Sami Naïr: “Simone de Beauvoir era una revolucionaria radical”

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Entrevista al pensador Sami Naïr por su libro Acompañando a Simone de Beauvoir (Galaxia Gutenberg)

 

 

 

Texto y foto: VÍCTOR ROYO

 

En Acompañando a Simone de Beauvoir. Mujeres, hombres, igualdad (Galaxia Gutenberg), el politólogo y filósofo francés de origen argelino Sami Naïr (Tlemcen, Argelia, 1946) elabora un testamento inédito sobre la vida y obra de Simone de Beauvoir, una de las grandes mujeres de la historia, compañera inseparable de Sartre y autora de una de las obras más importantes del siglo XX: El segundo sexo. Naïr, que coincidió con la escritora en la influyente revista francesa Les Temps Modernes, se expresa de manera alta y clara, y en ningún momento titubea a la hora de reivindicar el legado de una obra literaria y filosófica fundamental para el desarrollo del movimiento feminista.

Usted conoció a Simone de Beauvoir cuando entró a formar parte del comité directivo de la revista Les Temps Modernes, fundada por ella y Jean-Paul Sartre en 1945. ¿Cómo era trabajar a su lado?

Era una trabajadora demencial, muy rigurosa y sistemática. Además tenía una cultura enorme, leía muchísimos libros sobre filosofía, sociología, antropología o historia. Como directora de la revista ella se ponía al mismo nivel que el resto de los colaboradores, propuso un sistema muy democrático en el que nunca se imponía su punto de vista. Beauvoir era una persona firme y distante, con un sentido del humor devastador capaz de crucificar a alguien con solo decir dos palabras. Pero lo que me quedó más grabado de ella fue su solidaridad; hizo mucho por los demás. Fue un lujo poder trabajar con ella, intelectualmente es una persona que me ha influenciado muchísimo.

El segundo sexo es su obra más importante y el libro fundacional del feminismo. ¿Cómo se gestó esa obra?

Simone fue una revolucionaria radical durante toda su vida, precisamente por eso pudo analizar como lo hizo la situación de la mujer, porque para escribir El segundo sexo una ha de ser muy radical y muy atrevida intelectualmente hablando. Por suerte ella tenía el nivel de los grandes pensadores, era una filósofa excepcional. Simone escribió este libro porque en aquella época la ideología dominante consistía en decir que la mujer era radicalmente diferente al hombre y por lo tanto, debía de aceptar la dominación masculina y su papel reproductor en torno al ámbito doméstico.

En el libro Simone de Beauvoir defendió la igualdad entre hombres y mujeres como herramienta para la emancipación global del ser humano. ¿En un mundo cada vez más diferencialista ha quedado anticuado su discurso?

No, creo que lo que es anticuado es precisamente el diferencialismo. Lo que propuso Beauvoir fue que la mujer es un ser humano igual al hombre y que la denominada naturaleza femenina no era más que un producto fabricado por la sociedad masculina. Hoy en día la mujer tiene que reafirmase ante esta sociedad masculina, y no como un elemento opuesto a los hombres, sino como mujer que lucha por su emancipación generando al mismo tiempo la emancipación del hombre. Beauvoir defendía en El segundo sexo una sociedad de fraternidad entre hombres y mujeres, pero para que esto ocurra los hombres tienen que entender que la dominación masculina debilita al ser humano.

Esta postura también le valió muchas críticas por parte de algunos sectores del movimiento feminista…

Cuando se desarrolló el feminismo hubo un momento, sobre todo a partir del Mayo del 68, que una parte del movimiento empezó a defender la idea de que la única manera de conseguir la emancipación era separándose del hombre. El hombre era visto como un adversario. Beauvoir decía que precisamente eso era caer en la trampa del machismo dominante, ya que favorecía la reacción de los hombres y, como se encuentran en una posición mayoritaria frente a la mujer, contra eso es difícil luchar. Había también una segunda corriente más conservadora que abogaba por la condición reproductora de la mujer y por la servidumbre hacia el hombre. Beauvoir decía que estas dos formas de pensar formaban parte de un feminismo regresivo, ya que aceptaban la diferencia entre la mujer y el hombre en contra del carácter universal del ser humano.

Ahora también hay partidos políticos como el PP que tienden a defender un feminismo integrador e igualitario, y no un enfrentamiento entre hombres y mujeres. ¿Es una contrariedad?

Exceptuando la extrema derecha no existe en el planeta ningún partido respetable que defienda un feminismo desintegrador. Lo que importa es analizar los hechos, ¿qué hacen ante la ley para establecer una verdadera equiparación en todo lo referente a las estructuras sociales, la transmisión del conocimiento, o la posibilidad de las mujeres de acceder a puestos de responsabilidad? En definitiva, para que no sean víctimas esenciales de la precariedad. Algunos partidos integran de verdad porque ponen en marcha políticas progresistas y dan a las mujeres las herramientas necesarias para luchar contra los hombres que no aceptan esta situación. Por el contrario, la política del PP genera y favorece esa precariedad impidiendo que las mujeres tengan la posibilidad de luchar contra las formas de dominación imperantes.

