Las ideas de Vasili Grossman “son esenciales para entender no solo el pasado totalitario de la Unión Soviética, sino su presente autoritario”

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Alexandra Popof escribe la biografía definitiva: “Vasili Grossman y el siglo soviético”

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Texto: José Ángel LÓPEZ JIMÉNEZ  09/11/2020

La biografía de Alexandra Popof , unida a la publicación de Stalingrado, completa el círculo en torno al autor y su obra. Vasili Grossman fue un personaje molesto en la Unión Soviética. Su ascendencia judía y su carácter crítico hacia todo lo que presenciaba lo convirtió en un testigo incómodo de la realidad; hasta el punto que resulta muy extraño y, con toda probabilidad fruto del azar, su supervivencia física hasta más allá de la muerte de Stalin. Ya en una de sus primeras obras Stepán Kolchuguin, su protagonista reflexionaba sobre la necesidad de aprendizaje democrático y de glásnost (transparencia) que necesitaba Rusia, muchas décadas antes de que el proceso reformista de Gorbachov acabase por derruir los frágiles cimientos del experimento soviético.

El autor de la monumental Vida y Destino (Galaxia-Gutenberg, 2007 y en 1985 en Seix Barral) consiguió confrontar los horrores de los dos totalitarismos enfrentados durante la Segunda Guerra Mundial en una obra que tuvo que ser publicada en Suiza en 1980, dieciséis años después del fallecimiento de su autor. Comparada con la tolstoiana Guerra y Paz evidencia las miserias del régimen a través de la descripción de las persecuciones, las hambrunas, la represión, el antisemitismo y la anulación general de la disidencia y de cualquier tipo de libertad individual. Tuvo que recorrer un periplo de censuras, modificaciones, añadidos y supresiones de más de dos años desde que lo presentó a la revista Znamya para, finalmente, no ser publicado y quedar confiscado su manuscrito. Ni el supuesto deshielo protagonizado por el líder soviético Nikita Jruschev, al que acudió Grossman para recuperar el libro, pudo con la ortodoxia del PCUS y los agentes del KGB. El guardián de la ortodoxia ideológica, Mijail Suslov, lo acusó de causar más daño con su libro que el provocado por Doctor Zhivago de Boris Pasternak.

GrossmanLa excepcional biografía recién publicada Vasili Grossman y el siglo soviético, de la autora rusa Alexandra Popoff (ed. Crítica) analiza toda su obra periodística, novelística y ensayística. La segunda gran obra de Grossman, Todo fluye (Galaxia Gutenberg) acabada un día antes de su fallecimiento, fue publicada en la Unión Soviética en 1989, al mismo tiempo que Archipiélago Gulag de Solzhenitsyn, aunque ambas impactaron menos que Un día en la vida de Iván Denisovich. En El libro negro, con Ilyá Ehrenburg (Galaxia Gutenberg) denunció las atrocidades del exterminio nazi sobre la población judía, tema que también abordó en El infierno de Treblinka (Galaxia Gutenberg)

 

StalingradoStalingrado (Galaxia Gutenberg) ha sido rescatada en la actualidad tratando de respetar su fidelidad sobre el texto original. Llamada a ser la primera parte de Vida y Destino, con los mismos protagonistas, acabó publicándose con el título Por una causa justa, con numerosos retoques y censurada para someterse a los cánones del socialismo soviético. Por encima de valores reconocidos por el autor en el pueblo ruso (paciencia, resiliencia, capacidad de resistir las penalidades) de los que ofreció sobrada muestra en el sitio de Leningrado y durante la batalla de Stalingrado, Grossman lamenta la tradición despótica del Estado que, “en mil años, lo único que no ha visto ha sido la libertad”. Valores como el humanismo, el pacifismo y el internacionalismo se enfrentaban en el campo de batalla. Sin embargo, ambos modelos totalitarios compartían sus experiencias represivas en campos de concentración y exterminio o en el Gulag. Resalta Popoff, la autora de su biografía, que el reconocimiento a la obra de Grossman es muy notable en Occidente; sin embargo es muy poco conocida en la Rusia actual. Su legado no ha envejecido “sus ideas son esenciales para entender no solo el pasado totalitario de la Unión Soviética, sino su presente autoritario”. En la Rusia de Putin “el mito de la gloria del pasado soviético está reviviendo, con un ascenso sostenido del nacionalismo y de la popularidad de Stalin”. Complemento imprescindible de la biografía es el libro Cartas y recuerdos de Vasili Grossman (Galaxia Gutenberg).

Otras resistencias en la órbita soviética

Dos libros de testimonios recién publicados aportan las experiencias personales vividas en Estados satélite de la antigua Unión Soviética. Una calle sin nombre. Infancia y otras desventuras búlgaras, de Kapka Kassabova (ed. La Caja Books) supone un ejercicio de exorcismo, en palabras de su autora, ya que “el fantasma del muro no desaparecerá hasta que se le dé sepultura”. Estado poco conocido, incluso en la actualidad, es objeto de la ironía de Kassabova (democracia a la búlgara, yogur, halterofilia) y también de la recuperación de una memoria que se plasma en el retorno al piso que ocupó en su infancia, en una calle de la que nunca llegó a conocer su nombre. Las ruinas de la demolición del sistema aún perviven: grisura, pobreza, urbanismo delirante, y una identidad fragmentada por la huida y el exilio. El dolor y la tristeza no consiguen ocultarse debajo del humor. El presente tampoco ha deparado la promesa intuida tras el derrumbe: “A los regímenes totalitarios no les interesan para nada las historias personales, lo que les interesa es mantener en pie una cultura construida a base de mentiras. A las democracias postotalitarias les sucede algo parecido: están demasiado ocupadas tratando de sobrevivir”. En Barro más dulce que la miel. Voces de la Albania comunista, Margo Rejmer (ed. La Caja Books) la autora polaca retoma la senda ya iniciada en Bucarest. Polvo y Sangre (ed. La caja Books) de reporterismo del gran maestro Ryszard Kapuscinski. El régimen comunista más opaco de Europa fue el paraíso cercado “por alambre de espino y con un único Dios: Enver Hoxha”. Apoyado en la Sigurimi (la KGB albanesa) sumergió al pueblo en una pesadilla de represión, hambre, delaciones, cárceles, espionaje y torturas. Ahora recupera Rejmer las voces de la sociedad silente albanesa a través de testimonios estremecedores que evocan un pasado reciente aún no exorcizado: de lo que no se habla, no existe. No obstante, reconoce las limitaciones de este ejercicio: “Nunca comprenderás lo que fue el comunismo albanés. En las remotas periferias de Europa se creó una Corea del Norte, un país búnker, un país fortaleza. A veces se oye decir que nuestro comunismo fue un pequeño holocausto. Al igual que no se puede contar el Holocausto, tampoco se puede contar la vida en un país que fue una cárcel. Podrás exponer hechos y contar historias, pero jamás palparás nuestro sufrimiento”.