Premio Nobel: Olga Tokarczuk y Peter Handke: literatura más allá de la política

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La escritora polaca Olga Tokarczuk, cuya novela "Los errantes" publicará próximamente Anagrama, y el escritor austríaco Peter Handke, cuya obra encontramos principalmente en Alianza, consiguen el Premio Nobel de Literatura

 

 

 

 

 

Texto: REDACCIÓN

 

El sentido de las apuestas reside, por paradójico que pueda parecer, en no acertar; se apuesta sabiendo que se va a perder, solo desde esta serena aceptación tiene sentido apostar y es que bien podría sospecharse que quien apuesta encuentra el placer en ese “ay, casi acierto”. Esto es lo que han comentado con mayor o menor orgullo muchos esta mañana cuando la Academia Sueca, tras sus annus horribilis, anunciaba los dos ganadores del Premio Nobel de Literatura. El hecho de que los escándalos sexuales y de intercambios de favores del año pasaron conllevaran la dimisión, obligada y voluntaria, de gran parte del jurado del galardón haciendo imposible su concesión, ha llevado a que este año se concedieran por primera vez en la historia dos galardones. Doble posibilidad para acertar, pero también para fallar tanto para los fanáticos de las apuestas como para la Academia, a quien le urgía recuperar un prestigio que, si ya dudoso, los escándalos del pasado año habían terminado por destrozar. Es difícil saber hasta qué punto la concesión del galardón a la escritora polaca Olga Tokarczuk y al escritor austríaco Peter Handke hayan restaurado, ni que sea en parte, el prestigio perdido por la Academia sueca; de lo que no cabe duda es que, como decíamos al inicio, han subrayado que las apuestas existen para no acertar. En efecto, ni el eterno nominado Murakami, ni la poeta Ann Carson o la escritora Joan Didion, ni la gran figura de Philip Roth, ni la inspiradora y literariamente brillante Margaret Atwood y tampoco el prolífico y genial César Aira… ninguno de estos nombres, ya habituales en las quinielas se ha alzado el galardón. Quienes desde hace algunos años apuestan, con bastante inocencia y mucha devoción, por Javier Marías han visto una vez más decepcionadas sus aspiraciones y quienes con acierto reclaman un Nobel para Milan Kundera han asistido a la enésima oportunidad perdida de galardonar a uno de los escritores e intelectuales europeos de más relevancia del pasado siglo XX y parte del XXI.

Tras Wislawa Szymborska, Olga Tokarczuk es la segunda autora polaca en alzarse con el Premio Nobel de Literatura. Su victoria ha despertado la alegría en la editorial barcelonesa Anagrama, que no podía culminar mejor los festejos de su 50 aniversario. En poco más de un mes, la editorial fundada por Jorge Herralde publicará Los errantes, un libro, leemos en la web de Anagrama, “inquieto e inquietante, hecho de historias incompletas, cuentos oníricos subsumidos en un libérrimo cuaderno de viaje a base de excursos, apuntes, narraciones y recuerdos que muchas veces tienen como tema el viaje mismo”. Tokarczuk ya había sido publicada por Lumen y, más recientemente, por Siruela, aunque su presencia en las librerías se reducía principalmente a dos títulos: Sobre los huesos de los muertos y Un lugar llamado antaño. No muy conocida fuera de Polonia, su fama comenzó a crecer en 2018, cuando obtuvo el Man Booker International y de que su novela Spoor -Los errantes- fuera adaptada al cine por Agnieszka Holland, consiguiendo en Oso de Plata del Festival de Berlín.

El caso de Handke es completamente distinto al de Tokarczuk: estamos delante a uno de los autores austríacos actuales con más proyección y cuya influencia ha sido determinante en más de una generación de escritores, quienes se formaron a través de su ya extensa obra. Autor del guion de Cielo sobre Berlín, película de culto dirigida por Wim Wenders, es autor de títulos como Carta breve para un largo adiós, Ensayo sobre el cansancio, El miedo del portero al penalty o Desgracia impeorable. El jurado ha querido premiar su “trabajo influyente que, con inventiva lingüística, ha explorado las periferias y la especificidad de la experiencia humana".

No es únicamente el grado de popularidad aquello que separa a Tokarczku de Handke, sino también sus posicionamientos políticos: mientras la escritora ha destacado siempre por sus posicionamientos de izquierda y su férrea oposición a la ultraderecha, cada vez más presente en su país natal, Polonia, Handke ha tenido un posicionamiento más que discutible durante la Guerra de los Balcanes, mostrando públicamente su apoyo a Milosevic, acusado de genocidio por el Tribunal de la Haya, al que el escritor austríaco no ha dudado en desprestigiar en más de una declaración. Su apoyo incondicional a Milosevic, a cuyo funeral no dudó en asistir, y su afirmación de que los serbios habían sufrido aún más que el pueblo judío provocó tal escándalo que el escritor renunció al premio Heinrich Heine que le fue concedido entre muchas protestas.

Desde un punto de vista político, Handke no parece haber sido la mejor elección, sobre todo si se considera que por aceptar un premio a manos de Pinochet a un autor como Borges se le fue negado el Nobel hace ya más de tres décadas. Visto desde otra perspectiva, puede que el acierto del jurado resida precisamente en esto: en concederle el galardón a un gran escritor independientemente de sus posiciones políticas, por muy aberrantes que estas puedan ser. Al fin y al cabo, lo que se premia es la obra literaria y, si es así, poco o nada puede discutirse de la obra de Handke. En este sentido, los dos nobel concedidos hoy reconocen el talento más allá de la popularidad y la política, reconocen dos trayectorias muy dispares entre sí y consagran dos autores, en concreto a Tokarczku, cuya obra supondrá un verdadero descubrimiento para muchos lectores.