Ricos, creativos, trasnochadores y de izquierdas

Hits: 1011

La izquierda divina barcelonesa del final del franquismo retratada de manera soberbia en “Bocaccio, donde ocurría todo” por Toni Vall

  

defile

 

Texto: ANTONIO ITURBE Foto: ANTONI BERNAD

 

La discoteca Bocaccio, fundada en 1967 en la calle Muntaner de Barcelona por Oriol Regàs, fue más que una discoteca. En su pista de baile movieron el esqueleto joven y en sus sofás rojos se apoltronaron con nocturnidad, alevosía, whisky, música, tabaco y desparpajo gente como Joan Manuel Serrat, Guilermina Motta, Colita, Jaime Gil de Biedma, Rosa Regás, Oriol Bohigas, Jorge Herralde, Ricardo Bofill, Joan de Sagarra, Teresa Gimpera, Juan Marsé, Román Gubern, Perich, Oscar Tusquets, Elisenda Nadal. Jesús Ulled, Beatriz de Moura, Terenci y Ana María Moix, Josep Maria Castellet… incluso asomaron el bigote ilustres afincados en la ciudad como Gabriel García Márquez. Todos los vivos, pasan por este libro a través de los personalísimos retratos que hace el autor de Donde ocurría todo/ On passava tot) en su encuentro con ellos.

No era un lugar intelectual: a Bocaccio se iba a bailar, a fumar, a beber y a pasarlo bien. Pero la conversación fluía entre ese grupo de arquitectos, músicos, editores, escritores, actores, periodistas y demás pululantes por encima de la Diagonal. Se organizaban viajes sofisticados y se fue cosiendo un tejido creativo que ayudó a que Barcelona fuera en ese final del franquismo una ciudad menos trágica y más cosmopolita. En palabras que Serrat le dice a Toni Vall: “Bocacio fue un aquelarre de gente que a última hora de la noche convocaba a los dioses de la vida y la libertad”

La discoteca cerró hace ahora 35 años, pero su música sigue sonando en las calles de Barcelona hasta el punto de retumbar en la cabeza de Toni Vall, un periodista que tenía cinco años cuando se clausuró y ha dedicado años a rastrear mercadillos, librerías de viejo y tiendas de aluvión para ir reuniendo objetos variopintos relacionados con Bocaccio: posavasos, cajas de cerillas, invitaciones, carnets de acceso, copas, ceniceros… es miembro de la original y luminosa saga de los Vall (familia a la que pertenecen Joan y Pere Vall): cinéfilos compulsivos, curiosos estrafalarios, coleccionistas de cosas inclasificables y rastreadores de personajes extraviados. Lo que podía haber sido un libro tipo baúl de los recuerdos, únicamente interesante para nostálgicos de la época, Toni Vall lo convierte en una pieza magistral de crónica periodística.

bocaccio portadaAgrupar en un libro los recuerdos y batallitas discotequeras de veintitantos sospechosos habituales de Bocaccio podía haber resultado un ejercicio de periodismo arqueológico sin más. Pero el secreto de este libro, que lo convierte en una lectura apasionante, es que tiene un doble hilo: el de las múltiples anécdotas en tono a Bocaccio y el de la manera en que el propio autor encara su redacción convirtiéndose en un arrebatado cazador de recuerdos ajenos que hace propios. Asistimos a las dudas de Toni Vall al principio y a sus merodeos para conseguir entrevistarse con los protagonistas: la manera en que relata su no-encuentro con Leopoldo Pomés es tan magnética como cualquiera de las demás visitas. Vemos cómo Vall, fan absoluto del universo Bocaccio y sus habitantes, va arriba y abajo por toda Barcelona cargando con una maleta llena con los cachivaches que ha ido recolectando durante años como si fuera un representante de los de antes. Muchos de estos objetos forman parte de la exposición sobre el mundo de Bocaccio que ha comisariado y que se puede visitar en el Palau Robert de Barcelona hasta el 12 de abril de 2020.

Para captar la atención de los entrevistados y soltar el nudo de sus recuerdos, Toni Vall abre su maleta de prestidigitador y les pone delante su batería de objetos, fotografías y chucherías de Bocaccio y consigue, efectivamente, que sus interlocutores viajen en el tiempo y le habrán el melón de sus recuerdos íntimos. Guillermina Motta incluso le acaba regalando un taburete de la discoteca de aire entre moderno y modernista, que viaja con él en metro hasta su casa para pasmo de los viajeros. Con la divina Rosa Regàs se come un bocadillo en una cantina de la estación de Sants, Juan Marsé lo recibe en bata y zapatillas y él le trae un tarjetón de la presentación en Bocaccio de La muchacha de las bragas de oro, antes de visitar a su admiradísima Teresa Gimpera se pasa dos horas indeciso de entre su colección de fotos una de ella para que se la firme. Las andanzas de Toni Vall, despistado muy atento a todo, cronista de mirada aguda y maneras tiernas, paseándose por la vida de esta izquierda divina que en muchos casos está ya en la edad del descuento, resulta entrañable y adictiva. A cada personaje Vall le va a pedir sus historias y respuestas, pero también va a llevarle algo, un trocito de esa juventud perdida entre los taburetes y butacones del terciopelo rojo progre de Bocaccio.

Vall es muy hábil seleccionando lo que cuenta de cada personaje, logrando que incluso los que puedan parecernos menos interesantes, resulten inesperados. De un promotor de locales nocturnos como Oriol Regàs (fundaría, entre otras discotecas, la popular Up & Down de Barcelona) consigue en pocas líneas hacer un retrato que hace que a uno le entren ganas de haberlo conocido. De las muchas cosas que podía contarnos de Regàs, nos dice que para dedicarse al negocio del ocio nocturno, sonreía poco y que su mujer le decía que se entendía tan bien con los animales porque no hablaban, que se escapaba a menudo al zoo a estar cerca de ellos y su sueño había sido tener jirafas en su casa. Este es un libro de una discoteca que cerró donde se reunían los hijos progres de la Barcelona burguessa (y algunos más), pero Toni Vall lo convierte en una inmersión apasionada en los asombros del recuerdo de una Barcelona chispeante en una época gris y en su propio viaje personal a un tiempo que en su cabeza toma proporciones míticas.