Ante un invierno prosaico y duro, poesía

Hits: 1340

Algunas propuestas poéticas para este invierno que oficialmente comienza mañana, 21 de diciembre

 

 

 

 

Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

 

Pese a la incertidumbre que se respira estos últimos días del año y a que se acercan al galope los nuevos y felices años 20, para algunos, una grata noticia diríase recorre el mercado lector: es la publicación de la poesía completa del narrador y ensayista cordobés Juan Campos Reina (Puente Genil,1946-Málaga, 2009), en un estuche póstumo bajo el título de Parques cerrados, el primer poema de quien fue un poeta de raza y al que podemos leer hoy, con total actualidad: palabra en el tiempo, que decía Antonio Machado. Me gusta todo el intenso lirismo con el que impregna su narrativa y sus ensayos. Fue un poeta que escribía novelas y ensayos, no me cabe duda; pues, belleza y dolor recorren su obra. Así pues, Poesía completa (Penguin Random House) de Campos Reina está conformada por los libros Seppuku, El quinto jinete y su prosa poética Visiones de la quebradas, El vajero y Las noches de Li Bao. Siendo su poesía casi inédita, en vida solo publicó una veintena de poemas, y recogida en nada más que unas 150 páginas, con poemas intensos, de gran belleza y poderío, que cantan y cuentan lo que le es cercano, la vida y sus consecuencias, el arte, los libros, la enfermedad, el amor, el gozoso atractivo de los parques que han cerrado sus cancelas y aquellas otras ciudades orientales, entre otras sensaciones y gestos plasmados en sus versos. Y su exquisita y sensual prosa poética: “Los poemas van disponiendo mi vida como vagones de un tren que visito, que recorro. Viajo por el libro sin salir de mí”. De justa y necesaria lectura, ante un invierno demasiado prosaico y duro, como este.

También es necesario leer el poemario bellamente ilustrado Cómo salir del palimpsesto (retrato de un poeta) (LUPI) de Ángela Serna (Salamanca, 1957), con introducción de Elsa López e ilustraciones de Koldo Gojenola e imagen de cubierta de Francisco Serrano Díaz. Quién nos dice que no seamos solo un palimpsesto de vidas vividas, queridas personas lectoras: cual matrioshka. Fulgor de belleza poética por doquier es este pequeño libro donde, los poemas en prosa y verso conviven, con los simpáticos códigos QR: “Alguien camina bajo la lluvia. Al fondo de la sala, el piano espera la llegada del poeta”.

Además, está el poeta J.M. Barbot (Burgos, 1976) con el libro Agua serás y lo olvidaste (Lastura), donde sorprende con este soneto, Conjugados, de bella factura, en la persecución de la poesía: “Sigo buscando un verso que describa/ nuestra doble asunción en ese instante”. Las poetas Silvia Rodríguez (Las palmas de Gran Canaria, 1970) y Patricia Severín (Argentina) publican respectivamente y en el mismo volumen Marabulla: “eran días de juego/ y noches de paz” y Eclipses familiares: “la oscuridad tiene algo de turbio y herrumbroso”, dentro del XXIV Certamen de Poesía María del Villar, que publica su Fundación. Memoria y lenguaje en manos de estas poetas.

Por su parte, Antonio Garrigues Walker (Madrid, 1934) publica Amores vivos, amores muertos (Huerga y Fierro), donde en poemas largos cuenta el amor, canta a la oscuridad y rinde homenaje a la vida, conociendo y sabiendo bien que: “Ya no hay nada que hacer con el pasado”. La poeta Legna Rodríguez Iglesias (Camagüey, Cuba, 1984) fue la ganadora del II Premio Centrifugados de poesía joven con Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo (L!liputienses): “Cualquier elemento sublime de mi vida/ Ha dejado de serlo para siempre”. ¡Fulgurantes versos! El irónico Manuel Ruiz Amezcua (Jodar, Jaén, 1952) publica nuevo libro Las reliquias de un sueño (Huerga y Fierro): “Cuando se van los dioses, / acuden los demonios”. Poesía para disfrutar, en su línea de poeta de raza, serio y honrado. Que sabe de lo que escribe y como lo escribe. Sabe contar y cantar y de qué modo. El poeta Gsús Bonilla presenta Un paraíso de orines (Agita Vallecas) quien “de la narrativa de las mariposas/ aprendí los entresijos de la belleza”. Siendo su poesía azar y necesidad en el “bucle perpetuo de los acontecimientos contemporáneos”. Lleva bajo su fotografía de la solapa unas inteligentes palabras de Juan Carlos Mestre, con valor y libertad.

