El beso de la mujer araña: la novela más política de Manuel Puig

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David Pérez Vega cierra el ciclo dedicado a Manuel Puig, leyendo El beso de la mujer araña

 

 

 

Texto: DAVID PÉREZ VEGA

 

El beso de la mujer araña es la cuarta novela de Manuel Puig (General Villegas, Argentina, 1932 – Cuernavaca México, 1990) que leo en el último mes. La compré en 2012 en una librería de segunda mano de la cadena Tikva Books. Costaba 2,5 € y era la primera edición. No podía dejar allí ese libro, aunque he tardado seis años en acercarme a él. Como ya he contado en las anteriores entradas sobre Puig, he tenido que juntar todas sus novelas para empezar a leerlas. Los obsesivos somos así.

Seguramente El beso de la mujer araña sea la novela más famosa de Manuel Puig, sobre todo debido a que en 1985 la llevó al cine el director brasileño (de origen argentino) Héctor Babenco. No he visto la película. A ver si lo hago ahora que me he hecho socio de la plataforma Filmin y ya he comprobado que la tienen. Tras la publicación de la novela The Buenos Aires affair en 1973 y haber recibido una amenaza telefónica de la organización de extremaderecha Tripe A, Puig se ha exiliado a México. Aquí será donde termine de escribir El beso de la mujer araña, que –de forma muy significativa– transcurre principalmente en la celda de una cárcel argentina. Los personajes principales de la novela son Molina, un homosexual afeminado de treinta y siete años, que ha sido condenado a ocho años de prisión por corrupción de menores, y Valentín, de veintiséis años, un idealista político de izquierdas que ha sido arrestado por su activismo clandestino. El primer capítulo empieza con alguien (más tarde el lector sabrá que es Molina) contándole una película a otra persona (que luego se sabrá que es Valentín). Once páginas más tarde, el lector se acercará a apreciaciones como ésta:

«—No hables de comida.

—Y panqueques…

—De veras, te lo pido en serio. Ni de comidas ni de mujeres desnudas.»

Lógicamente, no es lo mismo ser un lector de esta novela en 1976, cuando se publicó, que ahora mismo, porque aunque –como ya he comentado antes– no he visto la película basada en el libro, sé de qué trata esta historia, y antes de empezar a leerla soy consciente de que los dos protagonistas están encerrados en una celda. Es en la página 23 (la 14 del libro) cuando se hace por primera vez referencia al espacio físico que comparten los dos protagonistas. Valentín le dice a Molina: «Mirá, tengo sueño, y me da rabia que te salgas con eso porque hasta que saliste con eso yo me sentía fenómeno, me había olvidado de esta mugre de celda, de todo, contándome la película.» En El beso de la mujer araña Puig lleva casi hasta el extremo uno de los recursos literarios que ya ha empleado con profusión en sus tres novela anteriores: la captación de la oralidad mediante la reproducción de los diálogos de los protagonistas. Durante muchas páginas se suceden los diálogos sin ninguna anotación ajena a ellos. Ni siquiera, como ocurría en otros libros anteriores, hay aquí anotaciones sobre las escenas de tipo teatral.

La influencia del cine en la narración de Puig sigue siendo apabullante. Molina, como si se tratase de una Sherezade moderna, le cuenta a Valentín películas para ayudarle a coger el sueño. Estas narraciones se prolongan durante días, porque Molina es muy puntilloso en sus descripciones. La primera película narrada es La mujer pantera, el clásico de 1942 rodado por Jacques Tourneur. Como dije al comienzo de esta reseña, me he hecho socio de la plataforma Filmin y después de leer las páginas en las que Molina cuenta esta película me apeteció verla. Observo algunas diferencias entre el cuento de Molina y la película real. Éste es un detalle curioso: Molina está contando una película recordada y a veces sus recuerdos bailan y hacen que cambie la narración frente al original. Por ejemplo, Molina dice que Irena, la protagonista de la película, es originaria de Rumania, cuando en la película lo es de Serbia. También hay ligeras variaciones con algunas escenas. Molina describe con profusión los interiores de la casa del hombre de la película, un detalle que a mí se me hubiera pasado desapercibido si no hubiera estado alerta por la mirada de Molina sobre estas imágines. Valentín le hace pequeñas observaciones a Molina sobre su narración de orden psicologista o político, que no son del agrado de Molina, para quien las películas tienen «glamour», algo que se ajusta con su aceptación de los clichés y los convencionalismos más clásicos sobre lo masculino y lo femenino. De hecho, éste será uno de los puntos de fricción en la relación entre los dos presos: Molina se siente una mujer y le gustan los hombres «muy machos», hombres que cumplen un papel muy preestablecido en la sociedad, un papel dominante. Su mujer ideal es sumisa y convencional, una mujer que desea casarse y cuidar a su marido. Esta mirada machista del mundo chocará con las ideas antiburguesas y revolucionarias de Valentín.

