¡Abuelo, bájese de ese globo, leñe!

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Jonas Jonasson recupera al centenario personaje que le dio la fama en “El abuelo que volvió para salvar el mundo” (Salamandra).

 

 

 

Texto: SUSANA PICOS

 

Hace casi una década que las librerías se llenaron con la imagen de un centenario abuelo vestido con un pijama rosa, portada de la novela El abuelo que saltó por la ventana y se largó. Jonas Jonasson consiguió pasar de ser un escritor desconocido a convertirse, con esta, su primera novela, en el libro del año y el premio de los libreros en Suecia en 2010. Desde entonces, ha publicado dos novelas más: La analfabeta que era un genio de los números y El matón que soñaba con un lugar en el paraíso, ha editado su obra en 45 países y ha vendido más de quince millones de ejemplares. No obstante, el serio y surrealista abuelo Allan Karlsson, que lo llevó a la fama, no había vuelto a aparecer hasta este momento, cuando Jonasson lo recupera para El abuelo que volvió para salvar el mundo (Salamandra), una continuación de su primera novela.

La historia empieza justo en el punto donde habíamos dejado al irreductible abuelo, en un hotel de lujo de la isla paradisiaca de Bali, eso sí, con un año más. Ahora nuestro protagonista tiene 101 años y ha descubierto las nuevas tecnologías. Armado de un teléfono móvil con internet emprenderá un surrealista viaje, acompañado de su inseparable amigo Julius, un ladrón de poca monta, con el que ya vivió sus primeras aventuras. Los equívocos humorísticos y ácidos conforman esta historia, muy ligada a la actualidad y muy crítica con la clase política y la economía mundial. Jonasson no se muerde la lengua y, siguiendo la línea de sus anteriores novelas, no deja títere con cabeza, cosa que hace con ironía y a carcajadas. “Los líderes políticos suelen mirar al común de los mortales por encima del hombro en lugar de a los ojos, por eso me parece justo que nos burlemos un poquito de ellos. Pero eso no los hace menos humanos y, como tales, se merecen una moderada dosis de respeto. Me gustaría decir a cada uno de estos dirigentes: 'Lo siento'. Y 'Aguántense. Podría haber sido peor'. Y también: '¿Y qué, si lo fuera?'”.

El pasado de periodista de Jonasson está muy presente en la novela. La información de los conflictos mundiales se va entrelazando con la narración a medida que el abuelo Karlsson y su amigo Julius se van tropezando con ellos. Como un Quijote y Sancho, la pareja Karlsson-Julius son incomprensibles para sus congéneres y sus acciones, totalmente inesperadas. Igual que con el soldado Svejk o Ignatius Reilly, las situaciones cómicas e ilógicas de los protagonistas muestran el absurdo y la ruindad de la sociedad actual que los contempla.

Ellos son un abuelo y un ladrón que viven con todo tipo de lujos en una isla de Indonesia. Aunque su dinero se ha terminado y sus deudas empiezan a acumularse, organizan una fiesta para celebrar el 101 cumpleaños de Allan. Se suben a un globo aerostático y, sin saber cómo, se encuentran sobrevolando el Índico y terminan en medio del mar, dentro de una cesta y bebiendo champán. Allan está tranquilo, es centenario y ha sobrevivido a increíbles peligros. Por eso, aunque el agua empieza a entrar en la cesta, no se inmuta, y tampoco lo hace cuando un barco norcoreano los rescata. A partir de aquí, se suceden las peripecias de esta pareja de suecos que se verán involucrados en una trama de compra y venta de uranio ilegal, bombas atómicas y carreras armamentísticas.

Jonasson es un escritor valiente, como ya lo demostró eligiendo a un anciano como protagonista de su primera novela. En un mundo donde ocultamos a nuestros mayores para que no molesten, apostar por este personaje y vestirlo de rosa es una declaración de intenciones. En su visita a Madrid, Jonasson fue dicharachero como un latino pero sin dejar de ser eficiente como un nórdico. Como sus personajes, tiró de fina ironía y solo hubo que preguntarle por sus aficiones para comprobarlo: “¿Deportes? Me gusta verlos”.