Antonio Colinas, un poeta sencillo y necesario

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Su nuevo libro “En los prados sembrados de ojos” está lleno de poesía, música y vida

 Colinas

 

  

Texto: Enrique VILLAGRASA  Foto: Clara COLINAS 10/11/2020

El reconocido poeta Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946) nos sorprende con un nuevo y variado libro: En los prados sembrados de ojos (Siruela). Versos que son capaces de trasladarnos a lo esencial de la vida y de la escritura: un lenguaje que no engaña y ofrece claridad, que bien hace falta en estos tiempos pandémicos. Sin ir más lejos. La escritura de este poeta va y viene del amor al dolor, de Ibiza a León pasando por Italia, o del Mediterráneo, gran parte de la vida del poeta, a la zona noroccidental de León, el origen del poeta. También va y viene por sus lecturas: de Dante a Blas de Otero, pasando por Teresa de Jesús, Góngora, Azorín, Li Bai, Pound, Eliot, Shelley y Cervantes, entre otros como Pushkin, Petrarca o Sant-John Perse. El poeta es ciudadano del mundo y está en el mundo: en la existencia real. Y con su poesía nos hace más llevadera la vida: lo cotidiano: “En su rostro sereno/ ardía el marfil, ardía el mármol”. ¡Ahí es nada!

Antonio ColinasEl poemario que nos ocupa está dividido en seis partes desiguales de cantidad de poemas y temática, no de calidad y belleza. Partes que ahondan en la plenitud del ser humano imbricando todo con clara sencillez y armonía. Capítulos que se preguntan y preguntan sobre lo que se conoce y lo que se ignora, sobre la muerte y la existencia, sobre la naturaleza y sobre la realidad. Todo ordenadamente reflexionado, debidamente cavilado para lograr la plenitud del ser en el verso o en la noche mediterránea: con la salinidad, con el suave bosque: “En la oscuridad/ (en mi oscuridad),/ veo sin ver/ y encuentro/ sin buscar”.

Esplendor de voz lírica por doquier es lo que hay en esta nueva obra de Colinas y la persona lectora encontrará 160 páginas de auténtica poesía. Posiblemente el mayor poeta lírico de los últimos tiempos y lo es porque es fiel a su voz poética más profunda y a la vez más íntima, además que en su versos siempre va más allá de esa luz, que refleja y se refleja. La fuente del quehacer demiurgo está en él y con él. Un libro lleno de poesía, música y vida: “Donde se cierra la espesura/ de los castaños, los robles y el brezo/ se abren los ojos del lobo”.

El poeta tiene una larga trayectoria, desde aquellos primeros pasos como novísimo, no incluido, más o menos heterodoxo, si se quiere, hasta llegar a ser un clásico del siglo XX; pero siempre bebiendo de la tradición más ascética y mística, tal vez órfica, pues en su poesía coexisten la mística más embriagadora con los símbolos más sonoros, Italia y el romanticismo alemán, sin olvidar la mitología clásica. Además de, siempre, estar aderezada por su preocupación por la naturaleza, en un todo armónico. Diríase que es un poeta grande atento a la realidad circundante: el devenir telúrico de su silencio. Si tú, lector de poesía, quieres conocer a Colinas y su obra este es tu libro: “Y aún no sé si ibas derramando/ con tu cántaro/ agua de pozo, agua/ de paraíso o agua/ de luz/ en la luz”.

Creo que esta sesentena de poemas son una meditación emocionada, al menos eso es lo que siento como lector, sobre sus tiempos y espacios, sobre sus paisajes y paisanajes, sobre la geografía exterior y sobre la interior, la suya de poeta, esa mina inagotable que le ha hecho llegar a ser quien es. Un más que justo y necesario diálogo entre la geografía citada, además de la oriental, el arte, la filosofía y el poeta, de obligada lectura para entender que para Antonio Colinas literatura y vida solo han sido, son y serán una sola cosa: “¿O no quería oír el crujido/ de sus huesos en las llamas?”

Apuntar que el magnífico poema Solo sal ha sido incluido en la antología Mar sin fronteras. Antologia liquida di poesía spagnola contemporánea (Stilo Editrice, 2020), en edición de la profesora y poeta Paola Laskaris. Y también hay un poema que hace referencia a la pandemia que sufrimos, Un ruego en tiempos de pandemia. Además del poema que da título al libro y el gran poema existencial y último del libro: Poema de la eterna dualidad: “Por ello no pases, tiempo,/¡Detente, instante/ de oro!”.        

En este poemario, En los prados sembrados de ojos podemos encontrar todo el universo de Colinas y es a la vez una magnífica brújula para navegar por este su universo. Escrito con lenguaje certero y preciso, que me llevan a señalar que en él anida ese mensaje franciscano de Paz y Bien y siempre en contacto directo y armónico con toda la naturaleza: donde humildad es reconocer la verdad y donde también existen los lobos; pero: “allá en los jardines/ del firmamento:/ música/ de tu música”.

Finalmente, apuntar que en estos tiempos la poesía es necesaria, ella salva. Su lenguaje no nos falla. Y este es un poemario que busca la complicidad del lector fuera de las redes sociales: de esa inteligente persona lectora: “La Mujer-Buda/ cierra los ojos/ para ocultar el secreto/ de sus dos tesoros/ azules”.

 

XVI

(Frente al horizonte)

Frente a la mar de los pinos,

frente a la mar de las rocas,

frente a la mar del cielo

a mediodía,

frente a la mar más mar. La de todas las aguas:

las serenas, inquietas, borrascosas

(como son para el hombre en la mar de la vida

las aguas a diario).

¡No pases, tiempo,

que se detengan mis ojos para siempre

frente a la luz del mar,

en el instante-diamante

que nos da la verdadera libertad

gracias al milagro

de la respiración!