Javier Cercas: (re)construir la historia

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David Pérez Vega hace una lectura en profundidad de El Monarca de las sombras

 

 

 

Texto: DAVID PÉREZ VEGA

 

De Javier Cercas (Ibahernando, 1962) había leído hasta ahora las novelas Soldados de Salamina, La velocidad de la luz y El inquilino. Aún recuerdo la emoción con la que leí Soldados de Salamina hace ya casi veinte años, un libro que no me importaría releer. Después he sentido deseos de leer los demás libros que ha ido publicando, pero, por un tema o por otro (que en gran parte tienen que ver con la saturación de lecturas), los he ido dejando pasar. Cuando apareció El monarca de las sombras, libro en el que Cercas hablaba de la participación en la guerra civil de un tío abuelo suyo, supe que a ese libro sí que me iba a acercar tarde o temprano. El motivo era que a mí mismo me rondaba la idea de escribir una novela sobre un tío abuelo que también participó y murió en la guerra. Cuando a mediados de 2018 empecé a escribir mi novela tuve que contener el impulso de leer el libro de Javier Cercas, porque no quería verme influido por él a la hora de acercarme a mi propio material memorialístico. Ha sido un año después, cuando la escritura de mi libro estaba ya bastante avanzada, cuando decidí sacar El monarca de las sombras de la biblioteca de Pueblo Nuevo, en Madrid, que desde que me mudé me queda muy cerca de casa.

En El monarca de las sombras, Javier Cercas se acerca a la figura de su tío abuelo Manuel Mena, que a los diecisiete años se hizo falangista, se fue a la guerra en 1936 y murió a los diecinueve años en 1938, en la batalla del Ebro. Cuando era una niña, Blanca Mena, la madre de Javier Cercas, convivió con su tío Manuel, que fue para ella prácticamente como un hermano mayor, y cuando Manuel murió siendo apenas un muchacho se convirtió en el héroe de su familia. «Antes de ser escritor yo pensaba que alguna vez tendría que escribir un libro sobre él. Manuel Mena era la cifra exacta de la herencia más onerosa de mi familia, y que contar su historia no sólo equivalía a hacerme cargo de su pasado político sino también del pasado político de toda mi familia, que era el pasado que más me abochornaba» (pág. 11).

Aunque Cercas habla de un tío abuelo real, con su nombre real y cuya foto aparece en el texto, y también habla de su madre u otros miembros de su familia, no considera que El monarca de las sombras sea una novela de no ficción (como leo en una entrevista concedida al periódico El Confidencial). Para él, sus novelas de no ficción son Anatomía de un instante y El impostor. El juego, sin embargo, es curioso porque el narrador apunta continuamente en la novela que no puede sucumbir a fabulaciones de literato y que ha de reconstruir la narración de Manuel Mena como si se tratase de un historiador y no de un novelista. También se apunta que el narrador está recopilando información sobre Manuel Mena pero que, en realidad, no quiere escribir un libro sobre él. «En todo caso, si al final me decidiese a contarla no me ceñiría a la verdad de los hechos. Estoy harto de relatos reales. Tampoco quiero repetirme en eso», le dice en la página 44 a David Trueba, el cineasta y escritor que le ayudó a documentarse grabando a un anciano de Ibahernando que convivió con Manuel Mena. Una derivación curiosa de la novela es que Cercas habla de su amistad con Trueba, que surge después de que este último adaptara al cine Soldados de Salamina. Salen a relucir aquí algunos temas de la vida íntima de Trueba que parecen totalmente reales, pues el lector los conoce por otras fuentes.

Además, el narrador Cercas habla de un personaje llamado «Javier Cercas» que sería un desdoblamiento de él mismo. Un recurso que le permite mostrar datos de su familia desde una mayor «objetividad». Cercas insiste en mostrarle al lector que en su pueblo de Ibahernando no había verdaderos caciques, que los ricos que poseían las tierras estaban en Madrid, y que las clases sociales se dividían entre las personas que tenían para comer y las que no tenían, y que todos se equivocaron y empezaron a dividirse en dos bandos, cuando les habría convenido más seguir unidos para luchar por sus intereses. El bisabuelo de Cercas fue el alcalde del pueblo durante la guerra y su familia, que parecía tener algo más de dinero que el resto, se significó con el franquismo.

