Yolanda Ortiz: sufrimiento y pasión es su poesía

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“Tierra de malvas”, poemario sobre la pérdida amorosa y el engaño

  

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Texto:  Enrique VILLAGRASA

 

Hace unos años conocí a la profesora y poeta Yolanda Ortiz Padilla (Jaén, 1981): eran unas jornadas de crítica y contracrítica organizadas por el también profesor y poeta Nacho Escuín en Zaragoza. La mesa redonda en la que participaba fue moderada por Yolanda, con mano firme y certera en sus palabras, sabía de lo que hablaba. De hecho, ella ejerce la crítica literaria en diversos medios. Es doctora en Filología Hispánica y ha sido docente en las universidades de Jaén y Almería.

Hace tiempo que me rondaba escribir sobre su cuarto poemario Tierra de malvas (Piedra, papel, libros, 2019): una pequeña joya, dura como el diamante. ¡Qué grande, qué poderío de imágenes, qué bien escribe esta poeta! Este poemario fue premio Joaquín Lobato 2018, en su XXXI edición, que convoca el Ayuntamiento de Vélez-Málaga. Pues eso, que ha tenido que llegar esta pandemia, para poder tener tiempo de (re)leer y escribir. No sales de casa, pues hala al tajo: lectura y escritura: “ESTA nostalgia salvaje”.

Tal vez sea, uno de los mejores poemarios que he leído sobre la pérdida amorosa y el engaño: “oírlo fue más obsceno/ que ver tu lengua en su coño”. Es un libro breve, 66 páginas, sencillo, fácil de leer, elocuente, con versos asombrosos, sin signos de puntuación ni mayúsculas que valgan, salvo en la palabra de inicio de cada poema; poemas cavilados, con ritmo y una utilización del lenguaje eficiente: “apenas hoy me he visto/ y he palpado/ cada una de mis grietas”.

tierra de malvas 2Tratar este tema en poesía no deja de ser un desafío del que sale victoriosa, pues no cae en esas confesiones de redes sociales, sin ton ni son, que a nadie interesan, se mueve pues entre el íntimo decir y el íntimo escribir en su diario personal: donde se desnuda en y con la profundidad de espejo, la página en blanco, y se dejan ver las heridas y los gestos y signos que anunciaban el tamaño desenlace y que pasaban desapercibidos: “SOY páramo casa/ en ruinas tierra/ de malvas”.

En ese pulso anda la poeta: en mostrar lo indispensable para que la persona lectora conozca la historia de esa pérdida anunciada: “NUNCA te imaginé/ en la puerta de nuestra casa/ como un desconocido”. Aquí el tono de la lírica confesional es sinceridad vital, que pone al descubierto tanto la pasión como el dolor: sin exhibicionismo y sin impostura: “lo que no he aprendido aún/ es a sujetarme el miedo/ que me late en la boca/ cuando oigo la noche/ crecer entre nosotros”.

Es creo una danza vital entre la pareja: ella, que no se da cuenta y él, la persona que le engaña y abandona. Versos que ocupan a la vez ese espacio íntimo y social. Deberíamos pensar que nuestras dicotomías, opciones, elección negación, no son únicas, todo el mundo más menos las tiene, o sea son universales. Clara, directa e irónica: el quehacer poético de Ortiz se perfecciona en este trabajo: “la manta que insiste/ en que esto es un hogar”.

Es poesía que hiere cual afilado cuchillo de cocina, escrita con absoluta economía del lenguaje. Este poemario está hoy de absoluta actualidad ante la nueva normalidad que parece que está a la vuelta de la esquina, pues se duplican las consultas para las separaciones y el período de confinamiento es una prueba de fuego para las parejas. Estamos ante un alegato poético sentimental realista diríase, sobre cómo se desarrolla la separación en el ámbito de la pareja, sin estar confinados, donde todo es menos exigente. Poemas que nada esconden y dejan poco o mucho espacio a la metáfora: “He aprendido/ a darme la vuelta y sostener/ tu sueño y mi deseo”.

Es un poemario que se abre con dos significativas citas de Violeta Parra y María Arnal y Marcel Bagés y continúa con Ibsen, Yehuda Amihai, Luis de Góngora, Jorge Luis Borges, Waidi Mouwad y Rafael Espejo. Autores que dan cuenta de su devenir literario. El don de la poeta Yolanda Ortiz es poner en palabras la tragicomedia cotidiana del ser humano, que se hace visible en sus versos. A pesar de todo, el libro está escrito con amor: al mostrarnos su propio sufrimiento y su propia pasión: “vanos/ a dejar/ de engañarnos/ estamos velando a un muerto/ aquel nosotros que tanto se amaba”. ¡Ahí es nada!

                                                                        

VIENES a casa

para matar los animales

que ya no cuidaremos juntos

 

cuando no estoy

vienes

a casa