Hiel (Huerga y Fierro) es el poemario que escribió Paloma Palao (Madrid, 1944-Ibiza, 1986), con prólogo de necesaria lectura de Clara Janés. La poeta que sabía de lo que hablaba tiene versos de una crudeza extrema: “Amarga hiel/ que al pozo se sujeta”.

Street View (Sr. Scott) de Víctor Angulo (Soria, 1978) es un poemario irónico del acontecer diario donde el poeta dice una gran verdad y de la que no nos damos mucha cuenta: “Que todo lo que sucede es lo que consumimos”. Ahí está, quieren que seamos fieles consumidores. Es una poesía ejemplar para mirar la rutina diaria, de forma diferente y tal vez vaga la pena despertar. La casa salvaje (Celya) de Ángela Álvarez Sáez (Madrid, 1981) nos ofrece versos tan poderosos y rotundos como estos: “Las raíces rompen el muro encalado/ de la infancia. Veo un pozo”. Poeta irremediable con voz propia. El lento aprendizaje de la paciencia (Bartleby) de Esteban Martínez Serra (Figueres, 1962) es un poemario que cuenta con un prólogo de Xavier Farré y apuesta por la esperanza, la vida sabiendo y conociendo el gozar “el instante como la única unidad de tiempo”. Eva Vidal (Bilbao, 1972-Mallorca, 2017) publica El mundo en un zapato (Cuadernos del Laberinto), con prólogo de Santiago Lorenzo. En este volumen de unas 220 páginas está lo mejor de sus cuentos, de su teatro y de su poesía: “¿Qué es esta definición del mundo que me habéis dado?” Una obra cargada de lirismo: temor y temblor al máximo. ¡Qué grande, arderse en preguntas! Sobrante (La Garúa) de Víktor Gómez (Madrid, 1967) es un poemario múltiple, poliédrico: “amanece sobre los cuerpos entrelazados bajo la nieve sucia. Una misma masa inerte, ni derrotada ni viva”. Un lujo de poesía en prosa, rara, impermeable a las modas del momento actual por estos lares. Es una poesía de sentidos versos elaborados cuidadosamente. Es una puerta abierta a y en la realidad: “magnolias hundidas en el lodo se entrelazan con noctívaga caligrafía –no nos sorprende y debería- no hemos claudicado y sin embargo se alejan poema y vida”. Poesía donde no hay ruptura entre la inteligencia y el sentimiento.

Y la antología Amores líquidos. Poesía para un mundo hostil (Circo de Extravíos), con introducción y selección de Carlos Asensio y Cecilia González Godinao, con palabras del sociólogo Zygmunt Bauman . Es un libro regalo bello, con poemas e ilustraciones preciosas, de 50 páginas. En ellas están los versos de Ben Clark, Yolanda Castaño, Rafael Saravia, Ana Gorría, Ignacio Vleming, Ana Pérez Cañamares, David Refoyo, Verónica Aranda, Pablo Monforte, Emily Roberts, Ángelo Néstore, Erika Martínez, Hasier Larretxea, Izaskun Gracia Quintana, Vicente Monroy y Sara Herrera Peralta. Con las ilustraciones, a página también, de Ann&Ro Illustration, Israel Barranco, María Carrasco, Sandra de la Cruz, Olatz Díaz, Javier Godino, Verónica Living, Celia López Bacete, Ana Matatoros, Alba Sáenz, Javier Rubín y Cynthia Veneno. Una antología de y sobre el amor, en estos tiempos: “contra el cristal tu ausencia/ que me revela”, Gorría dixit. ¡Ahí es nada, con grandes de la poesía y del dibujo!