Periodismo cultural a debate

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Texto ANTONIO ITURBE

Se ha clausurado en Santander el primer Congreso de Periodismo Cultural. Durante dos intensas jornadas, medio centenar de periodistas de prensa, radio, televisión y medios digitales llegados desde las más diversas trincheras de la comunicación han tomado al asalto el Palacio de la Magdalena para debatir sobre el presente y el futuro de su especialidad.

Basilio Baltasar, el director de la Fundación Santillama, que organizaba el congreso, arrancó las jornadas con la petición pública al gobierno de la “excepción cultural” para proteger a las industrias culturales que, en el caso de la música y el cine, están pagando el IVA máximo como cualquier producto de lujo.

Enseguida se vio que había periodistas que veían la botella media llena y otros, medio vacía. Y algunos debates, como el de si es lícito que critique un libro o una película alguien que tenga alguna relación de amistad con el creador, hicieron subir la temperatura. No hubo ahí consenso. La responsable de Babelia,Berna González Harbour, abogó por no encargar piezas de crítica a amigos del escritor. Pero, con su amable perspicacia, Antón Castro le hizo notar que en la información sobre la última novela de Pérez-Reverte la pieza crítica la hacía Darío Villanueva, que incluso aparece como personaje en el propio libro. El responsable de cultura de El País,Juan Cruz, afirmó que fue a él a quien se le ocurrió que, tratándose de un libro sobre la Real Academia, un director de la RAE sería la persona idónea para comentarlo. El debate fue teniendo diferentes rebrotes y se puso de manifiesto que hay dos corrientes: los que creen que de ninguna manera alguien con amistad con el creador ha de ser la persona que valore la obra y los que consideran que, dado que en el pequeño mundo de la cultura a menudo el máximo experto en la obra de un creador ha terminado estableciendo una relación amistosa con él, sería injusto privar al público del punto de vista del mejor informado.

Hubo hallazgos, como las responsables de la radio digital independiente El Extrarradio (ganadora del premio Ondas en 2013), que inyectaron un chute de frescura, pasión por su trabajo e incluso optimismo. Y alguna decepción, como la del director de Radio 3, Tomás Fernando Flores, que siendo el representante de una radio magnífica y diciendo cosas con bastante sentido sobre la necesidad de atender al salto generacional con nuevos referentes y formatos, exhibió una arrogancia que hizo su discurso indigesto: según su análisis, todo el dial de radios del país son un desastre y “en medio de ese marasmo está Radio 3”, como excepción y faro de todas las virtudes. Aceptó con reticencia la comparación de su emisora que al parecer alguien había hecho con la BBC, que, naturalmente, tampoco acababa de ver a su altura.

En estos dos días se ha hablado de la necesidad del periodismo lento para la información cultural, con la excepción de la agencia EFE, representada por su redactora jefe de cultura, Concha Barrigós, que, dada su condición de servicio de noticias exprés, apuntó la necesidad de hacer un periodismo de cocción rápida sin dejar de ser lo más cuidado posible. Hubo momentos para el periodismo televisivo, el tratamiento de la pluralidad lingüística española o los medios online.

Óscar López, de Página 2, reclamó a la Administración que se apriete a las televisiones privadas para que dediquen alguna atención a la información cultural, y Borja Casani, de la publicación digital El Estado Mental, visualizó el papel del periodista cultural a través de la metáfora de Josep Maria Esquirol:hay que llegar a la profundidad a través de las grietas de la superficie.

Librújula tuvo su intervención en la mesa de revistas culturales, junto a Granta, La maleta de Port Bou, Claves de la Razón Práctica y Letras Libres, con la intervención añadida desde la platea del histórico director de Ajoblanco,Pepe Ribas, que cree que es el momento para las revistas culturales, pero con la credibilidad de salir adelante sin el apoyo de la publicidad. El congreso, tras diez mesas y dieciséis horas de debate, vio cómo las preguntas iniciales, en lugar de responderse, se habían multiplicado. Lo cual siempre es saludable.

Antonio Lucas, de la redacción de cultura de El Mundo (y poeta premiado) expresó con agudeza el quid de la cuestión: “Aquí nadie viene a cambiar el mundo, pero sí intentamos combatir la indiferencia”.