Cómics: aquí y ahora

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texto MANU GONZÁLEZ

Manu González repasa las grandes tendencias del Noveno Arte de este siglo XXI.

Es bastante complicado hacer una fotografía de un momento concreto del estado del cómic en la actualidad. Existen muchos factores diversos, estilos y narrativas que son imposibles de resumir en un simple artículo por muy extenso que este sea. Pero vamos a intentar destacar unas cuantas líneas maestras actuales en el alud de las cientos de novedades que las librerías especializadas se encuentran en sus estanterías cada mes.

 

Presente y futuro femenino

Lo único que tengo claro hoy en día es que una parte del presente y todo el futuro del cómic es femenino. No ha sido por imposición editorial ni por decreto-ley presidencial. Simplemente ha ocurrido, aunque con tardanza, todo sea dicho. Una de las cosas más claras que ha tenido este lector de cómics que se acercó a principios de marzo al GRAF de Barcelona, pequeño y necesario festival de punto de encuentro para el cómic de autor y la edición independiente, es que, aparte de editoriales como Astiberri, La Cúpula, Fulgencio Pimentel, Sapristi, Apa-Apa y muchas más, en las mesas dispuestas en una gran sala de la Fabra i Coats se encontraban muchas autoras vendiendo sus fanzines, láminas y obras. No solo nombres consagrados como el de Ana Oncina (autora de Croqueta y Empanadilla, que triunfa entre los niños), sino jóvenes narradoras cuya gran calidad es indiscutible y que demandan un lugar entre los lanzamientos de las editoriales nacionales en los próximos meses. Creadoras como Luna Pan, Bàrbara Alca, Sílvia Ferrer, Núria Campillo, Roberta Vázquez, Laura Endy o Paola “Chica Navaja” Garrido pueden ser las nuevas Ana Galvañ, autora del cartel del Cómic Barcelona de este año y del interesante Pulse enter para entrar (Apa Apa, 2018); María Medem, premio al autor revelación 2019 del Cómic BCN y autora del absorbente Cenit (Apa Apa, 2018); o Ana Penyas, premio nacional del cómic 2018 y autora de Estamos todas bien (Salamandra Graphic, 2017).

En marzo, sin ir más lejos, La Cúpula publicó cuatro novelas gráficas, las cuatro femeninas, las cuatro notables: El Cantar de Aglaé de Anne Simon, Carne de Cañón de Aroha Travé, Dos monedas de Núria Tamarit y Bahía Acuicornio de Katie O’Neill. La editorial vasca Astiberri publicó nueve novedades en abril, donde cinco tiene autoría femenina y entre las que destacan Heathen de Natasha Alterici. Lo que hace apenas diez años se consideraba extraño es normal ahora mismo. No ha sido fácil llegar hasta aquí. Han tenido que alzar la voz lectoras, editoras y autoras para que su obra comience a ser disfrutada por todos. Angulema, el festival más grande de cómic de Europa, tuvo que asumir su particular mea culpa en la edición de 2016, cuando muchas voces femeninas y masculinas llamaron al boicot al verse que entre los treinta aspirantes al Gran Premio del certamen no se encontraba ni una sola autora. Tuvieron que rectificar y ampliar la lista con nombres tan consagrados como Marjane Satrapi, Posy Simmonds o Moto Hagio. En 2017 ya eran diez las autoras que competían por el premio al mejor álbum, como Alison Bechdel, Kelly Sue Deconnick, Dominique Grange o Fiona Staples, entre otras. En 2019 una mujer, la experta mangaka Rumiko Takahashi, autora de Urusei Yatsura, Ranma ½ o InuYasha, la bien llamada Reina del Manga, ganó el prestigioso Grand Prix de Angulema. Muchos nos hemos preguntado por qué no lo había ganado antes. En 2017, el Saló del Cómic de Barcelona también tuvo su particular seísmo de reivindicación feminista, protagonizado por la autora Conxita Herrero, nominada como mejor autora revelación por Gran bola de helado (Apa Apa, 2016). Herrero no ganó, ese honor se lo llevaría Javi de Castro, pero sus compañeros nominados se habían aliado para que Conxita subiera al escenario y leyera un comunicado donde se invitaba a la reflexión y al cambio con frases tan rotundas como: “Hola, Ficomic: estoy estupefacta, sois machistas y disfrutáis de vuestros privilegios”.