Además de La mujer pantera Molina contará otras películas a Valentín. Imagino que todas serán reales, pero no estoy del todo seguro. Sería curioso pensar que alguna de ellas es inventada y funciona como un relato dentro de la narración. La segunda película es muy curiosa: una película política pronazi ambientada en la Francia ocupada. Cuando Molina y Valentín discuten por ella, se termina de narrar para el lector con una nota a pie de página, con una letra minúscula en esta edición. La fuente de la narración es ahora: «Servicio publicitario de los estudios Tobis-Berlín, destinado a los exhibidores internacionales de sus películas, referente a la superproducción “Destino” (páginas centrales).» (pág. 88). He buscado información de la película nazi Destino en internet y no encuentro nada. Cuando Molina y Valentín hablan sobre la homosexualidad existen en el texto unos llamados a pie de página en los que Puig nos habla de diversas teorías sobre la sexualidad y homosexualidad humana. La verdad es que al principio he pensado que estas páginas le sobraban al libro, que no aportaban nada a la novela, pero (existen varias notas sobre este tema) las he acabado leyendo con interés.

Como en otras novelas de Puig, aquí también podemos acercarnos al contenido de una carta. Esta vez escrita en clave política, que Valentín tendrá que descodificar para Molina. También se reproduce alguna conversación entre un recluso (no quiero desvelar quién) y las autoridades de la prisión, y el lector también podrá acercarse a un informe policial, donde queda registrado el seguimiento de un sospechoso por parte de la policía. Además, en algún momento, se reproduce también el flujo de conciencia de los personajes. Molina se narra una película a sí mismo o Valentín delira. La relación entre Molina y Valentín se va haciendo cada vez más compleja, según van pasando de la narración de películas a las confidencias personales. Y es posible que esta sea la oportunidad de Molina de ser una mujer (la mujer araña que atrae a los hombre hacia sus redes) con un hombre heterosexual.

Si cuando comenté The Buenos Aires affair (1973) apunté que este libro había influido en una novela como El cojo y el loco (2009) de Jaime Bayly, señalo ahora que El beso de la mujer araña (1976) me parece un antecedente claro de la novela Tengo miedo torero (2001) del escritor chileno Pedro Lemebel. El beso de la mujer araña posiblemente sea la novela con más contenido político de las que he leído hasta ahora de Puig, aunque uno de los dos protagonistas –Molina– se niegue (en apariencia) a dar importancia a esta dimensión del hombre y quiera refugiarse en una idealización de la sociedad burguesa convencional que, en realidad, es imposible para él. En El beso de la mujer araña Manuel Puig ha vuelto a usar los recursos de los que ya se ha valido en sus anteriores novelas: conversaciones sin ninguna anotación, cartas, informes policiales, notas al pie de página, narración de películas que mutan según la voz del personaje…, pero considero que esta vez todos estos recursos están mejor medidos y funcionan con mayor precisión, supeditados a la historia narrada. Es posible que El beso de la mujer araña sea, de las cuatro que he leído hasta ahora, la novela de construcción más sencilla (en apariencia) de Manuel Puig, pero también es la más honda y la que ha conseguido que sus personajes me emocionen más. Voy muy bien con Manuel Puig, cada una de sus novelas me parece mejor que las anteriores.