Bernardine Evaristo, la literatura necesaria

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Bernardine Evaristo, la escritora anglonigeriana que da voz a las mujeres negras

 

Bernardine evaristo jennie scott ed

 

 

Texto: Carlos LURIA  Foto: Jennie SCOTT

Si hace un año hubiéramos preguntado a los lectores españoles qué sabían de Bernardine Evaristo, la respuesta más probable habría sido un encogimiento de hombros. Pero el panorama ha cambiado: en octubre de 2019 Evaristo recibía el prestigioso premio Booker por su última novela, Niña, mujer, otras (convirtiéndose en la primera mujer negra en obtener este galardón); y dos meses después el expresidente Barak Obama recomendaba esta novela en su lista anual de favoritos (¿Hay políticos que recomiendan libros? Sí, pero no los busques aquí). Por lo demás, ha querido la casualidad que el abajo firmante acabe de leer Niña, mujer, otras cuando se producen las protestas antirracistas en Estados Unidos, firmemente espoleadas por Donald Trump. "¿No os habéis dado cuenta de que la palabra 'negro' siempre tiene connotaciones negativas? El mercado negro, los agujeros negros, el humor negro, la magia negra, las ovejas negras, verlo todo negro". Lo dice un personaje de la novela. No es una reflexión nueva pero, tal como están las cosas, sí necesaria.

Niña, mujer, otras (AdN) es la octava y deslumbrante novela de la anglonigeriana Bernardine Evaristo (Londres, 1959), una autora prolífica cuyo interés temático se centra en la diáspora africana hacia Europa. El recorrido profesional de Evaristo es largo: ha escrito guiones, poesía, crítica literaria, teatro, novela y radionovela; en 1982 cofundó la primera compañía de teatro de mujeres negras de Gran Bretaña, el Theater of Black Women; a partir de los 1980 ejerció de mentora de poetas africanas; en 2012 creó un prestigioso premio internacional de poesía africana. Etcétera. Por desgracia, la traducción de sus novelas a algún idioma español es casi nula. Los especialistas recomiendan The Emperor's Babe (2001), sobre una niña negra que alcanza la mayoría de edad en el Londres romano, y Blonde Roots (2008), una sátira en la que los africanos esclavizan a los europeos. Se supone que sus traducciones no tardarán en llegar.

NiñasNiña, mujer, otras retrata fielmente la vida de doce mujeres negras de diferentes generaciones, creencias, clases, sexualidades e identidades. Crear doce buenos protagonistas es difícil. Abstenerse de juzgarlos, aún más. Entre estas doce mujeres sin piedad hay feministas, homófobas, lesbianas, heteros, niñas, ancianas, triunfadoras, perdedoras, ricas, pobres... Todas ellas comparten un nexo común: su invisibilidad literaria, al menos hasta ahora; también les une que todas están llenas de vida; que todas dudan en cómo integrarse en la sociedad blanca sin perder sus raíces negras; y, finalmente, que todas exploran con ahínco no solo las paradojas del sexo, la raza, la clase o la cultura, sino también del amor. Las doce historias se entrecruzan hábil y, a veces, inesperadamente.

El lector acaba las cerca de quinientas páginas de la novela y lanza el suspiro reservado a las grandes ocasiones: el mismo suspiro que acompaña al Balzac de Las ilusiones perdidas, al Cela de La colmena o al DeLillo de Submundo; es decir, a los mosaicos totales, emocionantes, bien estructurados y mejor escritos. Y aquí conviene romper una lanza en favor de Julia Osuna, la traductora de Niña, mujer, otras: no le debe haber resultado nada fácil volcar al castellano una prosa que fluctúa entre la poesía y el argot ("¡out de aquí, ya-ya, no queremos volver a verte, fuera ya, you, out de aquí!"), y que sorprende por el uso rompedor de la sintaxis y la ortografía. En efecto, la prosa de Evaristo es entrecortada, plagada de saltos de párrafo, estructurada en verso libérrimo y que reserva las mayúsculas a los nombres propios. Un ejemplo:

"a Daisy

le diagnosticaron tuberculosis después de que las chicas del trabajo fueran en grupo a quejarse al encargado de que estaba enferma

la enviaron a un sanatorio para que la aislaran en cuarentena con efecto inmediato".

Hay que decir que, después del pertinente período de adaptación, la lectura va sobre ruedas: la versificación da aire a la página y un seductor y ambiguo tono onírico a la narración. Con posterioridad, uno averigua que la razón de este estilo no es otra que el propio origen de la novela, un cuento corto en verso que la autora escribió en 2014 para la BBC. Y, finalmente, el lector concluye que, si la literatura es exploración, riesgo y detalle, este libro es pura literatura.