¿Quién mató a Olof Palme?

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texto SUSANA PICOS  foto ARCHIVO

En “El legado” (Roca), Jan Stocklassa continúa la investigación sobre el asesinato de Olof Palme que Stieg Larsson llevaba a cabo en el momento de su muerte.

Stieg Larsson, conocido mundialmente por ser el autor de la trilogía Millennium, dedicó su vida a luchar contra la xenofobia, el machismo y los movimientos supremacistas, y como reportero de investigación se especializó en los movimientos de ultraderecha. Uno de los proyectos al que dedicó más de una década de trabajo fue la investigación del asesinato en 1986 del primer ministro sueco Olof Palme. Desde el primer momento fue un caso poco claro, sobre el que siempre planeó la duda de la conspiración. Larsson se empleó a fondo en descubrir las conexiones criminales que se escondían detrás del asesinato y que apuntaban a grupos extremistas, pero no pudo terminar la investigación, pues en 2004, a la edad de 50 años, murió de un infarto. Ni siquiera le dio tiempo a conocer el éxito de sus novelas, de las cuales se han vendido más de 80 millones de ejemplares.

El periodista sueco Jan Stocklassa recogió su testigo y, transcurridos diez años de la muerte de Larsson, pudo acceder a sus archivos, guardados en un pequeño trastero lleno hasta los topes. El director de la revista Expo, Daniel Poohl, le dijo que esos archivos “no podían salir del edifcio sin su permiso y no podía contarle a nadie dónde estaba el almacén”. La revista Expo fue creada por Larsson para luchar contra el racismo y la intolerancia, y en ella se publicaron numerosos artículos de investigación sobre los grupos neonazis suecos, una línea editorial que la revista sigue manteniendo.

Stocklassa se apasionó con el proyecto y, tras ocho años de trabajo, acaba de publicar Stieg Larsson. El legado. Las claves ocultas del asesinato de Olof Palme (Roca Editorial), donde retoma la investigación de Larsson y la continúa en el punto que él la dejó para ampliarla y lograr nuevos datos. Información, que, según indica Stocklassa en el prefacio, está en manos de la policía sueca: “Cuando leas esto, la policía ya habrá tenido acceso al material y podrá hallar pistas decisivas que tal vez lleven a alguien a los tribunales. Como mínimo, a una persona”.

El legado es una novela documental, que se divide en dos partes. La primera se dedica a la investigación de Stieg Larsson, en la que seguimos sus pesquisas, a la vez que vamos conociendo retazos de su vida. Su relación con su abuelo Severin, quien le inculcó la necesidad de luchar contra los nazis escondidos y reconvertidos. Su abuelo murió cuando Stieg tenía 9 años, a la edad de 52 años, víctima de un infarto. Lo perdió muy pronto, pero su influencia en Larsson fue decisiva.

Stocklassa recoge también en los primeros capítulos varias cartas que Larsson envió a amigos y colegas, como Gerry Gable, redactor jefe de Searchlight, revista líder en Gran Bretaña en la lucha contra el racismo. La primera carta que leemos es la que Larsson le envía a Gable tan solo tres semanas después de la muerte de Palme y en ella apunta ya a que “entre las especulaciones, se contempla la posibilidad de que haya intereses sudafricanos involucrados en el asesinato. La Comisión Palme, de la que el propio Palme era una persona importante, había iniciado una campaña contra los trafcantes de armas que hacían negocios con el régimen del apartheid”. Las investigaciones de Larsson durante la época le llevaron en esta línea. Su teoría implicaba al servicio de inteligencia sudafricano, que habría contado con la ayuda de los grupos de extrema derecha suecos.

En esta primera parte del libro también conocemos las pesquisas policiales, con Hans Holmer como responsable del caso, y los distintos palos de ciego que fue dando hasta su dimisión, tras la fallida operación Alfa contra sospechosos del PKK (Movimiento de Liberación Kurdo). Pero si Holmer no acertó con sus objetivos, su sucesor, Hans Olvebro, mucho menos. Dejó al margen la teoría de la conspiración y se centró en la del loco solitario. En 1988 se produjo la primera detención. Christian Peterson, un alcohólico y drogadicto, a quien en un principio identificó la viuda de Palmer, fue detenido, pero un año después fue absuelto por falta de pruebas.

La ausencia de éxitos policiales y el paso del tiempo no hicieron que Larsson perdiese interés por el caso. Lo demuestran sus colaboraciones en la sombra con la revista Arbetet, que recibió el Gran Premio de Periodismo por sus artículos sobre el caso Palme, o su trabajo con la periodista Anna Lena, que se dedicaba a comprobar los hechos apuntados por Larsson y los ordenaba en el papel. El caso Palme, además volvería a primera plana, en 1996, con la caída del régimen del apartheid, cuando algunos miembros hablaron de su implicación en la conspiración criminal contra el primer ministro sueco.

La segunda parte del libro se dedica a la investigación de Jan Stocklassa, quien sigue los pasos de Larsson tras consultar su extenso archivo. Un caso que lleva más de tres décadas abierto, en el que se ha interrogado a un total de 10.225 personas al menos una vez y más de 130 han confesado el crimen. Stocklassa se reunirá con algunos de los sospechosos, muchos de ellos miembros de grupos de ultraderecha, y no dudará en viajar para seguir el hilo de la investigación. Conseguirá reunirse en Londres con el espía Bertil Wedin, a quien se le adjudica un papel de intermediario en el asunto, y al que la policía sueca nunca logró entrevistar en 32 años, cuando Stocklassa lo logró al primer intento. Todas estas pesquisas, algunas de ellas poniendo en riesgo su vida y con la colaboración de otras personas, como la checa Lida Komárkova, le conducirán a extraer conclusiones y a apuntar a nombres concretos como responsables del crimen. Larsson no consiguió cerrar su investigación pero, como escribe Jan Stocklassa, “era fácil dejarse absorber por la idea de que uno de los autores de novela negra más populares del mundo hubiera descubierto algo sobre el caso Palme y lo hubiera escrito en sus novelas”.