Hebe Uhart: una escritora de la que hay que hablar

Hits: 2025

Un recorrido por las novelas de la escritora argentina Hebe Uhart, fallecida en octubre de 2018 y cuya obra está recuperando la editorial Adriana Hidalgo.

 

 

 

Texto: DAVID PÉREZ VEGA

 

Desde hace unos años, cada vez me estaba encontrando más con el nombre de Hebe Uhart (Moreno, provincia de Buenos Aires, 1936-Buenos Aires, 2018) como una de las figuras destacadas del cuento argentino. Cuando esta autora murió en 2018, la editorial Adriana Hidalgo se propuso sacar sus obras completas en tres volúmenes: Novelas completas, Cuentos completos y Ensayos completos. El primero en llegar a España, donde la editorial argentina tiene distribución, ha sido el de las Novelas completas. Lo compré en la Librería Juan Rulfo de Moncloa el día en que presenté, junto a su autor, el volumen de cuentos Lejos del champán de Carlos Torrero.

Estas Novelas completas están formadas por las siguientes nouvelles: La elevación de Maruja (1974), Algunos recuerdos (1983), Camilo asciende (1987), Memorias de un pigmeo (1992), Mudanzas (1996) y Señorita (1999). Suelen abarcar entre 40 y 70 páginas. Los escenarios característicos son las afueras de Buenos Aires o los pueblos de la provincia (sobre todo Moreno y alrededores, que es de donde procede la escritora). Los personajes suelen hablar de Buenos Aires como de una gran urbe que se rige por ritmos y costumbres extrañas para ellos, que se sienten gente sencilla o apartada de la modernidad.

En La elevación de Maruja, Uhart comienza presentándonos a Arturo: «En un barrio de clase media acomodada sin pretensiones, vivía don Arturo, industrial jubilado» (pág. 21). A don Arturo se le acaba de morir su mujer, y unas cuantas páginas más tarde su soledad y rutina se verán asaltadas por la llegada de su ahijada Maruja, una chica que huye de un hogar infeliz. «Cuando cayó en la casa de don Arturo fue por dos motivos: se enteró de que se había muerto su madrina, quería consolar a su padrino y quería vivir en la casa de él un tiempo para seguir estudios de danza» (pág. 27). Las costumbres y aspiraciones de Maruja chocarán con la vida ordenada de don Arturo. La novela está contada en tercera persona, pero en momentos puntuales emerge la presencia de una narradora, que se podría identificar con la propia escritora, y que parece contar la historia que su personaje (Maruja) le contó a ella. En este sentido, la narración tiene algo de decimonónica, pero tomando este recurso desde la ironía. En la novela se habla también del pueblo de Navarro, y durante varias páginas Uhart describe las peculiaridades de las gentes de ese pueblo. En gran medida, uno de los temas principales de estas nouvelles es la crítica de costumbres de la clase media o provinciana. Pero en ningún caso se hace desde un punto de vista hiriente, ya que la narradora no se sitúa por encima de sus personajes, sino que los comprende y los acompaña en sus periplos entre la provincia y la capital. También se hace uso de un fino humor, que en muchos casos pasa casi desapercibido, pero que adereza las narraciones con un aire de broma continua. Además, las costumbres que Uhart critica aquí, o con las que juega de modo burlesco, a menudo son tan extrañas o surrealistas que, en ocasiones, parece que los postulados de sus novelas se acercan a los de la «novela del absurdo». En algunas reseñas recientes he hablado de un género muy practicado por los argentinos y que se ha bautizado como «neofantástico». En apariencia, en la narración no se rompen las reglas de la realidad (no hay fantasmas, nadie vuela, etc.), pero las acciones de los personajes ante una realidad inusual parecen regirse por una lógica propia. Estoy pensando en algunos de los cuentos de Federico Falco o en algunas páginas de César Aira. Así, por ejemplo, Maruja y su pareja tienen la oportunidad de viajar a París; ésta es la descripción que hace Uhart de la impresión que esta ciudad causa en Maruja: «Lo primero que llamó la atención de Maruja en París fue la cantidad de gente con perros: una vez en la misma cuadra vio tres, dos hombres y una mujer. Todos esos perros estaban haciendo pis casi al mismo tiempo, pero sus dueños no atendían a esa función: cada dueño permanecía erguido y reservado, como sumido en pensamientos muy privados e importantes» (pág. 41). En el párrafo anterior se puede percibir la peculiar mirada de Hebe Uhart sobre el mundo que describe y su fino sentido del humor.

