Diario del asco

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"Diario del asco" de Isabel Bono, una novela donde todo gira alrededor del suicidio

 

 

 

Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

 

Posiblemente la reconocida y premiada poeta y ahora novelista Isabel Bono (Málaga, 1964) sea la genia más normal de nuestros días. Es normal porque le duele todo y lo sufre todo y es genia porque tiene una mirada que se fija y ve aquello que los demás somos incapaces de ver y de mirar y escribe como si le fuera la vida en ello. Sigo pensando que Diario del asco (Tusquets) es una de las dos grandes novelas que se han escrito en la primera década del siglo XXI, la otra ha sido Una casa en Bleturge (2017), premio Café Gijón 2016.

Creo que Bono escribe con una urgencia absorbente y mostrando lo que la mente piensa en cada momento: a veces los pensamientos llegan en tropel y la autora los canaliza debidamente ordenados en su prisa, como en la vida real. Es una escritora franca en la manera de relatar y está dotada de una asombrosa capacidad de expresión. A la vez, le viene de ser una poeta de raza, hay en la novela una riqueza espontánea de imágenes y de alusiones, una facilidad en la disertación que es totalmente irresistible. Su escritura está en lo más alto: austera, vertiginosa, engendrada con firmeza. Fascinante.

La anecdótica en Diario del asco para nada es repugnante: es sencilla: todo gira alrededor del suicidio. Una familia. Un piso. Una madre, que se suicida tirándose por la ventana. Un padre al que se odia. Un hermano que huye de casa. Un protagonista, Mateo, profesor de autoescuela y héroe a su pesar. Su mujer, Amalia. Una amiga, Micaela, que se suicidó el día que cumplió los 18. Un perro. Buganvillas que juegan. El viento. Reflexiones por doquier. Hay momentos en que la lectura de esta historia conducen al lector a recordar aquello que decía Horacio: “No porque el hombre salga de su casa sale de sí mismo”. Hay veces que la única meta que se persigue es la de salir del lugar donde se está. Este es el pulso que le echa esta novela a la vida, que no deja de ser un asco: “Quizá mi sitio no es este, pensó mi madre. Quizá mi sitio tampoco sea este. Quizá mi sitio sea no estar”.

portada diario del asco isabel bono 201912311204Creo que Diario del asco es una novela, que en 240 páginas, presenta con precisión y claridad la vida de una familia normal de cuatro miembros, de los que uno se ha suicidado y otro está pensando en hacerlo. Nos cuenta con prosa poética viva esa interrelación muy significativa entre ellos y sus particulares vidas. Narración de unos hechos que exigen al lector un complicidad activa, puesto que requiere una sensibilidad especial, para llegar a comprender todo lo que en la novela se cuenta y cómo se cuenta y con qué ritmo, el cual imprime intensidad a lo que el protagonista explica. Está escrita en primera persona: “Por cómo alguien espera el tren, se sabe si solo espera el tren o algo más. Todos llevan bolsas de plástico. Hoy soy uno más, hoy no me diferencio en nada de ellos, de mi mano cuelga una bolsa de plástico. Siempre me pregunté qué transportaba la gente en sus bolsas de plástico. Ahora lo sé. Asco”.

Esta historia de una familia con las consecuencias y circunstancias de dos suicidios y de un par de intentos, de alguien que piensa en el suicidio desde la adolescencia, es un relato honesto del amor angustioso que une a Mateo con su madre: “Ver reír a mi madre era la único que me importaba”. Del (des)amor que se tiene, del amor con su mujer, de la que se separará a los cuatro años de la muerte de su madre. Del amor con su padre y su enfermedad. Con su hermano, que era la alegría de la casa. Del amor con Micaela y su suicidio. Del amor y el dolor. Del amor a la literatura, ahí están las citas de sus lecturas: Odiseas Elitis, Beckett y la significativa novela La gente normal de Gabriel Noguera, sin ir más lejos. Y también sobrevuela la novela la sombra de la poeta Anne Sexton, con su visión íntima de la angustia existencial: otra suicida responsable.

La novela no es una simple colección de retratos individuales. Los personajes están entrelazados entre sí como las personas en la vida real, por lo que se podría llamar el azar o el destino diríase, más que por la elección deliberada de la compañía del otro. Así al hablar de su esposa, Amalia, Mateo dice: “Ella era mi vecina, la hija de nuestros vecinos, y no busqué más. Me casé con ella por comodidad. Me lo pidió y me encogí de hombros. Creo que ni siquiera le di un sí por respuesta”. Es un ejemplo de que el foco de interés es más el dibujo que pergeñan y no cualesquiera de ellos.

El lector los llega a conocer gracias al efecto que surten los unos con los otros: ya desde la infancia. Y no es un estudio de psicopatías, aunque medien psiquiatras, que recomiendan escribir, lo que pasa es que las penas y sufrimientos de los personajes son el reflejo de las desgracias y tristezas que atenazan a todos. La autora maneja muy bien a los personajes y nos muestra un paisaje y paisanaje general y el cómo cada uno de los actores contribuye a esa puesta en escena, sin quitarles individualidad. Cosa que nos permite decir que conocemos a los mismos por la manera en que son influenciados por los otros. Es pues una novela de imaginación creativa: “Maldita la hora y malditos los sueños/ : córtate las venas y no te esmeres demasiado”

Creo que los lectores descubrirán la excelencia del estilo de Bono; la belleza de sus frases y la brillantez de su ingenio. Es literatura pura y dura esta espléndida novela, que espero y deseo que trascienda cualquier expectativa que pueda tener la persona lectora que a ella se acerque y la lea. Nadará en una prosa embravecida y con luz mediterránea. Es total. Es desbordante. ¡Gracias por escribir, Isabel Bono!