Conciencia artificial: ¿cuáles son los límites de la humanidad?

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M.G. Wheaton se estrena en la literatura por la puerta grande con la novela de ciencia ficción "Emily Eterna" 

 Wheaton

 

Texto: Sara SEGOVIA (@morgana_majere)  Foto: Morna Ciraki 19/11/2020

 

Te contempla desde la solapa de un libro, pero su mirada esquiva muestra altivez, o quizá desprecio. Y ¿quién lo sabe? No tú, que en seguida abandonas la curiosidad que te ha generado, opacada por el sol ardiente que lo inunda todo. Porque se muere. Lo sabes. Se está muriendo. Y con su muerte nos sentencia a todos a una caída ya anunciada de la que nadie nos salvará. O tal vez sí. ¿Quién lo sabe?

PortadaEmilyCon Octavi Segarra de nuevo a los pinceles (el artífice de la portada), Raúl García Campos como traduttore (que no traditore) y Antonio Torrubia como Última Parada del Tren de las Galeradas (que no patrón de galeras), Runas se luce de nuevo con la edición de Emily eterna, la novela de ciencia ficción con la que debuta M.G. Wheaton en el mundo de las letras.

Conozcamos a Emily. Emily es una conciencia artificial (CA), «algo que no tiene nada que ver con la inteligencia artificial», y llevaba cinco años formando parte de un experimento en el prestigioso MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) cuando el sol comienza a morir. Un evento que se predijo en 1906 y que nada tendría de terrorífico, salvo por un pequeño detalle: los científicos postulaban que ese fenómeno  se produciría dentro de cinco mil millones de años y no en cuestión de meses.

«Así que muchas gracias, sol».

Emily, creada y construida para empatizar con la humanidad, para solucionar los problemas de su mente a través de una compleja interfaz que decodifica la psique humana y permite interactuar en tiempo y espacio reales con la CA, pierde su objetivo vital de revolucionar la psicología gracias al «protocolo terapéutico de la conciencia artificial del iLAB» y se descubre como compañera última del ser humano en su camino hacia la extinción.

Y ese camino es tortuoso. Lo que comenzará como una potente novela de ciencia ficción que lo apuesta todo a la casilla ganadora de la CA protagonista en primera persona, pronto se convertirá en un «thriller tecnológico», en palabras del Daily Mail, donde Emily, Jason —el estudiante del que se ha enamorado— y Mayra, sheriff del condado y viuda, deberán enfrentarse a una carrera contrarreloj por la salvación de sus vidas y de las de toda la humanidad. En efecto, será Emily, con la potencia de sus procesadores detrás y con su intuición suprahumana, quien descubrirá una alteración genética desconocida hasta entonces que podría suponer la esperanza que todo el mundo había dado por perdida. Pero si quieren que esa semilla germine, deberán sobrevivir a las intrigas, las traiciones y a una persecución implacable por parte de quienes menos cabría imaginar.

La novela ahonda en la gran pregunta que revolotea los avances en robótica y cibernética: «¿cuáles son los límites de la humanidad?» y Emily es la respuesta. Una respuesta que, como raza y como civilización, no nos deja en demasiado buen lugar. Es, en cualquier caso, una protagonista potente y atractiva, cercana y con quien es fácil empatizar, y en la escena está acompañada por unos secundarios interesantes por sí mismos y por sus aportaciones a la historia. Mención especial merece Mayra, que aparece como una nota al margen fugaz, pero que, con su personalidad arrolladora, cobra un protagonismo cada vez mayor y se transforma en una pieza clave de la trama y de la obra.

Trabajador en una fábrica de ensamblaje de ordenadores, M. G. Wheaton se estrena en la literatura con un bagaje laboral que le permite entrar por la puerta grande. Periodista, escritor de cómics, videojuegos y guiones cinematográficos, ha trabajado para compañías como HBO, Sony, Universal, Disney Channel o Miramax, entre otras, y eso se nota. Se mueve en el género como pez en el agua y nos plantea una historia visual que cautivará a los amantes del género tanto en su versión soft como en la más hard.

Emily eterna os espera en las mejores librerías. Apresuraos a leerla… mientras el sol nos deje.