Poesía: un mar sin fronteras

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Una antología “líquida” de `poesía española contemporánea publicada por Stilo Editrice

  

Agua

 

 

Texto: Enrique VILLAGRASA Foto: Asís G. AYERBE

 

Agustín Calvo Galán, Antonio Colinas, Chantal Maillard, Luis Bagué Quílez, Amador Palacios, Arturo Tendero, Ramón Bascuñana, Francisco Ruiz Noguera, Javier Page Martínez, José Ángel García, Luis Luna, Miguel Ángel Muñoz Sanjuán, Isabel Bono, Juan Carlos Mestre, Miguel Ángel Curiel, Miguel Mula, Paloma Corrales, Pedro Tenorio, Pilar Blanco, Alfredo Piquer, Rafael Escobar, Raquel Ramírez, Teo Serna, Rafael Morales Barba, Miguel Ángel Arcas, José Manuel Lucía Megías, Amparo Ruiz Luján, Pedro Luis Ladrón de Guevara, Ricardo Virtanen, Sara Toro, Ángel Luis Luján Atienza, José María Micó, Carmen Camacho, Lourdes de Abajo, Aurora Luque, Antonio M. Figueras y Marina de las Rocas son los y las poetas que nos ofrecen sus excelentes versos en la antología Mar sin fronteras. Antologia liquida di poesía spagnola contemporanea (Stilo Editrice), traduzione e cura di Paola Laskaris, quien asegura que la poesía de la vida es un mar sin fronteras y naufragar en ese mar es una dulzura.

 

Creo que todos los participantes, una cuarentena de autores: 10 son mujeres, son amantes de la poesía de la vida y como tal capaces de transmitir en los poemas su experiencia poética, la cual hacen que el lector reviva y este le de continuidad. Los versos de esta antología son puro hechizo, tal es su fuerza y magia verbal, que nos lleva a recordar, guardando las distancias, aquella Antologia de Poesia Mediterrània (Ajuntament de València, 1983), que surgió del Primer encontré d’escriptors del Mediterrani y en la que estaba también presente con sus poemas Antonio Colinas.

 

La idea de esta antología es de la admirada poeta y profesora Laskaris, que vive en Bari, ciudad costera del Adriático: “Un puñado de poetas marineros respondió con un impulso generoso a la llamada imprudente de la poesía de sirena, sumergiéndose en las inquietas profundidades de la vida y empujando la línea del horizonte un poco más. El resultado es este libro que sabe a agua y sal y que contiene los grandes y pequeños naufragios del hombre contemporáneo, su sed de infinito y sus frágiles anclas. Muchos poetas dedicaron sus versos al mar, que llenó su mirada y la de los lectores con extensiones de color cobalto, transparencias cristalinas y horizontes imposibles de obtener”. ¡Ahí es nada!

 

Creo que todos los poetas de esta antología se mueven en ese paisaje que es el mar, algunos el mar lo ven como una actitud y otros como destino. Tal vez sea lo único que nos queda, en estos momentos más que nunca, solo hay que leer los periódicos y redes sociales: este confinamiento vírico y coronado que estamos sufriendo, el mar y la poesía, pues en ellos y con ellos somos aventura y somos libres. La poesía como la mar océana, sin fronteras, es el medio que nos queda para pensar, leer y reflexionar libremente.

 

Stilo

 

Para terminar la presentación de esta antología, a todas las personas lectoras, podemos decir que escribir un poema es una declaración ética y estética y una aproximación mayor al mundo en el que vivimos. Y con palabras de la antóloga que “El mar es exactamente como la poesía. Una página en blanco esperando palabras: una verdad simple y absoluta”, Laskaris dixit.

Estos son los poemas que abren y cierran la antología:

 

Frente al mar, con los ojos cerrados, de Agustín Calvo Galán

Se tamiza la luz,

se apaga el cielo

como si no hubiera

una línea

divisoria,

un sol

desde el que todo se ve

o se ciega, desde el que

todo se cierra o es arrastrado

hacia sí mismo.

Se tamiza el silencio

del día, la mañana

oscura, el mediodía

de repente

lluvioso, la tarde que

no existe.

              

Conchas, de Marina de las Rocas

Líquido

e íntimo.

El útero del mundo

está lleno de sal

Y azul.

 

Al nacer

elevado porcentaje de agua

nos compone.


Más tarde

– cuando la sed aumenta –

somos un vaso

medio vacío.

No obstante

el empeño cotidiano

en parecer sólidos

algo nos traiciona.

Conchas.

Si alguien pone su oído

en nuestro pecho

puede oír

la sombra

del mar.