“La ciudad de vapor”: el último aliento de Ruiz Zafón

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Se reúnen por primera vez en un solo volumen los cuentos del escritor barcelonés fallecido el pasado verano a los 55 años. Ya es leyenda.

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Texto: Antonio ITURBE 18/11/2020

La ciudad de vapor (Planeta) supone uno de los acontecimientos que van a marcar el año literario al reunir por primera vez la narrativa breve de Carlos Ruiz Zafón, el autor en castellano más leído internacionalmente después de Cervantes. Tres de los cuentos del volumen son inéditos y el resto se habían publicado en al diario La Vanguardia, ediciones no venales o revistas. Son solo 11 relatos y saben a poco, terminas y querrías seguir leyendo más. 

Produce una inevitable tristeza de cementerio de libros olvidados pensar que ya no habrá más. Pero Ruiz Zafón tuvo, al menos, la satisfacción de haber completado su tetralogía iniciada con La sombra del viento, que se convirtió en un huracán de lectores, pese al desdén de algunos críticos que no supieron sentir el temblor de su escritura. Pese al desdén, incluso, de su propia ciudad, que le negó incluso su premio Ciudad de Barcelona cuando nadie ha hablado tanto y tan intensamente de Barcelona, dándole la vuelta y mirándola en lo profundo de su misterio. Su visión de Barcelona no es realmente producto de un plan gótico, ni rara ni inventada sino la ciudad verdadera vista por los ojos del niño que mira con la pupila llena todavía de las legañas del asombro y ve la ciudad vuelta del revés en los espejos de los charcos.

Los lectores de la tetralogía de Zafón encontrarán en estos cuentos personajes y apellidos que les resultarán muy familiares y también lugares que se darán cuenta de haber recorrido antes, como esos sueños que nos llevan a los lugares que visitamos en la vigilia. Veremos al que será escritor de folletines, David Martín, en el episodio crucial que marca su vida, un momento de infancia que lo cambia todo porque ahí empieza a sacar afuera las historias que arden en su cabeza y se hace escritor susurrándole historias a una linda muchacha de diez años al abrigo de las sombras de la iglesia de Santa María del Mar. Visitaremos la fábrica de libros con su fachada donde las gárgolas expanden un aliento amargo de tinta, cruzaremos las calles sombrías del barrio de la Rivera: “los cruces entre los antiguos palacios en ruinas y edificios que crecían unos sobre otros como rocas en un acantilado de ventanas y torres”, las ciudades sin nombre que el fotógrafo de difuntos recorre con esa hija suya que se mimetiza en los recuerdos de los desesperados.

Nos sumergimos en estas páginas, nuevamente, en esa Barcelona zafoniana que “se asemejaba por entonces a un acantilado de basílicas y palacios entrelazados en un laberinto de callejones y túneles atrapados bajo una bruma perpetua”. Intimaremos con Cervantes en su visita a la ciudad e Incluso visitaremos un Nueva York inquietante del brazo de Antoni Gaudí y sabremos que pudo haber llegado a construir el más extraordinario rascacielos de Manhattan, pero no era un hombre al que se pudiera tentar fácilmente. En el cuento Hombres de gris veremos cómo bajo una aparente grisura de contables hay quienes esconden una pistola cargada y otros tratan de ocultar la negrura del alma de abogados que guiñan el ojo a personajes de Charles Dickens.

zafón portadaLa ciudad de vapor es un paseo por ese mundo de tinieblas e iluminaciones de Ruiz Zafón que consiguió construir una voz propia e inconfundible entre el desgarro del folletín y la literatura hipnótica. Sus lectores de siempre disfrutarán del retorno al interior de un túnel de la memoria y de los guiños que se multiplican en las páginas. Para los que no hayan leído la tetralogía de El cementerio de los libros olvidados o sus primeras novelas de aire más juvenil pero igualmente neblinosas, esta será una antesala para adentrarse en sus novelas laberínticas y apasionadas donde todo es intenso y a la vez fugaz como en los sueños de la fiebre donde el mundo se desgaja y nos muestra su secreto.

Finaliza el volumen con un texto muy breve titulado Apocalipsis en dos minutos que tiene algo de premonitorio. Arranca diciendo “El día que se acabó el mundo me pilló en el cruce de la Quinta con la Cincuenta y siete”. Su mundo terminó en Estados Unidos, a miles de kilómetros, donde falleció en Los Ángeles, la ciudad donde se fabrican los sueños. Se fue a América persiguiendo sus propias fantasías porque quería ser guionista de Hollywood. Ruiz Zafón escribía y soñaba. La ciudad de vapor nos devuelve su aliento.