No solo hablamos de obras biográficas de alto contenido feminista, como Piruetas (La Cúpula, 2017) de Tillie Walden, Una entre muchas (Astiberri, 2015) de Una, Fun home. Una familia tragicómica (Reservoir Books, 2008) de Alison Bechdel, o Mi experiencia lesbiana con la soledad (Fandogamia, 2018) de Kabi Nagata, sino de obras de todos los estilos posibles. El año pasado se publicó uno de los mejores cómics del siglo XXI, Lo que más me gusta son los monstruos, de Emil Ferris (Reservoir Books, 2018), ganadora de casi todos los premios de la industria internacional: el Ignatz de Maryland, el Eisner de San Diego, la Fauve D’Or de Angulema o el premio al mejor álbum extranjero en el Cómic Barcelona. En la fantasía tenemos la sensacional serie de Image Monstress (Norma, 2017-2018-2019) de Marjorie Liu y Sana Takeda, el reciente y muy interesante Una piel pesada (Fandogamia, 2019) de Clara Patiño, o el fantasmagórico Cruzando el bosque de Emily Carroll (Sapristi, 2015). En la ciencia ficción triunfa el Bitch Planet (Astiberri, 2018-2019) de Sue DeConnick y Valentine De Landro, el manga setentero de Moto Hagio ¿Quién es el 11º pasajero? (Tomodomo, 2016) o el reciente y muy esperado En un rayo de sol (La Cúpula, 2019) de Tillie Walden. Y no podemos olvidarnos del humor de Mamen Moreu y su Desastre (Astiberri, 2018) y el Señora (Plan B, 2018) de Ana Belén Rivero; o el cómic juvenil de la serie Leñadoras (Sapristi, 2016), creado por Noelle Stevenson, Grace Ellis y Brooke Allen; Lucky Penny (Ediciones Babylon, 2017) de Ananth Hirsh y Yuko Ota o El fantasma de Anya (Norma, 2013) de Vera Brosgol, más dirigidas al público adolescente de cualquier sexo. Sin olvidarnos de obras teóricas como el muy recomendable ¿Arte? ¿Por qué? (Barrett, 2019) de Eleanor Davis, un viaje para descubrir el concepto de arte con un humor irresistible.

Aunque el mundo del manga, el cómic japonés, provenga de un país tan clásico culturalmente en los roles sexuales como Japón, la verdad es que siempre se ha tratado de un mercado con muchas autoras femeninas. Al disponer de un estilo completamente dedicado al público femenino, el shojo, el cómic japonés, siempre ha tenido autoras femeninas haciendo estilos diversos, no únicamente shojo o boys love (historias de amor entre chicos). No solo se han recuperado recientemente obras de autoras del Grupo del 24 que revolucionaron el manga en la década de los 1970 como la ya nombrada Moto Hagio; Keiko Takemiya, autora del boys love La Balada del viento y los árboles (Milky Way, 2018); Miyako Maki, creadora de Mujeres del Zodiaco (Satori, 2019); o Hinako Sugiura y su exploración del pasado japonés con Miss Hokusai (Ponent Mon, 2018), sino que además dos de los mejores seinen manga que se están publicando en la actualidad son obra de mujeres. Nos referimos al inquietante mundo animal del Beastars (Milky Way, 2018-2019) de Paru Itagaki y a la magia ilustrada de Atelier of Witch Hat (Milky Way, 2018-2019) de la increíble dibujante y narradora Kamome Shirahama.

 

 

El problema americano, el "Comicsgate"

El avance de las autoras femeninas en la industria es imparable, algo que también es rentable para el mundo editorial. Los grandes sellos de cómic y novelas gráficas no quieren centrarse en un solo tipo de público y amplían sus propuestas para llegar a diversos lectores. Pero eso no ocurre únicamente aquí, sino también en Estados Unidos y el mercado de tebeos de superhéroes. De hecho, una de las noticias que más nos sorprendió durante todo 2017 y 2018 fue el ataque furibundo que un sector –minoritario, gracias a Dios– del fandom del cómic de superhéroes organizó en redes sociales para vilipendiar el nuevo rumbo feminista e integrador de muchas colecciones de las grandes casas de superhéroes del mundo, Marvel y DC.

