La guerra civil en Madrid

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Claves de lectura de "La trilogía de la guerra civil", de Juan Eduardo Zúñiga, uno de los maestros del relato en España del siglo XX

Trilogíamadrid

 

 

Texto: David PÉREZ VEGA  29/10/2020

 

Compré este libro, La trilogía de la guerra civil de Juan Eduardo Zúñiga, fallecido hace unos meses a la edad de 101 años, hace un tiempo en la Cuesta de Moyano de Madrid. Sabía que Zúñiga era considerado uno de los maestros del relato del siglo XX en España y que su obra más representativa eran precisamente los tres libros que conforman este volumen: Largo noviembre de Madrid (1980), La tierra será un paraíso (1989) y Capital de la gloria (2003).

Para esta versión definitiva de la obra, publicada por Galaxia Gutenberg, Zúñiga decidió cambiar el orden de los libros, que será: Largo noviembre de Madrid, Capital de la gloria y La tierra será un paraíso. Además añadió dos relatos nuevos: Caluroso día de julio (incluido en Largo noviembre de Madrid) e Invención del héroe (incluido en Capital de la gloria). En total, el presente volumen recoge treinta y cinco relatos.

Una vez acabado el libro entiendo la decisión de cambiar el orden: Largo noviembre de Madrid trata principalmente sobre los comienzos de la guerra en Madrid; Capital de la gloria habla del discurrir de la guerra en Madrid y los últimos cuentos se acercan ya a la inminencia de la derrota republicana en la capital; y La tierra será un paraíso retrata los primeros años de las posguerra. Así que el criterio final de orden cronológico me parece acertado.

TrilogíaEl primer cuento de Largo noviembre de Madrid es Noviembre, la madre, 1936, y se abre con un párrafo muy significativo: «—Pasarán unos años y olvidaremos todo; se borrarán los embudos de las explosiones, se pavimentarán las calles levantadas, se alzarán casas que fueron destruidas. Cuanto vivimos, parecerá un sueño y nos extrañará los pocos recuerdos que guardamos; acaso las fatigas del hambre, el sordo tambor de los bombardeos, los parapetos de adoquines cerrando las calles solitarias…» (pág. 11). Párrafos similares –con este mismo inicio «Pasarán unos años y olvidaremos todo»– se repiten como una letanía en diversos cuentos del libro (al menos aparece cinco o seis veces más). Por supuesto, la sensación que se le queda al lector es justo la contraria, que las personas que están viviendo los acontecimientos narrados no van a poder olvidarlos fácilmente, sino que, más bien, les van a acompañar durante el resto de sus vidas como un pesado equipaje. El propio Juan Eduardo Zúñiga fue testigo de los acontecimientos que narra, puesto que tenía diecisiete años cuando comenzó la guerra, y hacia su final sería movilizado, aunque permaneció en retaguardia por problemas de salud. De hecho, nació y vivió en la actual plaza de Pedro Zerolo, muy cercana al centro; que era justo un lugar en el que caían muchos proyectiles de los bombardeos franquistas, proyectiles que se desviaban al lanzarlos sobre la Gran Vía.

En Noviembre, la madre, 1936 está ya presente el miedo a los bombardeos de la población civil de Madrid, un miedo que va a ser casi una constante en los diecisiete cuentos de este primer libro. En este primer cuento, unos jóvenes hermanos de buena posición social conviven en la casa familiar, después de la desaparición de sus padres (posiblemente muertos en la guerra). Los hermanos pueden vivir sin trabajar en Madrid ni involucrarse en los hechos que los rodean gracias a las rentas familiares. De algún modo, parecen convencidos de que su posición social es sólida; una posición social representada por la posesión de un edificio de viviendas, que sus inquilinos siempre han tenido problemas para pagar. De modo significativo y simbólico, en la contundente escena final de este primer relato, el hermano pequeño verá con sus ojos como el edificio familiar ha desaparecido a causa de los bombardeos que sufre la ciudad.

