CARLOS RUIZ ZAFÓN SE HA IDO

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Un cáncer se ha llevado “La sombra del viento”

  

Zafón

 

 

Texto: Antonio ITURBE

Carlos Ruiz Zafón tenía 55 años y desde hace dos vivía retirado de los focos, luchando contra el cáncer. Ha fallecido en su casa de Los Ángeles, donde residía, aunque siempre andaba yendo y viniendo a Barcelona, su ciudad.

Zafón venía de una trayectoria notable en la literatura juvenil y ya con su primera novela Su primera novela, El príncipe de la niebla, ganó en 1993 el premio Edebé. Después vendrían El palacio de la medianoche (1994, Edebé) Las luces de septiembre (1995, Edebé) y Marina (1999, Edebé)

En 2001 se pasaría a la novela adulta con La sombra del viento. Pero nada fue tan sencillo. Ser un autor de novela juvenil tiene aquí escasa consideración. De hecho se presentó al Premio Fernando Lara de novela y ni siquiera lo ganó. Pero estaba entre el jurado el gran Terenci Moix y, avispado como era, sugirió su publicación. Como las editoriales antes hacían algo de caso a sus autores, la editaron en Planeta con una tirada modesta, pero el libro pronto se convirtió en un vendaval. Especialmente, cuando en Alemania recomendó su libro hasta el ministro de Asuntos Exteriores, Joschka Fischer, y se convirtió en un éxito arrasador en un país muy lector. Y, como suele ser habitual, cuando algo triunfa afuera entonces sí se reconoce aquí.

15 millones de libros contemplan la serie El cementerio de los libros olvidados, compuesto por la tetralogía: La sombra del viento (2001, Editorial Planeta), El juego del ángel (2008, Planeta) El prisionero del cielo (2011, Planeta) y El laberinto de los espíritus (2016, Planeta).

Yo tuve muy poco trato personal con Ruiz Zafón. Recuerdo una comida hace muchos años, al principio de todo, en que explicaba con ese timidez amable suya sus peripecias como guionista en Estados Unidos, esa maquinaria implacable de Hollywood que hacía pasar los guiones por docenas de manos y contaba con resignada ironía que, cuando se estrenaba la película y se sentaba en la sala de cine a verla “a veces reconocías un par de frases en un diálogo y decías: ¡mira esas son mías!”.

El día de las alabanzas suele estar lleno de palabras huecas. Alabar al que se ha muerto es gratis y queda bien. No duden que ahora habrá una cascada de parabienes, pero lo cierto es que la crítica española, esos que se autodenominan intelectuales, lo ignoraron completamente, lo despreciaron. Yo, personalmente, no era un lector especialmente interesado en sus novelas, pero lo respetaba muchísimo porque era un escritor honesto, arrebatado y que hizo leer a mucha gente y abrir una ventana de imaginación en sus vidas. En Librújula, le dedicamos una portada con su último libro, en 2006. Lo merecía.

La editorial Penguin en Estados Unidos en 2014 lo incluyó en su colección especial de Clásicos Perennes (junto a Jane Austen o Melville). Tiene premios y menciones por todo el mundo: Biblioteca de Nueva York, Mejor libro del año en Francia 2004 o de la Bjornson Orden of literary Merit de Noruega. En España, un Premio Protagonistas y un Premio Euskadi de Plata. En Cataluña -menos mal- tiene el premio de los lectores de La Vanguardia. Alguien que hizo leer a personas que no solían leer mucho miles de páginas, que expandió la lectura con millones de libros, ni un solo premio institucional en Cataluña. Invisible. Zafón coleccionaba fervorosamente dragones en todos los formatos y tamaños y tenía una colección de varios centenares. Debe ser uno de los autores que más páginas ha dedicado a Barcelona y uno de las que más la ha proyectado internacionalmente en el imaginario colectivo. Nunca ganó el Premio Ciutat de Barcelona. Nada. Él tuvo otros premios, claro, el de la devoción de millones de lectores y el de haber completado esa obra que le surgió de adentro. Fue escritor.