Francisco Bescós: muerte entre viñedos

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El porqué del color rojo, última novela de Francisco Bescós, una de nuevas voces más destacadas del género negro.

 

 

 

Texto: DAVID PÉREZ VEGA  Foto: ANA PORTNOY

 

Estuve en la presentación en Madrid de El porqué del color rojo de Francisco Bescós (Oviedo, 1979). Tuvo lugar a principios de 2018, y yo mismo le había pedido el libro a la editorial para reseñarlo, después de haber leído El costado derecho, la anterior novela de Bescós, que me gustó. Aun así, El porqué del color rojo ha permanecido bastante tiempo en mi sección de las estanterías del Ikea de «libros por leer». Como buen representante de la raza humana (y en especial de la raza humana lectora) me suele apetecer leer aquel libro que aún no tengo. Pero después de dos años, he tomado de la estantería El porqué del color rojo con el deseo ya de deshacer este entuerto de la lectura aplazada.

En 2016 leí El costado derecho, como ya he dicho; una original novela sobre la crisis económica. Ésta era la segunda novela publicada de Bescós, la primera fue El baile de los penitentes, que ganó el Certamen Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona y que publicó la editorial Almuzara. En esta primera novela, Bescós creó al personaje de Lucía Utrera, apodada «la Grande» por su gran masa corporal, una guardia civil destinada a la localidad riojana de Calahorra, después de haber pasado unos años te tensión en «el Norte». En El porqué del color rojo, Bescós retoma este personaje para crear una trama policial en los campos de la Rioja Baja.

En los terrenos vinícolas de una famosa bodega de la zona, aparece muerto un joven inmigrante, al que alguien ha propinado un violento golpe en el cuello con un objeto contundente. Lucía Utrera y sus compañeros del cuartel de la guardia civil tendrán que esclarecer este asesinato. La trama principal de la novela transcurre en cinco días, donde cada día compone un capítulo, y estos están divididos por anotaciones temporales, que actúan como marcas de transición entre escenas, en las que Bescós da paso a distintos personajes. Aunque no necesariamente siempre se produce un cambio de personajes o escenario tras cada anotación temporal.

La investigación sobre el crimen le sirve a Bescós para hablar de diferentes temas, como, por ejemplo, la trata de personas por mafias y contrataciones ilegales en la campaña de la recogida de la uva, la amenaza del terrorismo yihadista, que ha alargado sus tentáculos para reclutar jóvenes musulmanes hasta el campo de La Rioja, de los Años de Plomo en el Norte, o del machismo y la violencia de género. ¿Los asesinos del temporero inmigrante pueden ser los mafiosos para los que trabaja en régimen de semiesclavitud, molestos al enterarse de que los quiere abandonar por los yihadistas? ¿Son los yihadistas los asesinos? ¿Es un vecino racista el asesino? ¿Y por qué ha aparecido en el entorno de Calahorra Kabuto, un antiguo líder terrorista vasco, que debería estar en la cárcel, y que Lucía Utrera sabe que la odia y que podría tratar de asesinarla a ella o a su familia?

La novela, escrita en tercera persona, no sigue solamente las andanzas de Lucía Utrera, aunque ella sea, de forma clara, la protagonista principal. El narrador también seguirá los pasos de los hermanos del inmigrante asesinado, de diversos guardias civiles que participan en la investigación, o de Bernard, el marido inglés de Lucía, que ejerce de amo de casa, mientras trata de ser un escritor. Además, Bescós añade a su trama a un personaje secundario bastante interesante: al padre Borobia, un sacerdote muy poco ortodoxo, que ayuda a las personas más necesitadas de la comunidad y que en el pasado fue boxeador. El padre Borobia es un hombre irascible, un hombre de acción: «Jesucristo merece que repartamos unos cuantos sopapos para defender a los débiles de los opresores, de los poderosos», dirá en la página 167.

Cuando comenté El costado derecho, una de las virtudes que destaqué de la propuesta de Bescós era lo bien dibujada que estaba la trama, un detalle de la construcción narrativa que muchos jóvenes escritores españoles no tienen en cuenta o que, incluso, llegan a despreciar. Bescós sigue controlando perfectamente los vaivenes de la trama en su nueva novela, que avanza a un ritmo muy marcado y que no decae en ningún momento. Por otro lado, la creación de personajes también es notable: Lucía Utrera, la teniente que solo lee «un libro al año» es un gran personaje femenino, así como lo es el padre Borobia y Bernard, el marido de Lucía.

Hace no mucho comentaba la novela Caballo sea la noche de Alejandro Morellón, y decía que muy por encima de la trama estaba el uso del lenguaje, un lenguaje oscuro y lírico, que era la principal baza del libro. En la novela de Bescós, la trama está por encima de la creación del lenguaje. He disfrutado con ambos libros y ambas opciones me parecen válidas e interesantes. Con esto tampoco quiero decir que la prosa de Bescós me parezca descuidada; pero sí que es mucho más ajustada a lo narrado que la de Morellón.

Está claro que Bescós se ha documentado sobre el mundo que refleja, conoce el vocabulario propio de los viñedos de la Rioja y de un cuartel de la Guardia Civil. El lenguaje se ajusta a lo contado, pero también hace uso de la ironía y el distanciamiento de lo narrado para mostrar la realidad contada, en algunos casos, de forma cómica.

Al comenzar a leer el libro me ha resultado desconcertante que en el primer capítulo la trama se sitúe en Madrid (y no en Calahorra, como en el resto del libro) y Bescós nos hable del coronel Adolfo García, que es el jefe que tuvo Lucía Utrera en los años que pasó destinada en el Norte. García está haciendo maniobras para conseguir que su hijo (un guardia real inestable y violento) le arrebate a Lucía el mando del cuartel de Calahorra. En el siguiente capítulo, empieza la trama principal de la obra: cuando Lucía despierta y tiene que enfrentarse laboralmente al asesinato de una persona en su jurisdicción. Cuando acabé la novela, comprendí mejor el primer capítulo: Bescós está dejando abierta la puerta a nuevos conflictos narrativos que, probablemente, desarrollará en nuevos libros de su serie policiaca de la teniente Lucía Utrera. De hecho, en El porqué del color rojo se hacen algunas pequeñas referencias a El baile de los penitentes, el primer caso de Lucía Utrera. «Hace ya cuatro años que tuvo que enfrentarse a lo de Nuria Isabel.», nos dice el narrador en la página 34. Supuse que se estaba jugando aquí a la autorreferencia y lo comprobé en internet.

La trama principal transcurre en cinco días y, quizás, se podría achacar a Bescós el exceso de acontecimientos que hace coincidir en este escaso tramo temporal de su libro: amenaza del terrorista Kabuto, que vuelve del pasado para vengarse de Lucía, justo cuando ésta se enfrenta a un caso de asesinato, en el que pueden estar involucrados yihadistas internacionales y mafias de tráfico de personas… Pero, en cualquier caso, he decir que Bescós sale bien parado de los desafíos a los que se enfrente en su construcción literaria.

Con El porqué del color rojo Bescós ha ganado el VI premio Pata Negra de novela policiaca y también el III premio de Novela Cartagena Negra. Parecen premios bien merecidos. Esperemos que sigan las aventuras de Lucía Utrera y que Paco Bescós consiga más premios y lectores en el futuro gracias a ella.