En muchos casos, los protagonistas de este primer libro son burgueses atrapados en sus casas madrileñas, personas que no parecen acabar de entender qué está ocurriendo a su alrededor. En ningún caso, Zúñiga es un panfletario político; más bien es un entomólogo que observa a sus personajes como si fueran hormigas reaccionando ante la inundación de su hormiguero.

En el segundo cuento, Hotel Florida, Plaza del Callao me gusta encontrarme con un detalle de la guerra civil que sé que es real: la salida de Madrid era la carretera de Valencia, y al pasar por Rivas-Vaciamadrid los franquistas tiroteaban a los republicanos desde una posición elevada. No he comentado que gran parte de mi interés hacia este libro de Zúñiga proviene de que yo ando ahora ultimando una novela de investigación sobre la guerra civil en Madrid, y leer estos relatos me ha trasportado mentalmente de un modo muy intenso a la época.

En los cuentos de Zúñiga se habla (y en gran medida se homenajea) a las Brigadas Internacionales: a esas personas que vinieron a Madrid, en muchos casos de un modo romántico, para defender la República y acabaron dejando aquí su vida. En gran medida, en estos cuentos aparecen personas asustadas que no acaban de entender qué motiva a estos extranjeros que han venido a España, pudiendo estar en cualquier otra parte, que parece desde luego mejor que Madrid. Aunque también se hace un retrato humano de ellos, ya que, por ejemplo, en el cuento Aventura en Madrid se nos habla del extrañamiento de un parisino que acaba en la guerra casi de una forma azarosa, como si se tratase de una apuesta de casino.

El tercer cuento, Caluroso día de julio, es uno de los añadidos posteriormente. En él siento que Zúñiga ha rebajado el grado de enfrascamiento técnico y ha ido a la esencia de la historia. A raíz de esto, debería decir desde ya, que muchos cuentos de Largo noviembre de Madrid adolecen de un exceso de «trabajo técnico». Trataré de explicarme: Zúñiga acaba cifrando tanto algunos cuentos que hace que el lector sienta lejanía hacia lo contado. En un cuento de ocho o diez páginas, es frecuente que el lector no sepa que está ocurriendo durante la primera o primera página y media del relato. Un relato comenzado en media res, cuyo inicio cobra más sentido al hacer el esfuerzo de volver a leerlo una vez acabada la historia. En más de un caso, Zúñiga decide cambiar la escena sin dejar una línea de espacio entre la siguiente y posterior escena. Es decir, no añade nada al relato causarle al lector una confusión innecesaria, no es mejor escritor alguien por saltarse el convencionalismo de dejar una línea entre escenas diferentes. Esta búsqueda del relato cifrado acaba restando, en más de una ocasión, fuerza a lo narrado; ya que los personajes y la anécdota motora acaban situándose en un segundo plano respecto a la técnica. Con esto no quiero decir que Largo noviembre de Madrid, me parezca un mal libro, que no lo es en absoluto, pero me parecen mucho mejor Capital de la gloria, donde Zúñiga se siente ya en su plenitud, y lo que gana en sencillez compositiva se suma al interés por los personajes y la emoción por una historia bien narrada.

De este primer libro me gustaría destacar un cuento como Mastican los dientes, muerden donde se muestra muy bien el tema de las clases sociales en Madrid. También me ha gustado mucho Un ruido extraño, que acaba siendo casi un cuento de terror. «Nos miramos las manos, pero mi pensamiento fue muy lejos, corrió por todo el país, que goteaba sangre, pasó por campos y caminos, por huertas, olivares y secanos y me pareció que en todos sitios encontraba manos iguales a aquéllas, desgarradas y sangrientas en el atardecer de la guerra.», así acaba este cuento en la página 116.

Al finalizar Largo noviembre de Madrid decidí intercalar otro libro y una semana después retomé el volumen de Zúñiga, dispuesto a leer Capital de la gloria. Si la densidad estilística de algunos cuentos del libro anterior, me habían causado alguna duda sobre la maestría de Juan Eduardo Zúñiga en el arte del relato breve, creo que debería decir desde ya que Capital de la gloria me ha parecido uno de los mejores libros de cuentos que he leído en mi vida; y que posiblemente le pondría por encima de El corazón y otros frutos amargos de Ignacio Aldecoa y A sangre y fuego de Manuel Chaves Nogales como mejor libro de cuentos de los últimos cien años en España. Capital de la gloria se publicó en 2003; es decir, cuando Zúñiga tenía ya ochenta y cuatro años. Sorprende la firmeza de esta obra escrita ya a una edad tan avanzada.

