Una mirada con guantes al juicio del procés

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El juicio, de Iñigo Sáenz de Ugarte, una crónica crítica al proceso y a su sentencia

 juicioroca

 

Texto: Redacción 

 

 "Estamos igual en el conflicto que un día antes del juicio”, con esta frase el periodista Sáenz de Ugarte concluyó la presentación de su libro El juicio en Barcelona, donde estuvo acompañado por el político de ERC, Joan Tardà, y la editora de Roca editorial, Blanca Rosa Roca. Sáenz de Ugarte realiza en su libro una crónica sobre el juicio del procés, dejando al lado las ideas personales y mostrando lo que ha sucedido en la sala del Tribunal durante los cuatro meses que ha durado la causa, un libro que Tardà definió como “un libro no contaminado que ofrece una mirada con guantes sobre el juicio del procés “

Durante el encuentro, Sáenz de Ugarte explicó la complejidad del juicio, un juicio histórico que ha afectado la vida política del país y que no ha terminado con el conflicto. Tardà recordó que estamos inmersos en una “gran anomalía” y que el juicio ha supuesto una gran “fractura emocional”. “A cuanta más fractura menos política y el problema se hace mayor y más difícil de solucionar”. En definitiva, “este juicio es la demostración de un fracaso”. En un proceso tan marcado por hechos políticos era inevitable que el Tribunal no hiciera sus valoraciones políticas y en la sentencia aparece una frase clave “No nos incumbe ofrecer -ni siquiera, sugerir o insinuar- soluciones políticas a un problema de profundas raíces históricas”.

juicioUno de los puntos fundamentales y más controvertidos del juicio fue dirimir si había habido rebelión. La sentencia deja claro que no y encuentra culpables a los acusados de sedición, no de desobediencia, como algunos de los defensores aducían, pero en ningún caso de rebelión, como insistían los fiscales. Una de las consecuencias de la sentencia para Sáenz de Ugarte es “el ridículo que han hecho los fiscales al defender la rebelión hasta el final del juicio” cuando el Tribunal la descarta totalmente “El Estado mantuvo en todo momento el control de la fuerza, militar, policial, jurisdiccional e incluso social -afirma la sentencia-. Y lo mantuvo convirtiendo el eventual propósito independentista en una mera quimera”. Por esta declaración, comenta Sáenz de Ugarte, “la sentencia ha dejado insatisfecha a buena parte de la derecha española”. Una sentencia de 493 páginas a la que los magistrados han llegado por unanimidad y que se ha cuidado mucho para que se sostenga ante un futuro recurso en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. “Marchena se ha preparado a fondo al dedicar 194 páginas (un 40% del total) a los argumentos para defender la instrucción judicial y el juicio con la vista puesta en Estrasburgo”. El veredicto ha resultado ser una paradoja porque se condena a los acusados de sedición y a la vez se afirma que los políticos independentistas sabían que la   independencia era una quimera “eran conocedores de que lo que se ofrecía a la ciudadanía catalana como el ejercicio legítimo del “derecho a decidir” no era sino el señuelo para una movilización que nunca desembocaría en la creación de un Estado soberano”.

Uno de los mentirosos de esta historia para Sáenz de Ugarte es Puigdemont porque “engañó a mucha gente diciendo que fueran a votar y dos días después estaba negociando para ver qué se podía hacer”. “Tengo la sensación de que una vez que se produjo el referéndum, la maquinaria se desactivó. No había nada preparado y no estaba previsto aplicar la ley de desconexión”. En la sentencia se incluye una de las afirmaciones de uno de los abogados de la defensa, Javier Melero, quien dijo que “el Estado siempre tuvo el control y que desde el punto de vista penal nunca hubo rebelión”. Rajoy, por su lado, también mintió afirmando en su declaración que “hablé con Urkullu, como hablé con otras personas” negando la evidencia que durante muchos días los presuntos acusados de rebelión estaban con mediadores para negociar. Joan Tardà afirmó que “hay personas que consideran que el conflicto es irresoluble y lo único que desean es ganar tiempo”, pero abogó por la necesidad del diálogo y para lograrlo “las dos partes se deben reconocer”.