Sinfonía cántabra en “El jardín de los espejos”

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Cantabria es protagonista en la última novela de la escritora santanderina Pilar Ruiz

Pilar Ruiz

 

 

Texto: Carlos LURIA  27/10/2020

 

Uno acaba de leer El jardín de los espejos (Roca Editorial), de la novelista y guionista santanderina Pilar Ruiz, y se le ocurre una primera reflexión: afortunadamente queda muy lejos el tiempo en que los escritores prescindían sin remordimientos de las circunstancias ambientales; el tiempo en que a Cervantes, por ejemplo, le importaba poco si en Sierra Morena hacía sol o si la arena de la playa de Barcelona se le metía a don Quijote en los zapatos. Nunca agradeceremos lo suficiente a Defoe que metiera en apuros a Robinson Crusoe, porque a partir de aquel momento la meteorología y el paisaje (y la influencia que ambos ejercen en la narración) dejaron de ser meros figurantes y se desplegaron en obras memorables.

La cuestión es que la novela de Ruiz discurre en un áspero y montañoso rincón de Cantabria, y será porque el abajo firmante es netamente mediterráneo (por aquí ocupamos nuestro plácido tiempo en cosas como inventar la Filosofía o buscar mesa libre en el chiringuito), pero lo cierto es que a este lector se le coló la humedad en los huesos desde la primera página, tal es la pericia con que la autora coloca el elemento topográfico en primera línea de la narración: “El río saltaba enroscándose en rizos oscuros sobre las piedras relucientes. Todo a nuestro alrededor era verde, como si el mundo se hubiera cubierto de musgo. (…) Lo que había dicho Martín era verdad: los árboles formaban una enmarañada bóveda natural que apenas dejaba pasar el viento, pero tampoco la luz del sol”.  

Aparte de esta virtud, el argumento está muy bien trabajado: en el agreste y muy cántabro Valle del Pas confluyen las historias de tres atribuladas mujeres que, pese a la distancia temporal que media entre ellas, están unidas de algún modo por una casona llamada “El jardín del alemán”. En 1919, la fotógrafa Elisa espera la vuelta de su amante; en 1949, la pintora Amalia huye de su marido y de sí misma; en la actualidad, Inés intenta documentar la futura película sobre un artista maldito. Los misteriosos espejos entran en acción y empiezan a reflejarse entre ellos.   

El jardín de los espejosEsta es la tercera novela de Pilar Ruiz, tras El corazón del caimán y La danza de la serpiente (ambas en Ediciones B, 2014 y 2016 respectivamente). En las tres se nota la querencia de la autora por la novela realista del diecinueve, tal vez por Pérez Galdós: detallismo, abundancia de personajes poderosos, alternancia de voces, construcción de argumentos que explican un tiempo y un espacio, desenlaces convenientemente cerrados... Y de ello resulta que la calidad de esta novela (a medio camino entre el thriller, el costumbrismo y la novela histórica) está muy por encima de la media, con el añadido de que la inclusión de elementos sobrenaturales aporta un elemento intrigantemente delicioso. El léxico es rico y abundante, lo que es de agradecer en una época en que los novelistas arman historias con cincuenta palabras. Este lector solo pondría dos peros: el exceso de flashbacks, que a veces resultan confusos e innecesariamente prolijos, y una casi total ausencia de destellos de humor, que siempre ayudan a desahogar la tensión. Pero son pequeños pecados: este lector ha salido del intrincado jardín de los espejos y ha intuido que Pilar Ruiz anda detrás de escribir la Gran Novela Cántabra, que no es poca cosa. Y que seguramente va a conseguirlo.