Mendoza celebra los 40 años de ‘La verdad sobre el caso Savolta’

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texto y foto ANTONIO ITURBE

Esta aguda novela, que muestra una Barcelona de bajos fondos con una compleja trama entre gansteril y surrealista, ha quedado para el canon de la literatura española del siglo XX, pero tuvo que pasar en 1973 la preceptiva censura de la etapa franquista. El censor de turno, además de expresar su desinterés por ella, hizo cambiar el título con el que se iba a publicar, Los soldados de Cataluña, que debió parecerle que podía ocultar alguna intención política. Durante la presentación de esta nueva edición, el editor de la novela en aquel momento en Seix Barral, Pere Gimferrer, y el propio Mendoza han recordado aquellos avatares.

El título, en realidad, no tenía nada de sedicioso, no era más que un fragmento de una coplilla popular (“Quisiera ser tal alta como la Luna, como la Luna… para ver los soldados de Cataluña”), sobre la que el propio Mendoza afirma no acabar de entender cuál es su significado último. Pero hubo que cambiarlo. Gimferrer ha señalado que, ante la “sugerencia” del censor, “barajamos diversos títulos. Uno de los que surgió fue “Puños y besos”. Mendoza, que no lo recordaba (“nunca he tenido la prodigiosa memoria de Pere Gimferrer”) ha añadido, con su sentido del humor característico, que “tal vez podría ponerse ese título en la edición conmemorativa de dentro de diez años”.

El escritor reconoce que el éxito de la novela lo dejó absolutamente sorprendido. Recuerda su primer Sant Jordi, sentado en una silla de tijera en medio de la Diagonal con cinco libros, pasando la mañana atendiendo a algún fugaz lector y tomado unas olivas con una cervecita. Cuenta que le tiene a La verdad sobre el caso Savolta un especial cariño, porque fue su primera novela y le cambió la vida, pero también añade con una sonrisa que ha tenido que cargar con el latiguillo de que cada vez que ha publicado una novela alguien le decía: “Bueno, vale, pero la buena es el Caso Savolta”. Esta edición aparece sin enmiendas: “No he corregido nada, básicamente por vago”, pero la edición se acompaña de los dos informes de censura que pasó en 1973 y 1975. En el informe de 1973, además de pedir el cambio de título, en los comentarios se califica el libro como de “novelón estúpido y confuso”. Mientras que en el informe de censura de 1975, con Franco ya a punto de mudarse al Valle de los Caídos, se le da luz verde con un comentario crítico elogioso donde se señala que “a la trama detectivesca, basada en una rica descripción de los personajes, se suma una buena dosis de humor e ironía, con lo que llega a rozar los límites de la tragicomedia clásica”. Aquel censor fue el primer lector mendociano. Lo demás, ya es historia.