Una editorial lleva diez años “Al revés”

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Cumple una década una de las editoriales mejor hermanadas

  

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Texto y foto: Antonio ITURBE

 

He descubierto que en el antiguo consulado ruso de Barcelona, en plena avenida del Tibidabo, hay un harén con un propietario con cierta indecisión sexual que se viste a lo Shakira. Uno descubre muchas cosas asombrosas leyendo a Andreu Martín, que acaba de publicar La favorita del harén. Andreu Martín, después de dar 80 vueltas la vuelta al mundo editorial, se ha quedado en Alrevés, una editorial muy activa que llevan dos hermanastros hermanados por los libros: Gregori Dolz e Ilya Pérdigo, hijos de la influyente agente literaria, Antonia Kérrigan. La etiqueta de jóvenes editores empieza a despegárseles porque acaban de cumplir diez años dándole a la manivela.

Gregori reconoce que el arranque no fue fácil: “De los errores se sacan muchas conclusiones. En la primera editorial en que estuve, El Andén, me di muchos batacazos, pero de esos tropezones aprendí mucho”. Ilya venía de trabajar en México para la editorial Urano, de ahí su conocimiento del mercado latinoamericano. Cuenta que la editorial Alrevés surgió “con una idea ecléctica: que cualquier libro que nos agradase pudiéramos publicarlo”. Gregori señala que “enseguida vimos que había mucho policiaco internacional pero un gran camino por recorrer en la novela negra de autores de aquí, en catalán y castellano”. Ilya cree que “sigue faltando autoestima literaria, que se deje de creer que un autor con apellido islandés es mejor que uno que se llama Martín o Gutiérrez”.

Su intuición se demostró acertada en 2011 al publicar a un mosso d’Esquadra de Torre Baró llamado Víctor del Árbol. “Todos los que estábamos en la editorial creímos en él”. Salió bien: La tristeza del samurai se vendió a 17 países y se sigue reeditando.

“Autores que pusimos en la palestra, como Víctor del Árbol o Alexis Ravelo, y ahora son referentes en el género, nos hicieron ver que íbamos bien encaminados”. No puedo contener las ganas de señalar que ninguno de los dos sigue en Alrevés… “Que una gran editorial quiera editar a nuestros autores nos enorgullece, pero hace nuestro trabajo y nuestra supervivencia mucho más difíciles”. Ilya afirma que “nosotros no fichamos obras sino autores. Queremos que hagan la vida literaria aquí, pero entendemos que quieran acceder a otro nivel en el que nosotros no estamos”. ¿Y eso no es injusto? Gregori se encoge de hombros: “Esas son las reglas del juego. La injusticia es que cuando ese autor publica con nosotros la prensa nos hace mucho menos caso que cuando publica con una marca más establecida. La marcha de Víctor era lógica. Aquí estaba vendiendo siete u ocho mil ejemplares y en Francia 150.000. Le hacía falta un cambio y seguimos siendo buenos amigos: nos ha renovado los contratos de las obras que tenía con Alrevés”.

“La idea es trabajar sin agentes” me dicen. Levanto tanto las cejas que llegan al techo: ¡pero si sois hijos de la súper agente Antonia Kérrigan! ¡Menuda bronca en las comidas familiares! Gregori se ríe y dice que no: “Es que a nosotros la tarea del agente nos parece tan importante que queremos incluso ser agentes de los propios autores para ampliarles mercados y acompañarlos. Cuando ya escapa a nuestra capacidad, nosotros mismos les hemos recomendado que se busquen un agente, como hicimos con Víctor del Árbol que, por cierto, está en la agencia Kerrigan”.

Explica Gregori que el peor momento de estos años fue la muerte del excelente editor Josep Forment: “Pero ni en ese momento bajo se nos pasó por la cabeza cerrar. Creemos mucho en lo que hacemos y, la verdad, no me veo ya en otro sitio. El sueldo no es el que querríamos, pero hacemos lo que nos gusta”. Ilya asiente: “Esto nos gusta y es nuestro. Y cuando empiezas ya no lo puedes dejar. Nos hemos convertido en ludópatas de la edición”. Pues que sigan jugando.