Como bien indica el periodista Álex Serrano, en un magnifico y muy bien documentado artículo titulado Así es el Comicsgate para el portal cultural-tecnológico Magnet de Xataca.com, todo comenzó con el selfie que la editora de Marvel Heather Antos subió a su cuenta de Twitter desayunando un batido con sus compañeras de la editorial. Según las “mentes maestras” del Comicsgate, esta foto demuestra que las editoriales están repletas de social justice warriors (algo así como defensoras de la moral) o snowflakes (un insulto sacado de El Club de la Lucha de Chuck Palahniuk que sería la versión americana de los “ofendiditos”, sobre todo de izquierdas). Los aliados del Comicsgate quieren que el cómic de superhéroes vuelva a ser blanco, hétero y macho, como antaño. Cosa imposible actualmente, pues si algo quieren las grandes editoriales es llegar a todos los mercados posibles. Ya sea el adolescente femenino con series como la divertida Ms Marvel (Marvel, 2015-2019), creada por G. Willow Wilson, Sana Amanat y Adrian Alphona, o Moon Girl y el dinosaurio diabólico (Marvel, 2016-2019) de Amy Reeder, Brandon Montclare y Natacha Bustos, obras que son un éxito para las asociaciones y librerías dedicadas a la difusión de libros y cómics pedagógicos.

No solo las autoras han desarrollado personajes femeninos y tratamientos feministas en DC y Marvel. También son los propios autores actuales quienes centran su atención en la reivindicación feminista y en un cambio en los roles sexuales de las superheroínas del siglo XXI. Jason Aaron convirtió al Poderoso Thor en mujer, en una larga y excitante etapa muy recomendable; Capitana Marvel encontró su camino como heroína gracias a Kelly Sue DeConnick, Dexter Soy y Emma Ríos; Kelly Thompson y Leonardo Romero dotaron de contenido reivindicativo a la sidekick Kate Bishop. Ojo de Halcón; Greg Rucka y J. H. Williams III transformaron a un personaje creado para acabar con los rumores de homosexualidad de Batman en la década de los 1950 en un icono LGBT+ con una obra tan experimental como Batwoman (DC, 2010); y Spiderwoman pudo olvidarse de la polémica de la portada demasiado sexualizada de Milo Manara gracias a la gran etapa de Dennis Hopeless, Javier Rodríguez y Natacha Bustos.

 

Españoles por el mundo

Hablar de autores y autoras como Javier Rodríguez, Natacha Bustos o Emma Ríos en el mercado norteamericano no es una rareza actualmente. Muy atrás han quedado los tiempos en que se podían contar con los dedos de una mano los autores nacionales que estaban colaborando con el mercado norteamericano, como Carlos Pacheco, Salvador Larroca o Pascual Ferry. La globalización también ha incidido en la últimas dos décadas en los cómics de Estados Unidos y cada vez son más los artistas que cruzan el charco desde diversos puntos de la geografía mundial, sea España, Italia, Argentina o Brasil.

Este año he podido escuchar críticas al Cómic Barcelona por no tener muchos invitados internacionales. La suerte es que actualmente no hay que pagar un vuelo transoceánico para disfrutar de algunos de los mejores dibujantes de Marvel o DC. Puedes disfrutar de las firmas de autores como David López, autor de All New Wolverine; Fernando Blanco, dibujante de Midnighter y Apolo; Mikel Janín, uno de los autores más vendidos del cómic norteamericano actual acompañando al guionista Tom King en su muy recomendable etapa de Batman; David Baldeón, quien dibuja los guiones de Gail Simone para una renovada Domino; o Salva Espín, dibujante todoterreno en las divertidísimas Minis de Masacre. Este año no han pasado por el Saló otros autores nacionales que triunfan en Estados Unidos como el barcelonés Javier Rodríguez, quien ha dibujado una de las colecciones más imaginativas publicadas en Marvel el año pasado, Exiliados (Panini, 2019), con guion de Saladin Ahmed, y quien se encargará de dibujar el muy esperado The Definitive History of the Marvel Universe con guion de Mark Waid; Javier Pulido, autor de Hulka (Panini, 2014); David Aja, el genial creador de Ojo de Halcón o El Puño de Hierro; o Gabriel Hernández Walta, quien sorprendió a todo el mundo con su aproximación al héroe cibernético La visión (Marvel, 2017) junto a Tom King. Quien no se perdió la cita de Barcelona fue el gallego David Rubín, dibujante y narrador privilegiado que triunfa en Estados Unidos con traducciones de obras personales como Beowulf (Astiberri, 2013), con guion de Santiago García, Hotel Gran Abismo (Astiberri, 2016), con guion del también dibujante Marcos Prior, o su imaginativa serie de ciencia ficción y fantasía Ether (Astiberri, 2017-2019), publicada por Dark Horse en Norteamérica con guion de Matt Kindt.

