Adiós a Andrea Camilleri

Hits: 606

Se va un maestro de la novela Mediterránea

 

 

 

Texto: ANTONIO ITURBE

 

La muerte le ha llegado a Andre Camilleri de golpe, por sorpresa, a traición, o no habría sido capaz de llevárselo porque era persona sólida, grande física y mentalmente, de los que no daban un paso atrás ni para coger carrerilla. Pese a sus problemas de vista y sus achaques propios de la edad, seguía en la brecha, aunque ya no pudiera escribir sus libros sino que tuviera que dictarlos. Tanto es así que hace sólo tres semanas nos respondió a un cuestionario al hilo de su último libro, la recopilación de una docena de sus cuentos en los que nos habla de la relación del ser humano con los animales, y lo muy soberbios que llegamos a ser frente a los que consideramos inferiores. Una fábula para niños sin edad titulada La liebre que se burló de nosotros.93 años burló Camilleri a la muerte, pero en el último quiebro lo atrapó. En esa entrevista, que se publicará como homenaje en el número de julio de Librújula, nos decía la semana pasada, combativo como siempre, que “nuestro mundo actual tiene un déficit de humanidad. Tenemos que reencontrar en nosotros mismos, los humanos, nuestras raíces”.

Camilleri tenía todos los ingredientes para formar parte, junto a Vázquez Montalbán, Jean-Claude Izzo o Petros Markaris, de ese club de maestros de la novela negra mediterránea: autor de poemas, miembro del Partido Comunista Italiano, lector febril, gastrónomo. Trabajó durante décadas como director de teatro, profesor en la escuela de cine y guionista. Llevó a la pequeña pantalla las andanzas del comisario Maigret creado por Simenon, del que era gran admirador, e incluso llegó a ser productor de la serie. Algo, o bastante, de ese inspector pausado, con menos prisa por atrapar al delincuente que por entender qué ha sucedido alrededor del delito hasta llegarse a producir un crimen. El inspector de Camilleri, Salvo Montalbano es de todo menos ortodoxo, pero de una sagacidad que pese a los problemas que genera a su jefe, no pueden negarle carta de libertad para hacer las cosas a su manera. Montalbano no está tan preocupado en saber quién es el asesino como en conocer quién era la víctima. Y esa manera suya de investigar de manera concéntrica, merodeadora, de reuniones de restaurante y mantel nos acaba pintando un fabuloso retrato de Sicilia y sus mil matices. Un investigador que también tiene algo, tal vez en sus amoríos intermitentes , su voracidad lectora y su buen gusto de gourmet, del Pepe Carvalho barcelonés de su amigo y admirado Vázquez Montalbán. Sería en honor a él que bautizaría a su más celebre comisario.

Camilleri escribió numerosas obras de teatro, relatos y novelas históricas, pero serían las novelas policiacas, que inició con La forma del agua en 1994, cuando tenía ya 69 años, las que han terminado convirtiéndole en una celebridad internacional. Hombre de un vigor y de una capacidad de trabajo asombrosas, pese a haberse iniciado tarde en el policiaco, ha dejado una treintena de libros protagonizados por su investigador y va a quedar como uno de los referentes de la novela negra. En 2014 recibió el premio Pepe Carvalho en el marco del festival BCNegra de Barcelona de otro mito del mundo negro-criminal que ya no está entre nosotros, el librero y activista de la vida, Paco Camarasa. Camilleri se va, pero Montalbano se queda. Seguirá recorriendo las calles de Vigata y de nuestra imaginación durante muchas décadas.