Paolo Giordano: “Cada vez es más complicado mantenerse fiel a una serie de preguntas”

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Tras La soledad de los números primos, Como de familia y El cuerpo humano, el autor italiano Paolo Giordano regresa a las librerías españolas con su última novela, Conquistar el cielo, donde trata temas de actualidad como el ecologismo, los cambios y la fe.

 

 

 

 

Texto: DAVID VALIENTE

Foto: ASÍS G. AYERBE

 

¿Los cambios que se están produciendo en el mundo le han llevado a escribir sobre la pérdida de la fe y las relaciones complicadas?

Ha habido un cambio muy grande y en muy poco tiempo si lo comparamos con épocas anteriores. La generación de nuestros padres no se tenía que hacer muchas preguntas sobre sus propias creencias, ya les venían asignadas. En pocos años nos hemos encontrado con un catálogo de muchas opciones para elegir en qué creer. El libro habla de esta capacidad nuestra de elección y de lo difícil que puede llegar a ser tomar un camino u otro.

Entonces ¿usted considera que sin este catálogo el ser humano no hubiera experimentado los cambios tan rápido?

Sí, lo creo, es más, siento que en mi vida privada he tenido una gran libertad para elegir, lo que me ha permitido decidir mi sitio y mi manera de estar en el mundo, y esto no siempre ha sido así. Los personajes de mi novela en realidad pasan por algo parecido, también son llevados al extremo, cambian de perspectiva y atraviesan una serie de dificultades a la hora de elegir. Esto nos lleva asumir que cada vez es más complicado ser fiel a una serie de creencias.

Su novela nos describe a un personaje, Cesare, que ha desarrollado su propia forma de entender la religión. ¿Considera que las creencias religiosas deben ser adquiridas por el estudio individual y la observación o por el contrario deben de ser dadas por la tradición familiar y cultural?

Mi familia nunca me impuso una religión, pues no tenían ninguna creencia religiosa, eran ateos. Eso no quita que yo no me haya preocupado en buscar mi creencia. Y en el proceso de búsqueda la encontré, aunque la volví a perder, para luego volver a encontrarla y someterla a examen. Desde que comencé a escribir Conquistar el cielo, me he dado cuenta de que en realidad no era importante mi actitud personal hacia la religión, sino lo que hace la religión en los procesos sociales que luego repercuten directamente en el individuo. Una anécdota que ayuda a explicar mi argumento: estuve hace un mes en Francia para promocionar la novela en la versión francesa, y en todas las entrevistas que hice, en ninguna me preguntaron por la religión, en cambio aquí que llevo cinco entrevistas, en todas me habéis preguntado sobre la religión, demostrándome que las estructuras del sitio en el que vivimos nos amoldan.

¿Y usted en qué cree?

Creo que hay que mantener abiertas las preguntas importantes. Esta novela, de hecho, comienza con unas preguntas que son en qué creer y cómo se elige la creencia, pero al final de la novela estas preguntas no tienen respuesta. Pienso así gracias a la ciencia; la ciencia se basa en hacer preguntas, no tanto respuestas.

Relata un hecho que podríamos usar como una metáfora política. Cesare compra un ordenador del que solo hace uso Nicola, que además es su hijo carnal. Los otros dos muchachos, Tommaso (adoptado) y Bern (hijo de su hermana), ven esto como una injusticia y deciden ponerse en huelga. Cesare no reacciona, ignora la petición de sus “otros dos hijos” y continúa como si nada pasara, ¿no es esto mismo lo que hacen los gobiernos, ignorar el reclamo del pueblo?

Eres la primera persona que se fija en este momento que para mí es clave en la novela porque es el momento en el que la tecnología entra en las vidas bucólicas de la familia de Cesare. La tecnología, dentro del seno familiar, no solo trae el progreso, también la destrucción de la estructura familiar. Cesare en realidad tiene un defecto de escucha, como la mayoría de nuestros gobernantes; aplica sus convicciones sin preguntarse si de verdad funcionan con las personas de su alrededor. Cuando configuré a Cesare no pensé en los políticos, pero sí en la importancia que en nuestras vidas tienen nuestros maestros y la educación que estos nos dan.