Los personajes de Hebe Uhart quieren «elevarse», como ya anuncia el título de esta primera nouvelle; es decir, pretenden trascender su entorno y su condición social y tener opiniones y actitudes más sofisticadas sobre el mundo que les rodea. Esto se verá de forma muy clara en Algunos recuerdos, la segunda narración. Aquí parece que Uhart usa su memoria para construir su propia historia de niña de provincia, y habla del mundo de las relaciones familiares en la infancia. Pero en cualquier caso –como he leído en algunos análisis sobre la obra de esta autora– no podemos hablar de obras autobiográficas, porque Uhart retuerce y modifica sus recuerdos hasta convertirlos en ficción. En Algunos recuerdos aparece, por primera vez, la figura de «la tía loca», que llama poderosamente la atención de la niña (esta nouvelle está contada desde el punto de vista de una niña que observa el mundo de los adultos) por su capacidad de romper las normas del mundo de los mayores. Este motivo de «la tía loca» volverá a aparecer en alguna de las nouvelles de este volumen: se trata de un personaje que está basado en un familiar real de la autora. «¿Cómo puede ser que una chica tan grande, de dieciocho años, quede tan fascinada delante de un frasco de caramelos?», se pregunta la niña Luisa (protagonista de esta narración), al mirar a otra chica que ya tiene citas con chicos, en la página 78, y este interrogante nos da, en gran medida, el tono de la nouvelle. Cuando Luisa crezca, la fascinación por la «tía loca» se transformará en cautela, porque se da cuenta de que le avergonzaría presentársela a un chico con el que ha empezado a salir. Y en este ocultamiento, en esta vergüenza, en este «guardar las apariencias» reside en gran medida la clave del mundo adulto, y de la crítica de costumbres que lleva a cabo Uhart en sus obras.

Después de las nouvelles anteriores, Camilo asciende me ha parecido inferior a lo ya leído y, hasta cierto punto, he tenido la sensación de que no me aportaba ideas nuevas con respecto a las de las obras anteriores. Una familia del pequeño pueblo de Paso del Rey deseará trasladarse a Moreno, un pueblo cercano más grande. Veremos aquí el contraste entre los inmigrantes italianos recién llegados a América y los ya asentados. De nuevo, el deseo de «elevarse» o aparentar será el motor de la historia. Los personajes parecen situarse en el mundo a través de la mirada de los demás sobre ellos, nos dice aquí Uhart, y esto es tan patético que no deja de ser cómico. El libro alza de nuevo el vuelo en Memorias de un pigmeo, que quizás sea la narración más original del volumen. En un pueblo indeterminado, situado en África, o bien en una África imaginaria y no realista, unos misioneros se dan cuenta de que Udo es un niño con talento para el estudio y consiguen apartarle de su tribu y llevarle a la ciudad para que pueda estudiar y formarse. El choque cultural será fuerte para Udo. De nuevo, tenemos aquí el humor para realizar la crítica de costumbres, pero en esta narración la evolución vital del personaje eleva la nouvelle y la hace más trascendente. Creo que Memorias de un pigmeo es la narración que más me ha gustado de las seis recogidas aquí.

Mudanzas es una narración muy parecida a Camilo asciende, que también contiene elementos de Algunos recuerdos. Esta nouvelle no despertó en mí el mismo interés, porque de nuevo tenía la sensación de repetición de ideas narrativas. Aunque compruebo ahora que miro mis anotaciones que en esta narración se emplea –más que en otras– el recurso de la frase hecha con intención crítica y cómica. En Señorita, sexta y última nouvelle, parece que Hebe Uhart vuelve a usar sus recuerdos de infancia y adolescencia para escribir. Si bien en Algunos recuerdos el punto de vista era el de una niña, ahora parece ser el de una persona adulta que recuerda su pasado. Vuelven a repetirse anécdotas, como la lectura de los diarios de León Bloy. En Señorita se le cuenta al lector, por primera vez, que la narradora ha empezado a escribir cuentos: esto ha hecho que el texto cobrara más interés para mí.

Como conclusión diré que de las seis nouvelles he disfrutado realmente con tres: La elevación de Maruja, Algunos recuerdos y Memorias de un pigmeo. En las otras tres (Camilo asciende, Mudanzas y Señorita) notaba que me hablaban de sucesos y temas narrativos que la autora ya me había contado –de un modo mejor– en otras páginas. Tengo además la sensación de haberme equivocado al acercarme a la obra de Hebe Uhart, una autora reconocida sobre todo por sus cuentos. Debería haber empezado por sus Cuentos completos que, por lo que he leído, son la parte principal de su obra y el espacio donde Uhart ofrece todo su talento narrativo. De hecho, tengo la impresión de que el impulso narrativo de Uhart, su distancia natural, es el cuento, y que estas nouvelles, en gran medida, son cuentos que se le hicieron largos, que no estaban planificados como novelas. No sé si será pronto, pero he decidido leer los Cuentos completos de Hebe Uhart. Ya hablaré de ellos.