Si bien, en gran medida, Largo noviembre de Madrid hablaba del miedo a los bombardeos durante los primeros meses de la guerra; de las calles destruidas y los refugios antiaéreos; Capital de la gloria habla de las muertes en la guerra, y de cómo estas muertas son vividas en la ciudad de Madrid. En este sentido, me ha gustado mucho Los mensajes perdidos, donde se trata de cumplir la última voluntad de un muerto y buscar al destinatario de un reloj entregado en el frente. La presencia de la muerte y el absurdo de la guerra quedan aquí reflejados de un modo magistral.

Otro cuento muy destacado es Rosa de Madrid, sobre una chica sencilla a la que le pilla la época de los amoríos en plena guerra. Rosa tratará de vencer su miedo a la muerte buscando el placer sexual, por un curioso desplazamiento psicológico. No he dicho todavía que en muchos cuentos (sobre todo en Largo noviembre de Madrid), Zúñiga refleja un deseo sexual que se exacerba con la cercanía de la muerte (todo un juego de Eros y Tánatos), y además sus cuentos muestran a muchas protagonistas femeninas fuertes.

Me ha gustado mucho también (uno de mis cuentos favoritos del conjunto) Ruinas, el trayecto: Guerda Taro, sobre un soldado que al final de la guerra, cuando ya todo está perdido, trata de cambiar de personalidad. En el Madrid de la revuelta de Segismundo Casado nuestro soldado trata de atravesar la ciudad y por el camino piensa en una fotógrafa alemana que vino a España a luchar por la República y acabó muriendo por ella. Una alemana de la que nadie recordará su sacrificio. Es este un cuento muy emocionante y bello.

La tierra será un paraíso tiene siete cuentos, que son de media más largos que los anteriores. El mejor me ha parecido el primero, Las ilusiones del Cerro de las Balas, que es toda una obra maestra. Como dije al principio, en este libro se habla de la posguerra, y en este primer cuento han trascurrido tres años del final de la guerra y retrata a un grupo de jóvenes que unos años antes fueron soldados republicanos. Uno de ellos trabaja en un laboratorio, en que ha llegado un médico rumano que le confiesa que busca a un compañero que vino a combatir a Madrid y que no sabe si murió o se quedó en el país. Los jóvenes tratarán de ayudarle a encontrar al médico. Todo el miedo al franquismo por parte de los vencidos queda retratado en este cuento. Además el deseo sexual exacerbado de la guerra sigue presente, pero ahora en una ciudad mucho menos proclive a poder satisfacerlo. El país se ha convertido en una gran cárcel de la que no se puede huir.

Otros cuentos hablan de los vencidos que organizan pequeñas redes de resistencia, como la de repartir panfletos, actividades peligrosas e inútiles, que pueden ayudar, tal vez, a mantener la esperanza y la dignidad de los vencidos.

Pese a algún titubeo inicial, por los excesos técnicos comentados, La trilogía de la guerra civil de Juan Eduardo Zúñiga me ha parecido uno de los mejores conjuntos de relatos que he leído nunca. Y considero que contiene algunas de las piezas maestras del género del relato, que se han escrito en España. Creo que a cualquiera le va a ser muy difícil encontrar cuentos mejores que Rosa de Madrid, Ruinas, el trayecto: Guerda Taro o Las ilusiones: el Cerro de las Balas.

Muy grande Zúñiga; hace unos años me crucé con él por la madrileña calle Narváez y le reconocí al instante. Qué pena, no haber leído entonces este libro y haberle podido parar en plena calle y felicitarle por él, poder decirle que, en gran parte, la guerra civil en Madrid es para mí su guerra civil.