¿Usted está queriendo dar una visión pesimista de la tecnología?

No, solo deseo resaltar los problemas que pueden acaecernos el mal uso de las tecnologías. Además, desde la tecnología nos llegan las nuevas preguntas; es innegable que la tecnología multimedia ha cambiado nuestra manera de pensar e indagar en esos cambios me parece algo excitante y necesario al mismo tiempo.

Bern es un esbozo de “intelectual salvaje”, lee mucho, es inquieto y a la vez se mete en líos. Se aprecia como estas lecturas lo convierten en un ser egoísta y ansioso. ¿No es cierto entonces que el conocimiento te convierte en una persona más empática y altruista?  

No lo creo, además hay muchos ejemplos que nos demuestran que el conocimiento no convierte a una persona en un ser humano con mayor empatía. Para mí existe una gran diferencia entre conocer las cosas y sentirlas tan profundamente que te levanten del sofá y te hagan actuar. Si de verdad el conocimiento nos hiciera personas altruistas, el mundo funcionaría de otra manera.

¿Y hay alguna manera de cultivar la empatía?

Quizás leer novelas específicamente ayude en la labor de conversión empática porque amplía nuestro radio de imaginación, pero no es suficiente para que los seres humanos adopten aptitudes altruistas.

¿Fe y ciencia son incompatibles?

No, son diferentes.

¿Y por qué esa pugna entre la fe y la ciencia que ha habido a lo largo de la historia?

Para mí es una locura porque la fe y la ciencia tratan de responder dos preguntas diferentes y dos necesidades diferentes. Puede haber contradicción en las respuestas específicas a problemas específicos, por ejemplo, la teoría del Big Bang y el Génesis mantienen un discurso completamente opuesto. Pero no hay contradicciones en la naturaleza profunda de las dos disciplinas y, por supuesto, la ciencia, por mucho que avance, nunca podrá excluir una serie de preguntas religiosas.

Sus personajes son ecologistas, crean ecohuertos, se comprometen con el planeta tierra, ¿cree que este tema se nos ha ido de las manos, tanto por las personas que protegen la naturaleza como por los pasotas y los que la contaminan adrede?

La novela ha sido escrita antes del auge del fenómeno ecologista reciente, pero yo hace muchos años que estoy comprometido como periodista y persona en la agenda internacional que tiene relación con el ecologismo: cubrí la Cop 21 de París (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático). Ahora estamos en un momento de cambio y es normal que encontremos todo tipo de tonterías, pero estoy muy contento con lo que está ocurriendo ahora ya que solo con esta transición la gente joven desarrollará una nueva sensibilidad que quedará impregnada en ellos. ¡Viva Greta!

Ya que menciona a Greta Thunberg, ¿qué opinión le suscita los comentarios vertidos sobre la joven por parte de los medios de comunicación?

Considero que unos adultos que insultan a una joven, que ha tenido una gran fuerza interior para mover a millones de personas, se ponen en evidencia con su propia estupidez. No cabe duda de que hay un juego simbólico detrás de ella, pero de todas formas Greta ha hecho algo extraordinario; personalmente soy bastante escéptico con los ídolos, pero Greta está consiguiendo cambiar la situación. Yo la admiro.

En su novela, un grupo de jóvenes ocupan la casa de Cesare, ¿Cuándo considera usted que una ocupación es legítima?

Hace dos noches fui a ver la película Joker, en la que la pulsión subversiva es muy fuerte. Salí del cine con la sensación de que ya deberíamos de estar subvirtiendo este sistema, pero a la vez siento culpa porque estoy en la parte del mundo de los privilegiados. Lo único que puedo hacer es poner en duda la situación actual e imaginar otras diferentes para reflexionar sobre ellas.