«Comprendí que la historia de Manuel Mena era mi herencia o la parte fúnebre y violenta e hiriente y onerosa de mi herencia, y que no podía seguir rechazándola, que era imposible rechazarla porque de todos modos tenía que cargar con ella, porque la historia de Manuel Mena formaba parte de mi historia», escribirá Cercas en la página 277 casi a modo de conclusión. 

Me ha parecido curioso que en muchas páginas de El monarca de las sombras Javier Cercas hace explícito su rechazo por el franquismo y repite (una y otra vez) que Manuel Mena estaba políticamente equivocado, como si previera que sus detractores van a echarle en cara (como le ha ocurrido con otros libros) que blanquea el franquismo. Y este temor, ante el cual toma precauciones que parecen excesivas, se acaba cumpliendo. El 15 de marzo de 2017 Eldiario.es publicó una reseña firmada por el historiador Francisco Espinosa Maestre que se titulaba Javier Cercas blanquea de nuevo el fascismo, donde arremete con dureza contra su novela. En realidad no se trata de una reseña literaria, sino de una «reseña histórica», donde Espinosa trata de mostrar los posibles errores históricos que Cercas comete en su libro. Diría que, aunque en algún dato concreto Espinosa pueda tener razón, su lectura de El monarca de las sombras no me parece correcta, porque Cercas –como novelista y no como historiador– trata de entender los motivos que llevan al adolescente Manuel Mena a luchar por una causa que él (Cercas) considera equivocada. La entrevista a Cercas que citaba antes de El Confidencial se publicó el 26 de marzo de 2017, así que se trataba, en gran medida, de una réplica al comentario de Francisco Espinosa. Aquí Cercas vuelve a repetir que él no es equidistante, pero que ha tratado de entender por qué un joven como su tío abuelo acaba muriendo por una causa injusta.

Quizás lo que más argumentos da a los detractores de Cercas es que compara a Manuel Mena con Aquiles, porque al igual que el héroe clásico, su familiar tuvo una muerte trágica en plena juventud. Manuel Mena fue Aquiles para la madre de Javier Cercas, Blanca, que desde que su hijo era un niño le ha hablado de este familiar muerto antes de los veinte años. Sinceramente creo que el enfoque de Cercas es acertado en este libro, se hace preguntas sobre un pasado propio que considera incómodo y trata de entenderlo sin justificarlo. En su entrevista apunta también que tratar de entender no es el principio de justificar.

Me gustaría apuntar que, en apariencia, el material con el que cuenta Cercas para escribir su novela parece un tanto escaso. No queda ningún documento escrito de Manuel Mena. Se hizo falangista, fue a la guerra y murió en la batalla del Ebro. Cercas consigue seguir la pista a Mena, pisando las lomas que fueron las de su última batalla. Así, en un capítulo reconstruye alguna batalla de su compañía. No puede aportar casi ningún dato concreto de la participación de su tío abuelo en los hechos, pero sabe que estuvo ahí, en esa batalla que describe.

He tenido la sensación de que el último capítulo, en el que Cercas se encuentra con la que puede ser la última persona que vio con vida a Manuel Mena, pertenecía a la ficción y no a la reconstrucción histórica. Es un capítulo emotivo y cerrado, un gran final, y diría que la realidad es impermeable a nuestros deseos de grandes cierres, pero no así la ficción.

Soldados de Salamina, donde se busca a un soldado republicado que perdonó la vida al fundador de Falange, Rafael Sánchez Mazas, me parece una novela más redonda que El monarca de las sombras, donde se siguen los pasos de un soldado franquista. Pero opino que las dos se complementan bastante bien.

Las reflexiones de Cercas en El monarca de las sombras me parecen pertinentes e interesantes y el mantra de que blanquea el franquismo, maniqueo y simplista. En un diálogo de la novela, David Trueba le dice a su amigo Javier Cercas: «¡Te van a dar de hostias hasta en el carnet de identidad, chaval! Escribas lo que escribas, unos te acusarán de idealizar a los republicanos por no denunciar sus crímenes, y otros te acusarán de revisionismo o de maquillar el franquismo por presentar a los franquistas como personas normales y corrientes y no como monstruos. Eso es así: la verdad no le interesa a nadie, ¿no te das cuenta?». Pues eso.