libro de Frankfurt, la mayor feria comercial de libros del mundo, señaló que la feria “no era un lugar únicamente para vender derechos de libros, sino para incitar a la lectura, animar a contar historias y debatir temas que vayan a afectar al mundo editorial en los años siguientes”. La directora del Institut Ramon Llull, Iolanda Batallé, insistió en la importancia de esos encuentros personales que exceden la lógica fría de los intercambios comerciales y generan inesperadas empatías “porque en estas ferias surgen historias de amor”. Cristina Fuentes, directora del Hay Festival, señaló que “no hay mejor espectáculo que una buena conversación”.

El pedagogo y doctor en filosofía Gregorio Luri, que quiso ser presentado únicamente como maestro de escuela, arrancó los aplausos más fervorosos del congreso son su defensa de la importancia de la lectura en el desarrollo de la inteligencia de las personas con un despliegue de datos, ejemplos y pequeñas historias. También se debatió sobre la aventura de editar por parte de editores independientes como Valeria Bergalli de Minúscula, Joan Sala de Comanegra, Jacques Testard de Fitzcarraldo Editions o Mathew Clayton de Unbound.com. También estuvo presente el debate de las escuelas de escritura narrativa con Anne Davis y Espido Freire, o la relación entre editor y autor, con la presencia de un brillante Sergi Pàmies, que se mostró satisfecho con sus editores (Quaderns Crema en catalán y Anagrama en castellano) y dejó algunas de sus agudas reflexiones, afirmando medio en broma, medio en serio que “el escritor es el eslabón perdido de la cadena editorial”.