Dalí y Picasso, entre bastidores

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texto ANTONIO ITURBE

 

“Escribir de Dalí y Picasso es hacerlo de dos Mihuras, dos egos tremendos” (Víctor Fernández).

El periodista cultural Víctor Fernández desmonta en Picasso y yo (Elba) algunos tópicos sobre la relación entre el autor del Guernica y Salvador Dalí. Se acostumbraba a creer que su relación fue fría y que se rompió definitivamente por sus divergencias ideológicas a partir de la Guerra Civil. Fernández nos explica que “no llegaron a tener una amistad íntima, pero sí una relación cordial. Picasso incluso ayudó económicamente a Dalí”. Para apuntalar la creencia, siempre controvertida, de que fue Picasso quien pagó los billetes de barco a Dalí para viajar a Estados Unidos, Víctor Fernández muestra una carta del ampurdanés dirigida al malagueño, redactada en papel de la compañía Transatlantique French Line el 8 de noviembre de 1934, justo antes de zarpar, donde le informa de que está en el barco y le expresa su “sincero agradecimiento”.

La relación entre ambos artistas era un tanto asimétrica. Picasso, ya mayor y consagrado en los primeros años, es visto por Dalí como un padre creativo. De hecho, hay en Dalí una obsesión hacia él: toma el estudio que tuvo Picasso en Cadaqués, va a comprar la pintura a la misma tienda de la calle de la Palla barcelonesa en que lo hacía él y le escribe a lo largo de los años una numerosa correspondencia que parece haber quedado sin respuesta. No se conserva el mismo volumen de respuestas pero, además del desorden con que Dalí archivaba sus papeles, el trabajo de Víctor Fernández permite observar que muchas de las postales y notas que mandaba Dalí eran más chispazos y provocaciones ingeniosas que el establecimiento de una correspondencia ordenada. En una postal le mandó una imagen de una folclórica o, sin más, la frase: “Al juliol, ni dona ni cargol” (“En julio, ni mujer ni caracol”).

Víctor Fernández ha encontrado una única postal firmada por Picasso y dirigida a Dalí, y se trató de una postal colectiva, pero su indagación le ha llevado a constatar la afinidad entre ambos, además de comprobar por las respuestas de Dalí que hay cartas o mensajes de Picasso que se han perdido. Cuando Picasso fue preguntado por los pintores de la siguiente generación, respondió que Dalí era el más destacado de todos ellos. Incluso la separación ideológica hizo que perviviera esa simpatía. Al fin y al cabo, señala Víctor Fernández, “es cierto que, a partir de 1948, Dalí es el pintor de cámara del franquismo. Pero también es cierto que era un franquista muy peculiar, que ilustraba los poemas de Mao, contribuía a la campaña de Kennedy o ayudaba económicamente a Josep Tarradellas en el exilio en los años 1950”.

Dalí dictó una célebre conferencia sobre el pintor malagueño titulada Picasso y yo, que ha dado nombre al libro, en la que decía: “Picasso es español; yo también. Picasso es un genio; yo, también. Picasso es conocido mundialmente; yo, también. Picasso es comunista; yo, tampoco”. Al parecer, Picasso recibió con una sonrisa esa conferencia. El epílogo a su relación fue menos amable. La viuda de Picasso, Jacqueline, no tenía en la misma estima a Dalí o no entendió la sutileza de esa diferencia formal que no había roto nunca un hilo de complicidad. Cuando llegó la corona de flores de Dalí, la tiró por la ventana.