 

 

¿La gran novela americana?

No podemos despedir este artículo sin olvidar un aspecto llamativo para los que llevamos años dedicados a la crítica del Noveno Arte. La sistemática reducción a clichés literarios para acercar el cómic a la literatura, como si el tebeo no tuviera un componente artístico elevado por sí mismo. Actualmente han coincidido en las librerías tres obras que han atraído a bastante público ajeno al cómic. Hablamos de Lo que más me gusta son los monstruos de Emil Ferris, Sabrina (Salamandra Graphic, 2019) de Nick Drnaso y Niño prodigio (Blackie Books, 2019) de Michael Kupperman. Tres obras superlativas en diversos grados que se han dedicado a escudriñar diversos aspectos muy literarios: el estigma del Holocausto y las relaciones familiares, la paranoia norteamericana y el poder de destrucción del éxito televisivo. De hecho, el cómic que más se aleja de los cánones clásicos de narrativa es la espectacular obra de Ferris, una especie de diario infantil donde la joven protagonista investiga la extraña muerte de una vecina judía y en el que se mezclan diversos estilos narrativos.

Cuando los medios se acercan a estas obras destacan sus cualidades literarias obviando el gran poder narrativo gráfico que presentan los tres cómics, como la falta de emociones en los rostros de los protagonistas de Sabrina o el trabajo de documentación impresionante y la mirada nada dramática de Niño prodigio. De hecho, actualmente los críticos especializados en cómic estamos más interesados en obras que se alejan de la narrativa clásica y experimentan con la narración o el uso del color. El extremeño Roberto Massó es un gran ilustrador de vanguardia cuyas obras investigan el ritmo y el movimiento, ya sea con los movimientos de la capa de una bailarina en El ruido secreto (Spiderland/Snake, 2017) o con figuras geométricas en la intrigante Cadencia (Fosfatina, 2019). El madrileño Lorenzo Montatore juega con el surrealismo y el dibujo infantil para narrar mucho más en obras tan perversas como ¡Cuidado que te asesinas! (La Cúpula, 2018) o California Rocket Fuel (Sugoi, 2019). El belga Brecht Evens juega con la simbología del cuento infantil ilustrado para narrar un hogar desestructurado en el colorista Pantera (Astiberri, 2018). Un paisano suyo, el belga Olivier Schrauwen, admirado por artistas como Art Spiegelman y Chris Ware, se convierte en la gran estrella del GRAF y el Cómic Barcelona cuando acude a firmar ejemplares de algunas de sus últimas y vanguardistas obras, como Arsène Schrauwen (Fulgencio Pimentel, 2017), Guy, retrato de un bebedor y Vidas paralelas (las dos de Fulgencio Pimentel, 2019). El alemán Max Baitinger convierte un catálogo de Ikea en un cómic que viaja a la abstracción más sensorial con Röhner (Fulgencio Pimentel, 2019). Y nuestro Max se vuelve cada vez más minimalista con una novela gráfica que indaga en el mito de la creación del dibujo, el impresionante Rey Carbón (La Cúpula, 2018).

Por cierto que Max, junto a Sergio García y Ana Merino, han sido los autores de la exposición “Viñetas desbordadas”, expuesta en el Centro José Guerrero de Granada entre enero y marzo de 2019, donde los personajes de un cómic salen del formato físico y se pasean por diferentes paredes y columnas del edificio narrando una historia que debes seguir físicamente. Otro gran artista nacional, el valenciano Paco Roca, también revienta la viñeta para que el lector siga una historia desde la entrada del Institut Valencià d’Art Modern hasta llegar a la sala dedicada a su exposición, una obra que lleva como título “El dibuixant” y que se pudo admirar hasta el día 30 de junio de 2019. Dos cómics que se alejan del formato y de la narrativa clásica literaria para entrar con fuerza en los museos