“¿Quién quiere ser pobre?”

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Javier Pérez Andújar desmonta los mitos sobre la literatura de la periferia

 

 

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Texto: ANTONIO ITURBE

 En la novela Los mares del Sur, de Manuel Vázquez Montalbán, un empresario barcelonés que todos creían que se había ido a los paradisiacos Mares del Sur aparece asesinado en un barrio obrero de los feos suburbios de Barcelona, de ese barraquismo vertical que creció en la ciudad como rompeolas de la ola migratoria de los años 1960.

La Asociación Colegial de Escritores de Catalunya (ACEC) organizó ayer una jornada para tratar de dilucidar si existe una literatura de periferia. Y junto al presidente de la ACEC, el escritor David Castillo y el arquitecto (y poeta) Francesc Cornadó, se presentó vestido con una camiseta colorida como si llegara de los idílicos Mares del Sur el escritor y paseante Javier Pérez Andújar. El territorio literario que ha transitado Pérez Andújar ha sido en dos de sus libros el de la memoria de ese Sant Adrià del Besós de extrarradio donde paseaba con su madre entre chimeneas descomunales. También el de los profesores de las misiones pedagógicas que se hundieron en el pozo del franquismo con sus sueños docentes o el de la ironía –y el sarcasmo- hacia esos años de la dictadura franquista que organizó sus propios Mares del Sur en Barcelona para unos pocos.

David Castillo abrió la sesión explicando que, “cuando era pequeño, las baterías antiaéreas de la Guerra Civil abandonadas por encima del barrio del Carmelo eran un lugar remoto y solitario, pero ahora está atestadas de jóvenes que montan fiestas y se ha convertido en un mirador de moda. Lo que antes era periferia al paso del tiempo puede convertirse en centro”.

Francesc Cornadó señaló que la periferia “no limita gramaticalmente en un plano y no se delimita con una línea, sino que la marca el ambiente. No se trata de geometría sino de corazón. La periferia es una cuestión de excluidos, de pobreza, se formar parte de los que no han sido invitados a la fiesta”.

A preguntas de la conductora de la jornada, la socióloga y escritora Marga Iriarte, Javier Pérez Andújar señaló que “lo que escribo no es antropológico sino poético. No escribo poesía porque se me da fatal contar sílabas, pero yo me considero un romántico que se impresiona por el paisaje”. Rechazó que se trate de una escritura melancólica: “no se trata de nostalgia. Yo no quiero hablar del pasado sino del presente, de quién soy yo. Esa idea de la periferia genera dos tipos de autores: centrípetos y centrífugos. El centrípeto es atraído por el lugar, se siente llamado por él, se ve impelido a publicar estudios sobre ese sitio. Yo, en cambio, me considero un autor centrífugo: intento huir de ahí, es una lucha por salir de eso… ¿quién quiere ser pobre? Toda mi vida es un intento de no dar un palo al agua y salir adelante. Esa es mi aportación a la lucha de clases”.

Cornadó le preguntó cómo unía el racionalismo arquitectónico de esos barrios de la ola migratoria donde creció con su tono poético: “La gente se identifica con la obra porque es emocional, es un diapasón que vibra y hay gente que sintoniza con esa vibración. Cuando escribes tienes que contar lo que sabes, no hacerlo de oídas. Tienes que escribir lo que llevas dentro porque toda escritura implica una desgarradura”.

David Castillo apuntó algunos títulos de autores que han merodeado en su literatura la periferia, como Luis Goytisolo en Las afueras. Tuvo un especial recuerdo para Paco Candel, autor de obras como Donde la ciudad cambia su nombre, que recorrió en sus libros los barrios en los alrededores de esa Zona Franca olvidada por la Barcelona acomodada. Recordó que Paco Candel “era comunista, del PSUC, pero después quisieron apropiárselo los de Convergència i Unió”. Ahí Pérez Andújar apuntó que “Por eso no puedes centrar un debate literario en la etiqueta de periférico, ¡la literatura es otra cosa!  El escritor sólo pertenece a la literatura: a lo que has leído y visto, a lo que te ha quedado”.

Marga Iriarte leyó uno de sus pasajes de Paseos con mi madre: “No hay manera de estar cerca de Barcelona si antes no lo estuvieron tus antepasados”…Y el autor apuntó que “es que te obligan a estar en un lugar donde tampoco te dejan estar. Y entonces te dicen que no te integras… ¡pero si yo nací para desintegrarme!”.

Negó en la jornada propuesta por la ACEC una y otra vez aceptar la etiqueta de escritor periférico con su ética de resistente de clase trabajadora que se niega a ser comparsa de nada: “la invención de la periferia es una maniobra reciente inducida para dar carta de naturaleza nacional a una manera de escribir. Es un chantaje y trampa para crear una realidad social inventada y un premio de consolación. Es como un desfile de muñecos o de soldados: ahora viene la artillería, ahora los escritores de los barrios obreros… y no. El acto fundamental para mí es ser rebelde. Escribo para vacilar. No hay que dejarse atrapar. Uno escribe desde su cabeza, desde su fantasma”.

Con ese brillo en sus ojos de los abducidos por la literatura afirmó que “Un escritor no es necesario que tenga razón, ni que sea preciso con la realidad, ni siquiera que diga toda la verdad… lo importante es que te ilumine. Si te ilumina, es un escritor”. 

Javier Pérez Andújar desmonta los mitos sobre la literatura de la periferia