Eduardo Halfon por partida doble

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De cabo roto y Elocuencia de un tartamudo: una lectura doble de Eduardo Halfon

 

 

Eduardo Halfon 2018 2

 

Texto: DAVID PÉREZ VEGA

 

Después de leer El boxeador polaco de Eduardo Halfon (Ciudad de Guatemala, 1971), reeditado recientemente por Libros del Asteroide, me acerqué a los libros por leer y tomé de la estantería otros dos ejemplares de Halfon que esperaban lectura. Cuando en 2018 leí seguidos cinco libros suyos, acabé pidiendo en Iberlibro dos más que me llegaron ese verano, pero que se me quedaron pendientes. Pensé que ahora había llegado el momento de leerlos.

De cabo roto apareció en 2003 y es uno de los primeros libros de Halfon. La acción nos lleva a Guatemala, y el personaje principal es Eugenio Salazar, que trabaja en el Archivo General de Centroamérica. Gracias a Penélope, su ayudante, Salazar empieza a investigar uno de los documentos que llegan a su archivo porque tiene una llamativa peculiaridad: parece constatar que el escritor Miguel de Cervantes estuvo en Guatemala en 1602, ya que cruzó un paso fronterizo llamado La Garita de las Ánimas. Hasta entonces se pensaba que, aunque Cervantes solicitó a la Corona española ser destinado a América, nunca la había pisado. El documento que los personajes acaban de descubrir puede revolucionar la historia académica en torno a Cervantes. En De cabo roto, Halfon hace uso de varios trucos cervantinos: Salazar va adquiriendo una personalidad cada vez más mitificadora y quijotesca según va avanzando en sus investigaciones, y además se juega la baza del «manuscrito encontrado». Si bien el personaje de De cabo roto es Salazar, el narrador es Eduardo Halfon, que está escribiendo sobre la información que le ha transmitido Salazar. Además, Halfon usa las notas a pie de página para aclarar algunos hechos y hacerse presente como narrador en el texto. Es curioso cómo Halfon hace aparecer a Andrés Trapiello como personaje, mezclando planos de realidad con otros de ficción. De cabo roto es una narración correcta, pero aún lejos de textos como El boxeador polaco, donde la página se abre al misterio y lo poético de un modo mucho más claro y eficiente. 

En el prólogo de Elocuencias de un tartamudo, Halfon nos cuenta una historia que ya conocía: Paul Auster hizo un programa en la radio en el que pedía a los oyentes que escribieran historias, con dos condiciones: que fuesen cortas y verdaderas. Él iría leyendo esos testimonios en la radio. Auster quería «historias que desafiaran nuestras expectativas del mundo, anécdotas que revelaran esas fuerzas misteriosas y desconocidas que influyen en nuestras vidas, en nuestras historias familiares, en nuestras mentes y cuerpos, en nuestras almas. Es decir, historias verdaderas que parecieran ficción». A Halfon le gustó esta idea y quiso trasladarla al periodismo, pero temía que «aunque toda persona tiene algo que contar, no toda persona sabe cómo contarla». Puesto que se daba cuenta de que el problema era de forma, de redacción, se le ocurrió una variante de la misma idea de Auster: iba a recopilar historias que la gente le contara y trasladarlas al periódico sin que esas personas lo supieran. Lo hizo en 2009.

En este volumen se recopilan veinte de estas historias reales que Halfon tomó del natural. En términos generales son narraciones bastante breves e inciden sobre momentos extraños en las vidas de los personajes. Hay varias de Guatemala y tienen que ver con la violencia vivida en el país. Otras nos hablan de la desesperación y la muerte. Las supersticiones indígenas americanas también tienen aquí un papel, así como el sexo. Elocuencia de un tartamudo es un libro breve. Lo acabé el mismo día que lo empecé. Algunas de sus pequeñas historias son potentes y poseen una poesía propia que se parece bastante a las páginas de los relatos de Halfon, pero he echado de menos un desarrollo narrativo más elaborado. En estas narraciones aparece una idea, una chispa, que en un relato normal sería un detalle de una narración más amplia.

He leído con agrado De cabo roto y Elocuencias de un tartamudo, que sitúo en un plano inferior respecto a las grandes obras de Halfon (El boxeador polaco, Monasterio o Duelo). Son libros para admiradores como yo, pero no recomendaría acercarse a estas obras sin haber leído antes las principales de este autor.