Pioneras en el Oeste

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El western tiene nombre de mujer en la novela de Silvia Coma “Pioneras”

  

Pioneras

 

 

Texto: Vanessa PELLISA

 

Una abundancia de títulos sobre el mundo de las mujeres europeas en el oeste americano del siglo XIX copa las estanterías de las librerías. Desde una perspectiva de género, la narración ficcionada de las vidas de estas mujeres, forajidas, líderes y aventureras que habitaron los escenarios del Oeste americano, tiene en común su carácter revisionista, con especial hincapié en las historias individuales, pequeñas biografías ficcionadas que despiertan la empatía del lector dispuesto a romper todos los prejuicios.

Pioneras (La Esfera de los Libros) es una de esas novelas en las que la influencia del cine permea no solo su imaginario y personajes, sino también su lenguaje. Inspirada por una historia familiar y el ambiente de un western moderno a lo Deadwood, la segunda novela de Silvia Coma retrata un oeste distinto, uno en el que los vaqueros son de Blanes, la vida ocurre en la frontera y los protagonistas son siempre mujeres que desafían su destino.

“Cuando nos referimos al Lejano Oeste, solemos pensar en vaqueros, pistoleros y forajidos —comenta la autora—, ¿pero quién habla de las mujeres que se rebelaron y arriesgaron sus vidas para conseguir un espacio de libertad? ¿Y de las bandidas como Pearl Hart, Laura Bullion, Calamity Jane o Belle Starr, o de pioneras como Elinore Pruitt Stewart?”.

En esta novela, el lector encontrará mujeres fuertes, aunque menos forajidas que las que menciona Silvia. Se trata de un homenaje a la historia familiar, si bien es totalmente ficticia, pero que la autora cuenta que está relacionada con las historias de su bisabuelo, “un indiano blandense que emigró a las Américas a finales del siglo XIX, y que regresó años después convirtiéndose en una leyenda local. Supimos que había viajado a Cuba, a Brasil, al corazón del Amazonas, pero nunca logré averiguar si llegó a las tierras del Oeste. Ese interrogante se fusionó con mi predilección por el género. De pequeña, me crié viendo westerns con mi padre, leyendo novelas y relatos del Oeste. Me encantaba ver con él las películas de directores como John Ford, Howard Hawks o Sam Peckinpah”.

El imaginario, heredado y revisado para la ficción, tiene un segundo punto de apoyo en la investigación que realizó la autora “a través de testimonios reales, ensayos, novelas y narraciones del oeste. Me fascinó descubrir las historias de pioneras y célebres bandidas de la época que se rebelaron contra las convenciones sociales y cambiaron el curso de la historia”.

pionerasportadaLas mujeres de esta historia, de hecho, son de todo menos las hogareñas madres coraje de La Casa de la Pradera. Como cuenta Coma, “las mujeres tuvieron un papel fundamental en el Lejano Oeste. Eran las que se encargaban del hogar, de labrar la tierra, de alimentar y educar a los hijos, de defender el hogar frente a los asaltadores de caminos, redadas o ataques de las tribus nativas americanas, mientras sus maridos, hermanos e hijos estaban ausentes”.

Desde la perspectiva de una autora moderna, Coma también desafía las convenciones de género añadiendo la voz de las mujeres nativas: “En Pioneras, me centro en la tribu de los comanches. Las mujeres comanches eran las responsables de la crianza de los hijos, de montar y desmontar los tipis cada vez que se trasladaban de poblado, de despellejar a los animales para coser la ropa, las tiendas y las mantas, así como de torturar a los cautivos. “Después de una redada, cuando los hombres regresaban al poblado y traían los cautivos consigo, se los entregaban a sus mujeres para que los torturaran”.

María Ferrer, la protagonista de la novela, es la pequeña de una familia recién llegada a la nueva América desde Blanes, acompañada de su hermana mayor, padre y madre. Es una mujer poco convencional, que enseña en la escuela, sabe disparar y desafía las normas de su pequeño pueblo y que, tras perder a sus padres, se ve obligada a camuflar su verdadera identidad para calmar la conciencia y encontrar a su desaparecida hermana. “En la novela, (María) se ve obligada a ocultarse tras el disfraz de un hombre; eso le otorga una especie de libertad y le proporciona una falsa identidad a través de la cual puede alzar la voz. Debemos recordar que, en el siglo XIX, la mujer no tenía ni voz ni voto. Hablamos de una sociedad profundamente machista”.

Estamos hablando de una novela de aventuras, pasada por el tamiz de la intuición. Las premoniciones y los espacios casi místicos de la percepción dominan gran parte de las decisiones que toman los personajes de esta historia. “La percepción, la intuición o, mejor dicho, aprender a desarrollar los sentidos como la vista, el olfato y el oído permiten que los personajes de la novela consigan sobrevivir en un entorno hostil y salvaje”. Un paisaje que incluso ahora es indiscutiblemente duro. La autora, que viajó a las tierras del Oeste de Estados Unidos durante el proceso de documentación del libro, cuenta que “quería conocer el paisaje, sentir la tierra bajo mis pies, el calor abrasador del desierto, cómo se adentra el polvo en los pulmones…Si conoces el entorno, las percepciones se vuelven más precisas, más reales. A veces, una percepción puede ser más real que un tiro. Una pistola puede dispararse y que el tiro no te alcance; una percepción o una simple intuición puede salvarte de la muerte, como cuando escuchas el sonido de una serpiente de cascabel arrastrándose hacia ti”.