Dos poetas para despertar conciencias en tiempos de la COVID19

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Manuel Ruiz Amezcua publica “Enterrad bien a nuestros muertos” y Enrique Falcón, “Sílithus”

  

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Texto: Enrique VILLAGRASA

Si hay dos poetas críticos en la poesía española estos son los conocidos y reconocidos Manuel Ruiz Amezcua (Jodar, Jaén, 1952) y Enrique Falcón (Valencia, 1968) que hoy aparecen, en estos tiempos de la COVID-19, que no ha acabado por más que se levante el estado de alarma, con dos obras nuevas: Enterrad bien a nuestros muertos (España 2020) (Comares), del primero, y Sílithus (La Oveja Roja), del segundo. Y con la que está cayendo y en la que estamos viviendo, confitados y confinados y a punto de salir por doquier, virus mediante: es justo y necesario hacernos eco de tamañas obras poéticas. Dos poetas para despertar conciencias.

Manuel Ruiz Amezcua escribe un poema largo de 50 versos, en un cuadernillo de 16 páginas, una elegía en honor de la generación que levantó España y ahora ya no molestan, como él dice. Son aquellos que murieron en soledad, sin una despedida de familiares y amigos. También en el librito se puede leer: “Para Maribel, y para todos sus compañeros sanitarios. Por salvar tantas vidas con tan pocos medios. Y por luchar heroicamente contra un enemigo más que poderoso. Muchos han perdido la vida en ese empeño”.

Inicia el poeta este único poema, del mismo título que el cuadernillo, Enterrad bien a nuestros muertos (España 2020), con significativas citas de Gonzalo de Berceo, Federico García Lorca y Francisco de Quevedo. Son esos cincuenta versos que se inician con este cuarteto: “Muertos sin alas y muertos sin ojos,/ muertos sin cuerpo y muertos sin nadie,/ aún no habéis tenido vuestra tumba,/ aún no habéis tenido vuestra muerte”, y acaba con estos otros versos: “Enterrad a los muertos./ Nunca enterraréis su memoria.// No hay lugar en el mundo/ adonde no llegue ella”. Un poema, una elegía que pone los pelos de punta. ¡Palabra!

Este es un texto que se imbrica con toda la literatura occidental habida y por haber, desde los griegos hasta nuestros días y más allá: la muerte es el futuro de todos, que se sepamos. Y este peculiar cuadernillo se terminó de imprimir el 25 de mayo pasado, cuando España entera sufre, desde hace meses, una pandemia y un estado de alarma, Y la perdida de miles y miles de españoles, algunos en condiciones más que lamentables. De todos ellos se acuerda este poema. ¡Vale la pena leerlo!

Y otro poemario que despierta conciencias y refresca ideas es Sílithus, dividido en tres partes: Libro de los vigilantes, Libro de las parábolas, Libro de las luminarias y una parte final que son Fuentes de imagen, para la pertinente contextualización. Cualquier tiempo es bueno para publicar, pues si una obra ha de llegar llegará, en un tiempo o en otro y en una versión u otra: bien vía digital como este y ahora en papel. Siempre existirán personas lectoras para las dos versiones.

Curiosamente, el cuadernillo y este libro tratan los dos sobre el mismo tema: cómo mirar la realidad. Lo cierto es que hay una realidad, aunque esta sea palabra inventada, que está por encima de nuestros deseos y apetencias, de nuestros sueños y de nuestras emociones y sobre todo a años luz de querer darle sentido a la existencia humana. La realidad es una, como la poesía, y cada uno la entendemos como mejor sabemos y podemos, o nos place, o nos da la gana. ¿Supongo que somos conscientes de esto?

Los poemas que configuran el asombroso y dramático Sílithus hay que leerlos con toda la complicidad habida, con suma atención, con los cinco sentidos puestos en la lectura: pues la persona lectora encontrará los horrores más atroces de nuestros días: desde la guerra de Siria y Yemen a las trágicas violaciones permitidas por los estados europeos, torturas, extradiciones, las ignotas vidas palestinas, entre otros temas de angustiosa experiencia vital como el Mediterráneo y sus náufragos.

Así pues, este poemario, que también está significativamente dedicado: “para las plantas, los insectos, las niñas y los pájaros”, es un libro-poema de mayores dimensiones, claro, 148 páginas y más de 3.500 versos, que habla igualmente de muerte y destrucción con ecos apocalípticos si se quiere, y también crítico y alejado de las poesía que ahora se escribe en la península: un texto significativo es el de la tapa: “A principios del siglo XXI éramos muchas las personas que en los ambientes más militantes de la cultura discutíamos sobre el interés de escribir por encargo (…)”. La composición del mismo es compleja, figuran muchas ilustraciones y los poemas tienen su propia geometría.

El poemario plantea propuestas y una de ellas es que podemos o mejor dicho que aún estamos a tiempo de solucionar las migraciones de las personas más pobres a los países más ricos, de solventar de una vez por todas la desigualdad social en nuestro país y acabar con la destrucción de la naturaleza o todo se irá al colapso más grande conocido, tanto ecológico como energético, de esta vida que nos ha tocado en suerte. ¡O espabilamos o nos espabilará la Tierra diríase!: “¡árboles funestos en éxtasis bajo el agua!”

Y lo que nos tiene que quedar claro tras leer Sílithus es que lo que se derrumba no es el mundo en sí, que también de no hacer nada si se enfada la madre naturaleza, es el poder de este mundo que conocemos, ese poder neoliberal que lo gobierna todo. Y cuando éste desaparezca, que esperemos que lo haga y pronto, pandemia mediante, nacerá un paisaje y paisanaje más digno, al menos más humano, más poético: belleza y justicia social esperamos y deseamos que florezca: “Dando frente hacia ese almendro/ hemos dejado una habitación abierta/ en la que un hombre lisiado descansa/ y una mujer encorvada descansa:// para quienes siempre amaron/ o jamás se sometieron,/ sustento tras sustento/ ven crecer los árboles.// Y dan cuenta de lo justo en esta tierra”.