Gala Placidia, la historia de una ambición

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Magdalena Lasala recrea en “La emperatriz goda. Gala Placidia, un corazón entre dos mundos” la vida de la princesa que amaba vivir y gobernar en una época en la que Roma y Constantinopla se enfrentaban por la capitalidad del mundo

 

Gala

 

 

Texto: Enrique VILLAGRASA 05/10/2020

Esta historia de una ambición está recogida en 432 páginas, que son las que tiene la novela La emperatriz goda. Gala Placidia, un corazón entre dos mundos (La Esfera de los Libros), que son también las que ha necesitado su autora, la poeta y novelista aragonesa Magdalena Lasala (Zaragoza, 1958), para explicarnos desde su aguda mirada y, a la vez, podamos comprender mucho mejor a la princesa imperial Gala Placidia (392 d.C.-450 d.C.), hija del emperador romano Teodosio I, El Grande (347 d.C. al 395 d.C.).

Magdalena Lasala fiel a la historia, no cabe duda, se fija también, y es lo atractivo de esta novela, en la personalidad y vida de una mujer fiel a sí misma y con una gran pasión por vivir, con una gran ambición: aunque sabiendo que la muerte lo solucionaba todo y más en aquellos tiempos. La inteligente mujer se las trae y le pasa de todo y a tenor de lo que nos cuenta tenemos que estar de acuerdo con la autora y preguntarnos también “bajo que ópticas han llegado a nosotros los nombres que han forjado la Historia desde sus individualidades inevitables”. Y por esto, el personaje femenino “requería una visión íntima restauradora de su gran poder incógnito y temido: ser ella misma”. Aunque bien sabemos que la historia la escriben los vencedores. No cabe duda alguna de que la Historia hay que revisarla. Seguro que casi nada es como nos lo han contado. Ni siquiera el final del Imperio Romano, que es en el momento histórico en el que se desarrolla esta novela. Y hay que pensar que los políticos de entonces se parecían mucho a los de ahora: “Oídlo bien: el pueblo está harto del egoísmo y la deshonestidad de estos políticos debilitados por el lujo y la avaricia”.

la emperatrizgoda 2La recreación de la vida de la nobilísima Elia Gala Placidia lleva consigo pensamientos y pareceres sobre la política, usos y costumbres sociales, religión cristiana católica, los cristianos ortodoxos, las herejías (arrianismo), las costumbres romanas y bárbaras (godas y visigodas además de otros pueblos). Y por supuesto de la vida, gozos y miserias, de los emperadores romanos. Y esto lo hace la autora de maravilla, con firmeza, y dándole voz propia a Gala; pero también a Aradeia y Marina, dos mujeres sabias conocedoras del mundo antiguo y cercanas, muy cercanas, a la princesa. También y lógicamente aparecen muchísimos personajes como la sabia filósofa alejandrina Hipatia, Juan Crisóstomo, Teófilo de Alejandría, Cirilo de Alejandria, Sinesio de Cirene, Leoncio de Atenas, Estilicon, Serena, Constancio, Honorio, Alarico, Ataúlfo, con quien tuvo una relación pasional, amorosa, que acabó en boda. Hay que pensar que la acción discurre entre el final del siglo IV y el siglo V, cuando Occidente y Oriente se enfrentan por la capitalidad del mundo, que ya no solo es Roma, también juega Constantinopla.

Magdalena Lasala ha sabido como nadie hablar de una mujer capital, piedra angular, en la sociedad de su tiempo. Escribe para que la entiendan todas las personas lectoras y de forma amena, logrando que aquellos que abren esta novela se apasionen por conocer los secretos que desvela Lasala sobre la enigmática princesa Gala Placidia (que no es el nombre de una bonita plaza o de un hotel, es el nombre de una mujer de armas tomar, que gobernó en tiempos difíciles; para ejemplo de todos o ¿no?).

En definitiva Lasala presenta a una Gala Placidia que tuvo la gran valentía, en ese tiempo, de participar y gobernar dada su condición de princesa imperial y regente hasta la mayoría de edad de su hijo Valetiniano, desde las propias instituciones del Imperio. Y es por esto, por lo que la novelista trata de mostrarnos la vida de esta princesa que consciente de su poder político lo ejerció y no se lo dejo arrebatar por nadie, ni hombre ni mujer, hasta su muerte.

Para entender a esta mujer, que es capaz de pensar en medio de celebraciones y aclamaciones en la última mirada de rencor de su hija, la novelista consigue llegar hasta el rincón más ignoto de su alma, aunque nadie sabe cómo es verdaderamente Gala Placidia: “Nunca supe en realidad quién era Placidia… solo pude testificar las reacciones que su existencia suscitó en quienes la rodeaban”, Marina dixit. Y Gala solo fue una mujer que amaba vivir y gobernar, que lo pasó mal y que se movió entre dos mundos, el viejo mundo de su padre Teodioso I y el nuevo mundo que pugna por nacer con la dejadez de los gobiernos por parte de sus hermanastros: en Oriente Arcadio y en Occidente Honorio. La novelista apuesta por los prudentes y sabios gobiernos de las mujeres haciendo que la inteligente Gala sea el último aire fresco de ese Imperio Romano, que también lo sufrimos en Hispania. Gala moría cuando Atila entraba en Aquicum. Y la Historia ha recordado su nombre y más ahora, en este siglo XXI, gracias al excelente quehacer demiurgo de Magdalena Lasala, quien tiene bien ganado un lugar de honor entre los autores de novela histórica, pues ha recreado de manera exquisita la personalidad y la figura histórica de Gala Placidia, para mayor gloria de ella y gozo de los lectores.