¿Es la lucha de clases una condición indispensable para conseguir la emancipación femenina?

Al principio Simone de Beauvoir creía que sí, pero cuando en la década de los cincuenta empezó a viajar por los países comunistas ella me contó que en esos lugares la emancipación económica existía y que las mujeres podían trabajar en el mundo asalariado pero que por el contrario nada había cambiado para ellas ni en el ámbito doméstico ni tampoco en el discurso. Simone volvió de allí diciendo que no podíamos esperar a una revolución social, porque la lucha feminista va mucho más allá, la emancipación debía desarrollarse aquí y ahora, sin esperar a la lucha de clases. Por eso cuando en 1981 la izquierda reformista de Mitterrand ganó las elecciones en Francia ella dijo: “no apoyo a la izquierda de manera ciega, sino con los ojos bien abiertos”.

A lo largo del libro está bien presente la figura de Albert Camus. ¿Qué significó para la intelligentsia francesa de la época el distanciamiento entre el escritor argelino y el tándem formado por Beauvoir y Sartre?

Hay muchos malentendidos y desinformaciones al respecto. Camus era una gran escritor y Beauvoir lo admiraba muchísimo, fueron muy amigos. El primer enfrentamiento fue precisamente por causa de El segundo sexo. Cuando se publicó, Camus se enfadó muchísimo y dijo que ese libro era un insulto contra los varones franceses. Esta afirmación provocó una pequeña distancia entre los dos, pero siguieron trabajando juntos. Posteriormente, cuando estalló la Guerra Fría se produjo una división dentro de la intelectualidad francesa, un bando apoyaba a la Unión Soviética y otro a los norteamericanos. Camus tomó posición en contra de la corriente mayoritaria que era la antiimperialista aunque tampoco defendía a los norteamericanos. Pero esto no provocó el distanciamiento, fue la guerra de Argelia. Camus era argelino y muy anticolonialista, defendía una Argelia en el que cohabitaran las dos comunidades, la argelina y la francesa. Pero hubo un momento en que la lógica de la guerra provocó que la comunidad francesa no quería convivir con la musulmana. Camus tomó posición y dijo una frase muy desgraciada: “entre mi madre y la justicia, elijo a mi madre”. Para Beauvoir eso fue una decepción mucho más importante que la motivada por El segundo sexo, me dijo que ese hombre no había entendido que era la civilización, porque la civilización es precisamente hacer prevalecer siempre la justicia porque si no es la guerra de todos contra todos.

Precisamente el estallido de la guerra de Argelia en 1954 supone para Simone de Beauvoir un impacto emocional muy fuerte y desata en ella un claro sentimiento anticolonialista.

Es un hecho fundamental en su historia, y quizás el único momento de su vida en el que pensó dejar Francia, y eso que ella tenía un sentimiento de arraigo muy fuerte hacia su país. No podía soportar el racismo que apareció entonces y que se escuchaba en los restaurantes y en las calles. Para ella, el racismo y el sexismo eran las dos cosas más indignas del ser humano. Cuando Jean-Marie Le Pen, que había sido uno de los grandes torturadores del pueblo argelino, obtuvo unos buenos resultados en unas municipales en Francia, ella me dijo que no podíamos dejar que algo así ocurriera e inmediatamente me pidió hacer un número especial para la revista Les Temps Modernes. Fue una de las primeras grandes investigaciones sobre la inmigración en Francia.

En el libro cuenta la anécdota de que durante su estancia en París a Gabriel García Márquez lo paró la policía diversas veces por tener cierto aire magrebí. ¿La guerra de Argelia también se libraba en Francia?

Totalmente. Yo recuerdo ir a París una vez con mi padre, paseando por la ciudad llegamos al distrito XVIII que era donde vivían los argelinos y eso era la guerra. Los militares y los policías paraban a la gente únicamente por su aspecto, si veían que eras un poco moreno o algo te detenían. Por eso García Márquez cada vez que salía a la calle sabía que podía acabar en una comisaria, porque lo consideraban un argelino.

Este mismo año ha dejado de publicarse Les Temps Modernes después de 74 años de historia. ¿Están las revistas en vías de extinción?

Hemos entrado en una civilización digital, las revistas van a seguir pero de otro modo. En esa época las revistas eran muy importantes porque eran un lugar de debate fuera del mundo de los libros. En las revistas se publicaban ensayos y se podía ver el desarrollo de todas las corrientes de la sociedad, no había otro modo de expresar esa diversidad. Con Internet eso ha desaparecido. Yo publico en varios periódicos y la única condición que pongo es que sean en papel. Me dicen que estoy loco. Pero yo pertenezco a la civilización grafo-esférica mientras que en la actualidad estamos viviendo en una civilización video-esférica.